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La Fragilidad del Olvido

El jardín empezaba a ser su lugar favorito ya que Gogo ya tenia más tiempo y podían salir juntos, estaba tranquilo con las mariposas revoloteando bajo el suave sol. Yami, sentado en el césped, tenía una expresión relajada mientras seguía con la vista a las mariposas. Gogo estaba de pie cerca de él, aparentemente observándolo con una sonrisa, pero sus ojos no estaban en las mariposas, sino en Yami. Ese brillo en los ojos de su "pareja" lo irritaba, pero sabía que debía mantener la calma.

Yami con voz baja, casi murmurando, mientras observa una mariposa posarse cerca.

—Son... tan frágiles. Pero se ven tan libres, ¿no crees?

Gogo entrecierra los ojos un momento. Esa palabra —"libres"— le retumba en la cabeza. Él había trabajado tanto para que Yami estuviera ahí, para que todo fuera perfecto, para que no existiera nada más en su mundo que él. Las mariposas no tenían lugar en ese equilibrio. Aun así, su expresión no cambió.

Gogo con voz suave, pero con un trasfondo casi frío.

—¿Libres? Qué curioso que lo pienses. No creo que realmente sepan lo que es la libertad. Solo hacen lo que su instinto les dicta. Como tú y yo.

Yami ladea la cabeza, confundido por las palabras, pero no lo cuestiona. Aunque tímido, empieza a hablar con más confianza. Le gusta estar con Gogo; hay algo en su presencia que lo tranquiliza, aunque a veces le resulte difícil comprenderlo completamente.

Yami desviando la mirada hacia Gogo, sonriendo apenas.
—Me gusta estar contigo. Creo que... siempre ha sido así, ¿verdad?

Gogo se agacha frente a él, acercándose lo suficiente para que Yami no pueda evitar mirarlo directamente. Esa sonrisa que tanto conocía estaba allí, pero había algo más en los ojos de Gogo, algo que no lograba identificar. Sin embargo, para Yami, que no recordaba nada de su pasado, no había motivos para desconfiar.

Gogo tomando una de las manos de Yami con gentileza, pero con una firmeza.

—Siempre. Nunca ha sido de otra manera, Yami.

Yami asiente, como si estuviera aceptando esas palabras sin cuestionarlas. Pero su mirada vuelve a desviarse hacia las mariposas, que aún danzan en el aire, ajenas a cualquier problema humano. Gogo observa ese gesto, y por dentro, siente una punzada de celos y frustración. Ese desvío de atención es intolerable, pero él sabe jugar bien sus cartas.

Gogo cambiando de tono, más frío, pero manteniendo una sonrisa.

—¿Por qué siempre estás tan distraído, Yami? Pareces estar en otro mundo últimamente.

Yami volvio a mirarlo, algo avergonzado.

—Lo siento... No quería ignorarte, es que... me gusta verlas. Me hacen sentir... no sé, tranquilo.

Gogo aprieta ligeramente la mano de Yami, lo suficiente para que este lo note, pero no tanto como para que se sienta incómodo. Luego suelta una risa baja, casi desaprobadora.
—Tranquilo... Es curioso cómo encuentras tranquilidad en cosas tan insignificantes. Pero está bien. Si te hacen feliz...

El silencio que sigue es inquietante. Yami siente una ligera incomodidad, pero no sabe por qué. Aun así, sonríe débilmente y vuelve a mirar las mariposas. Gogo se levanta, da unos pasos hacia las flores y observa cómo las mariposas revolotean alrededor. Hay algo en su mirada que no es normal, pero Yami no lo ve.

Gogo espaldas a Yami, hablando más para sí mismo que para él
—La felicidad puede ser peligrosa cuando no está en el lugar correcto... Pero supongo que eso no importa mientras estés conmigo, ¿verdad, Yami?

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⏰ Última actualización: Jan 04, 2025 ⏰

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