Capitulo №22

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Helen estaba parada frente a la estufa de la cocina, revolvía la olla de estofado y cantaba una canción de cuna. El sol entraba por la ventana y hacía que su cabello brillara tanto como el fuego. Atraído me acerqué por detrás pasando mis manos por su vientre, acariciando la creciente barriga que tiene a mi hijo, dejé besos en su cuello y aspiré su olor que lo era todo para mí.

—Te amo —susurré en su oído, cuando Helen se giró a verme me asusté porque sus ojos ya no eran de color fuego, se transformaron en púrpura.

Me despertó el estruendo de un camión junto a la casa de campaña, me froté los ojos y el cabello buscando relajarme pero no lo lograba, vivía bajo una tensión constante, mi cuerpo se encontraba siempre en alerta. Me eché agua en la cara para poder despabilarme, aunque eso no mejoraba las cosas porque mis pesadillas tomaban una nueva forma cuando despertaba. Mis ojeras eran oscuras con tintes violácios haciendo que mis ojos amarillos ya no se vean cálidos sino aterradores en contraste.

Mi rostro daba miedo.

Al salir me encontré con caras cansadas y almas rotas, podía ver las heridas y el agotamiento en ellos porque eran las mismas que las mías. Luego de mi recuperación en la parcela blanca exigí volver a la frontera donde había perdido a Helen y armé un campamento de batalla. A los superiores no les gustó, pero no podían hacer nada para impedirlo. No había tenido éxito hasta el momento y las pérdidas eran muchas, fueron semanas de fracasos y muertes en vano.

Porque ella no regresaba.

La Nación aún no había anunciado en las noticias la muerte de Helena Laimena, la Anion de ojos color naranja, pero sabía que cuando se me terminaran las balas lo harían y ahí no habría vuelta atrás, dejarían de buscarla y de enviar soldados, se me acababa el tiempo para encontrarla. No podía aceptarlo, yo me negaba a creer que la habían matado, pero a la vez temía que la tuvieran secuestrada para cualquier otra cosa que tenían pensada, sabía los múltiples usos que podían darle a una joven hermosa y exótica como ella, y me arrancaba los pelos de sólo pensar en las porquerías que podrían hacerle. Necesitaba certeza, si estaba viva la recuperaría, y si estaba muerta me despediría para siempre.

Pero necesitaba saberlo.

Había montado una red de espionaje e investigación en toda la parcela azul este, justo por donde íbamos cuando la raptaron. Puse tanta atención en los salvajes pero nada me aseguraba que ellos se la habían llevado, pudo ser cualquiera, y el que lo había hecho la iba a pagar con sangre. Me iba a tomar el tiempo de hacerlo sufrir con las técnicas de torturas más inhumanas que conocía.

Estaba dispuesto a quemar el bosque entero para encontrarla.

Me dirigí justo al destacamento que desplegaba mapas y estrategias, dónde investigaban hacia dónde se la podían haber llevado. Debíamos encontrar un lugar para pasar donde algún salvaje se descuidara. Era obvio que los grandes asentamientos en donde vivían estas horribles criaturas no estaban cerca. Eran muy estrategas, nos tomaban el tiempo y se divertían.

Hasta había intentado hacer algún tipo de negociación en la entrada de los bosques con el "Emperador" sería alguna especie de líder que me envió saludos antes de llevarse a Nehiam, pero no hubo respuesta. Me angustiaba pensar en que la estaban lastimando, en que podían hacerle cosas horribles, o comérsela viva. Me preguntaba si tendría miedo, hambre o frío...

—Capitán, Laimen —llamó un Sargento Mayor del pelotón Real—, me avisan que encontraron algo a dos kilómetros de aquí.

—¿Algo? —cuestioné mientras comenzaba a caminar en dirección a mi camioneta—. ¡¿Cómo que algo?! —grité y todos me observaron.

Me detuve frente a mi automóvil y me apoyé con mis palmas abiertas sobre el capó, miré al vacío, a mi interior, a la nada, respiré profundo y volví a mirar al sargento. Estaba bajo tanto estrés que no controlaba mi temperamento.

ANION - Iris #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora