Veintitresavo capítulo (Caín)

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Veintitresavo capítulo

Cuando estuvimos todos posicionados como yo había planeado hacía apenas media hora, piqué al timbre de la casa en la que supuestamente estaba Lexa.

Asher y Aaron estaban conmigo; cada uno a un lado.

Lentamente, la puerta se fue abriendo. Noté como todos los músculos de mi cuerpo se tensaban, cómo la rabia corría por mis venas más rápido incluso que mi propia sangre. Apreté el puño con todas mis fuerzas, sintiendo cómo se clavaba en mi mano el metal del puño americano que llevaba puesto.

-El primero para mí.- Dije. Pude ver de reojo cómo Asher se reía. Cuando la puerta estuvo abierta, apareció delante nuestro un hombre alto, calvo y fuerte. Y lo reconocí. Era uno de los tipos de la noche anterior.

Él me reconoció igual de rápido, e intentó pegarme un puñetazo; pero yo lo esquivé, y, con todas las fuerzas que tenía en ese momento, le propiné un gancho de derecha con el puño americano que hizo que instantáneamente cayera de espaldas contra el suelo, completamente dormido.

Los tres entramos a la casa, y aparecieron de la nada cinco tipos más. Debían de tener todos la edad de Asher, o unos años más.

Nada más aparecieron esos cinco hombres, escuché un fuerte estruendo de cristales rompiéndose en mil cachos, y Blake y Caleb aparecieron por la puerta de la cocina.

Dos de los hombres se acercaron a mí muy furiosos. Con la mano derecha, le propiné un croché a uno de ellos que hizo que se tambaleara. Esquivé un directo que me estaba lanzando el otro y, con la mano izquierda, cogí una lámpara que estaba encima de una mesita ubicada justo a mi lado, y se la estampé en la cabeza. Miré a Asher y a Aaron, para ver si necesitaban mi ayuda; pero los dos se las estaban apañando perfectamente sin mí. El hombre al que había hecho tambalearse se acercó a mí de nuevo, mientras sacaba una navaja de su bolsillo y me miraba con malicia. Yo le sonreí, y negué con la cabeza.

-¿Nos superáis en número y sacas una navaja?- Dije, y sin dejarle responder, le di una patada en el brazo que hizo que la navaja volara varios metros, y, acto seguido, le pegué una patada giratoria que impactó contra su mandíbula, haciendo así que cayera sobre sus propios pies; igual de dormido que el que nos había abierto la puerta. En ese momento, salieron diez tipos más de una habitación.

-¡No me jodas!- Dijo Aaron cuando después de noquear al último que quedaba en pie; observando a los diez hombres que estaban entrando en el salón.

Justo en ese momento, aparecieron nuestros amigos por la puerta de la cocina. La primera parte de mi plan había funcionado; todos estábamos dentro de la casa. Ahora faltaba encontrar a Lexa y sacarla de allí.

John entró a saco en la pelea. Agarró con fuerza el bate de béisbol entre sus manos, y golpeó a uno de los hombres en la cabeza, y, acto seguido, hizo lo mismo con otro. Alejé de mí a uno de los hombres con una patada frontal en su pecho, me acerqué a él y le pegué un directo con la izquierda, para después propinarle un croché cerca de la sien con el puño americano que vestía mi mano derecha. De repente, alguien se abalanzó sobre mí por la espalda, haciéndome caer al suelo. Rápidamente, giré sobre mí mismo para ponerme boca arriba. El hombre que me había tirado al suelo intentó pegarme un puñetazo, pero lo esquivé y su puño impactó contra el suelo. En ese momento, alguien le golpeó en la cabeza con un bate de béisbol, y el hombre cayó rendido justo a mi lado. Miré hacia arriba, y vi a Blake, que estaba extendiendo su mano para ayudarme a levantarme del suelo. Me agarré a su brazo, y me levanté.

-Gracias.- Le dije, y él asintió con la cabeza. En ese instante, vi que uno de los hombres estaba a punto de apalear en la cabeza con una vara de madera. Con la máxima velocidad que pude, lo aparté, y la vara de madera impactó en mis costillas. Sentí un dolor punzante en el costado, pero no me costó ignorarlo. Sentía que estaba cerca de encontrar a mi chica, y nada me iba a apartar de esa misión. En aquel momento, la rabia se había apoderado de todo mi ser; y era mi inmenso cabreo lo que estaba moviendo mi cuerpo. Estaba completamente fuera de mí. Podían abrirme la cabeza a palazos si querían, pero yo no dejaría de buscarla. Justo cuando la vara impactó en mis costillas, le propiné al hombre un puñetazo de volea que impactó justo en su sien, y, cuando se tambaleó, Caleb, que se había percatado de nuestra situación, aprovechó y golpeó la cabeza del hombre con su bate de béisbol, haciendo así que cayera rendido al suelo, al igual que los demás. Ya sólo quedaba uno, que estaba forcejeando con Liam. Me acerqué a ellos, cogí al hombre por el hombro y lo obligué a girarse hacia mí. Cuando estuvimos cara a cara, lo agarré con fuerza por el cuello y lo estampé contra la pared más cercana a nosotros.

-¡Cómo volváis a acercaros a ella no vendré con bates de béisbol! ¡Os buscaré a todos uno por uno y os mataré! ¡No me importa ir a la puta cárcel!- Le grité, todavía agarrándolo por el cuello.

-No es más que una puta.- Dijo el hombre con la voz medio entrecortada. Nada más salieron de su boca esas palabras, le di un cabezazo.

-Encárgate de esta basura, Ash.- Dije, dirigiéndome a Asher, que asintió con la cabeza y sonrió con malicia. Ya se habían acabado sus tiempos de meterse en peleas; pero nunca le disgustaba meterse en alguna que otra. -Los demás, buscar a Lexa por todas las putas habitaciones.- Finalicé. Todos se pusieron a buscarla. La casa era grande, pero solo era de una planta, así que no nos llevaría mucho rato.

Me dirigí al pasillo que llevaba a las habitaciones de la casa, pero, mientras caminaba, algo dentro de mí me dijo que no estaba allí.

-El parking.- Dije para mí mismo.

-¿Qué?- Preguntó Blake, que se encontraba justo detrás mío. En ese momento, escuché el rugido de una moto.

-¡El puto parking, joder!- Grité mientras salía corriendo a toda prisa.

-¡Mierda!- Gritó Blake, mientras corría detrás de mí.

Cuando llegamos al parking, que se encontraba en la parte trasera de la casa, la vi.

Estaba sentada en una moto, con las manos atadas y un trozo de cinta adhesiva que le tapaba la boca, y, aún así, estaba preciosa. Sentado delante de ella, estaba uno de los últimos diez hombres que habían salido de aquella habitación para agredirnos. Se había marchado mientras peleábamos con los otros, y no nos habíamos dado cuenta.

-¡Lexa!- Grité su nombre nada más la vi. Cuando escuchó mi voz, saltó de la moto, justo antes de que el tipo la pusiera en marcha y saliera de allí a máxima velocidad. Blake y yo corrimos hacia Lexa, que estaba tirada en el suelo. Me agaché, y, lentamente y con cuidado, retiré la cinta adhesiva que tapaba su boca.

-Sabía que me encontrarías.- Susurró, con la voz entrecortada. Verla así me partía el alma. Era una sensación que nunca había sentido.

-¿Te han hecho algo?- Le pregunté, mientras desataba sus manos.

-No, me han dejado aquí desde que hemos llegado. ¿Qué es lo que quieren de ti?- Preguntó.

-Te lo explicaré en otro momento, tenemos que salir de aquí antes de que ese hombre vuelva con refuerzos.- Dije, mientras me levantaba del suelo y la ayudaba a ella a ponerse en pie. Ella asintió con la cabeza. Cuando estuvimos los dos de pie, sujeté su rostro entre mis manos y le di un suave beso en la frente. Después, la atraje hacia mi pecho, y la rodee con mis brazos con fuerza, pero con delicadeza al mismo tiempo. Ella se apretó contra mi cuerpo, y abrazó mi cintura con fuerza. Una sensación de calma me invadió. Eso era todo lo que necesitaba. Todo lo que había necesitado durante toda mi vida, sin saberlo. Tenerla entre mis brazos.

-Tenemos que irnos.- La voz de Blake me sacó de aquella burbuja en la que llevaba unos segundos.

-Blake..- Dijo Lexa. Se separó de mí y se acercó a su amigo. Los dos se abrazaron con fuerza, y, para mi sorpresa, no sentí celos. Sabía que ella me quería a mí, estaba seguro de eso. Y también sabía que Blake había estado para ella cuando yo no estaba, y que, por eso, era su mejor amigo. Tenía suerte de tener un amigo como él.

-Vamos.- Dije, y los tres caminamos hacia dentro de la casa, donde se encontraban los demás.

Cuando llegamos, vi a Aaron quitándole del cuello una cadena de oro a uno de los tipos que permanecían dormidos en el salón. No pude evitar reírme.

-¿Qué? Ya que estamos, me llevo algo.- Dijo Aaron mientras los dos reíamos, ya que se había percatado de que yo lo observaba. En ese instante, se dio cuenta de que Lexa estaba allí. -¡Sabía que estabas viva!- Gritó bromeando, mientras se acercaba a Lexa para darle un leve abrazo, que ella le devolvió mientras reía a causa de la broma que acababa de hacerle.

En ese instante, todos se dieron cuenta de que Lexa estaba allí.

-¡Lexa! No sabes la alegría que se va a llevar Nora cuando te vea.- Dijo Liam.

-¿Y tú no?- Respondió ella, mientras reía. Esa chica era increíble. Daba igual lo que pasara; ella siempre tenía una sonrisa preparada para los demás. Una sonrisa tan bonita que hacía que el mundo se viera mejor.

-Tenemos que irnos, no estamos de puto paseo, joder.- Dije, a sabiendas de que en cualquier momento podían aparecer veinte, treinta, o incluso cincuenta hombres más.

Nadie respondió, pero todos comenzaron a caminar hacia el exterior de la casa.

𝐀𝐍𝐓𝐄𝐒 𝐃𝐄 𝐂𝐎𝐍𝐎𝐂𝐄𝐑𝐓𝐄Donde viven las historias. Descúbrelo ahora