Louis, es un niño de una tribu ancestral, y parte en un largo viaje junto a su padre para elegir a su futuro esposo.
El seleccionado es Harry, un bonito chico de una tribu pacífica, que logra impresionar al chiquillo de ojos azules.
Entonces, Louis...
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El niño observaba como el suave pelo de su padre, brillaba en una leve cascada, bajo las luces de un sol naciente, meciéndose con el viento del Oeste.
Su padre cortaba los últimos trozos de la carne, de la presa qué había cazado el día anterior.
Louis había obtenido un gran jabalí.
Artie se ánimo a preguntar lo que andaba rondando su mente, al ver la melena de Louis.
—¿Papá, por qué no trenzas tu cabello? —Preguntó con curiosidad.
Sabía que él aún no podía trenzar su cabello, porque era muy pequeño, pero una vez ganará alguna batalla debía empezar a trenzarse.
Como era la costumbre que le había enseñado su madre, quien a su lado, llevaba dos trenzas en su largo cabello que ya llegaba más allá de los hombros. Artie tenía los mismos rizos, y el pelo castaño del Omega, pero s parecía más a su padre. Aurora por otro lado tenía los mismos ojos de su madre y también el pelo moreno y rizado.
—Todos los mongoles deben trenzar su cabello. —Señaló.
—Yo no. —Contestó su padre.
No podía hacerlo.
Pues si bien Louis había ganado un par de batallas, también había perdido muchas otras, las más importantes de su vida. No se sentía con ese derecho, tenía que empezar de nuevo y ganar todas sus batallas.
Cuando terminó de trozar, repartió la comida a partes iguales.
—Carne. —Dijo a la pequeña Aurora, que hizo una mueca al recibir su porción.
Harry los había acostumbrado a comer verduras y legumbres. Tomó con disciplina la pieza que le entregaba Louis, pero no hizo ademan de comerla.
—¿No te gusta? —Preguntó Louis. La niña no contestó, avergonzada. Se dirigió a su omega, confundido. —¿No le gusta?
Harry titubeó antes de responder.
—No solíamos comer mucha carne, en realidad. —Contestó simple.
El omega se había acostumbrado a darles verduras y frutas frescas, para que crecieran saludables. Ya había terminado de cortar lo que tenía y lo alcanzó hasta su hija.
Pero Aurora, se mantuvo firme y probó tentativamente la carne asada, combinada con la verdura. Sabía rico.
Le dio un asentimiento a Louis, que esperaba su veredicto.
Aun temía al hombre, pero era amable y atento con ellos. Ella de verdad había creído que Koyac era su padre. Pues el hombre solía visitarlos a su casa, les llevaba regalos y era cercano a su madre, bueno en especial más a su tío, Zee.
También extrañaba mucho a sus primos, Lyn y Temuyin, quiénes se habían ido con su verdadero padre.
—¿Y que te pareció? —Louis intentaba acercarse a su hija.