El tiempo avanzó su rumbo fijo, expirando un plazo de cuatro días después del baile. Con cada momento que transcurría, los recuerdos se acumulaban en su mente, llegando a lo más profundo de su corazón —aunque le era un poco difícil admitirlo—. Sin embargo, la preocupación y angustia seguían muy presentes en él, pues su estadía allí estaba por acabarse.
¡En cualquier momento podrían llegar!
A causa de esa advertencia constante en su mente, su estado de ánimo solía verse afectado, siendo así que la tristeza y negatividad que irradiaba era notoria incluso desde kilómetros.
—Cada vez te veo peor —le dijo Dan, quien se sentaba a su lado.
Como solían hacerlo siempre, ambos se encontraban bajo la sombra de un árbol, platicando y disfrutando la brisa que corría por las tardes.
—¿Que pasa? —preguntó el castaño, quien tenía la vista sobre sí— ¿Estás bien?
¿Estar bien?
Él estaba lejos de estar bien.
La ansiedad solía llegar en momentos inoportunos, rodeando cada rincón de su cuerpo y haciéndolo experimentar ese sentimiento tan abrumador, agotador y estúpidamente doloroso. Cada que eso sucedía —que era muy constante—, las ganas de derrumbarse llegaban a su corazón, siendo evitadas por su mente.
No podía derrumbarse, no lo tenía permitido.
Miró a Dan de reojo, quien seguía con aquella expresión preocupada en su rostro. Los orbes avellanas estaban atentos a cada movimiento suyo, buscando algún indicio que le permitiera ayudarlo.
¿Estaría bien confiar en él?
¿Dan seguiría a su lado aún si lo viera actuar de una manera vulnerable?
¿Seguiría tratandolo de la misma forma?
Las incógnitas aparecían una detrás de otra, alimentando la ansiedad que empezaba a esparcirse por su cuerpo.
Su vista se encontraba perdida en el horizonte, sintiéndose incapaz de responder o verlo directamente. A pesar de eso, el silencio que los rodeaba era extrañamente acogedor, pues Dan parecía entender el porque lo evitaba.
—No sé que es lo que sientes, probablemente no lo comprenda si me lo cuentas —murmuró su contrario, utilizando un tono de voz suave y tranquilizante—. Pero si puedo hacer algo por ayudarte —una breve pausa lo hizo voltear ligeramente, sintiendo como la mano contraria era depositada en su hombro—. Entonces no dudes en contar conmigo.
Una sutil sonrisa apareció en sus labios, sintiendo como su preocupación se iba ligeramente. No obstante, los pensamientos sobre su partida volvieron a inundarlo, provocando que nuevamente desviará la vista.
Repentinamente todo se había vuelto opaco, pareciendo deprimente ante sus ojos. La brisa había dejado de ser agradable, la sensación del pasto ya no le gustaba, la sombra del árbol ya no lo cubría. Nada tenía sentido.
Claro, deseaba volver a su lugar de origen y contarle a sus padres sobre todo lo que vivió en ese tiempo. Sin embargo, sabía perfectamente que al volver a los Angeles, aquel sentimiento de utilidad y orgullo hacia él se desvanecería, convirtiéndose en uno más del montón.
Y él no quería eso.
Quería ser útil ante la vista de la gente, destacar y, sobretodo, sentirse bien consigo mismo. Sentir que valía la pena, que su vida no solamente consistía en beber, ir a fiestas o provocar desastres. Quería creer que él podía lograr cosas maravillosas, que podría llegar a metas extraordinarias.
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Bajo el cielo de Texas
FanfictionFiestas, alcohol, desastre. Tres palabras que creaban la perfecta descripción del porque había acabado en un lugar como ese. Tras una buena vida de despreocupación dónde no le importaba nada más que a sí mismo, su padre, el dueño de una de las mej...
