Cuando desperté Helen ya no estaba en la cama, miré a mi alrededor y lo único que había era la luz insoportable del amanecer. La casa tenía un solo ambiente integrado y un cuarto de baño así que no era muy difícil que ella se pierda, me levanté y mientras buscaba mis calzones percibí aroma cítrico y dulce, y también café, el desayuno en la mesa de la cocina: huevos revueltos, pan tostado, fruta y tomates, jugo de naranja y café. Helen se había defendido en estos meses, robando, pero siendo independiente.
Cuando me acerqué a la ventana que daba hacia el fondo del terreno la encontré ahí, de rodillas en el suelo a un costado de la huerta, cavando el suelo y juntando hierba. Traía ese pijama infernal que no dejaba nada oculto a la vista, el cabello recogido en lo alto y estaba toda sucia con tierra. Tomé una taza y me serví café, lo necesitaba, no había dormido nada y debía conducir por muchas horas. Salí por la puerta trasera y me acerqué a ella, nunca se percató de mi presencia. Mis amigos creo que aún dormían porque no se los veía.
—¿Qué estás haciendo? —consulté y ella pegó un salto del susto.
—Casi me da algo, no te oí —se quejó y se puso de pie, se cubría los ojos con la mano para verme ya que el sol estaba a mi espalda—. Buscaba hierbas para una infusión —levantó lo que tenía en la mano y me las mostró.
—¿Cómo es posible que tengas una huerta aquí? —inquirí.
—Es que... —parecía pensar—, en estos campos hay muchas tuberías viejas de fertilizante, justo por aquí pasa una grande y a veces tienen filtraciones, no es de ahora, siempre hay fugas... —dió demasiada información muy rápido, evitó mi mirada y la fijó a mi costado, mentía, pero me reconfortaba saber que era muy mala mintiendo.
—Qué conveniente que sea justo en tu patio trasero...
No contestó y me esquivó para entrar a la casa, la seguí y observé mientras las lavaba y luego ponía en una pequeña olla. Yo bebía de mi café y comía un trozo de pan, ella estaba nerviosa y no me miraba a la cara.
—¿Para qué son las hierbas? —consulté.
—Para evitar un embarazo —explicó hablando entrecortado—, yo no me doy la vacuna...
Claro, había olvidado que ella no se vacunaba, que no lo necesitaba, y por ende, no recibía los anticonceptivos en la misma. Cuando deseabas tener hijos pedías que saquen los anticonceptivos de la medicación, de ese modo había control de natalidad y se evitaban muchos embarazos no deseados.
—¿Y cómo sabes que funciona? —cuestioné un poco nervioso, no me atrevía a preguntarle, pero creí que anoche había perdido la virginidad conmigo.
—Las tardes de té con mi abuela y la enfermera que me daba las falsas vacunas eran muy educativas, había esposas que no se ponían anticonceptivos por pedido de los esposos, pero aún así no querían hijos, así que esta era la segunda opción, una hierba que crece en todas partes.
—Creí que lo habías hecho antes —confesé un poco aliviado pero ella me apuñaló con la mirada.
—No, anoche fue mi primera vez por si no te diste cuenta, Taien. Y sí lo he hecho antes ¿qué?
—No es nada malo —me defendí—, sólo que yo no tengo sexo con nadie sin protección física.
Ella me miró de arriba a abajo y frunció los labios.
—¿Y con quién tienes sexo?
—Ahora con nadie —confesé, pero no me creía.
—¿Y Loren?
Negué con la cabeza y bebí de mi taza hasta terminarla.
—No la veo nunca, estamos comprometidos pero no tenemos una relación de novios.
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ANION - Iris #1
RomancePrimera parte saga IRIS. En un mundo gobernado por castas raciales y ejércitos despiadados, Helena vive oculta, sin pasado ni nombre verdadero... hasta que Taien Laimen la arrastra al corazón del conflicto. Él es su protector, su verdugo y su herman...
