Los ojos blancos del pintor me perseguían en los sueños, ese pobre anciano gritaba por ayuda y yo tenía las manos atadas. Los reales de aquella fiesta me sujetaban y golpeaban, podía sentir sus cuchillos arrancar mis ojos y gritar fuerte para poder liberarme, pero en este sueño Taien no me salvaba; el dolor era insoportable, podía saborear mi propia sangre, y las risas del príncipe Paris y la princesa Tais a mi alrededor me aturden.
—Helena, despierta —llamó la guardiana Real con la que viajaba, me sacudía de la rodilla para que despierte y cuando tomé consciencia de que estaba en el auto en viaje me calmé—. Tuviste otra pesadilla —comentó y luego se giró hacia el frente.
Sentía una sensación de soledad inmensa lejos de Taien y solo habían pasado horas, quizá su vida sin mí era más simple, en cambio la mía sin él se sentía gris y aburrida. Sabía que era momentáneo, poco tiempo en donde necesitaba descansar mi mente, debía bajar la guardia y la defensa del mundo. La parcela amarilla del sur no era el lugar más hóspito pero aún así me servía para poner un paño de agua fría a tanto ardor interno.
Al llegar a la parcela, en el camino a lo que era el terreno de Cleren me encontré con rostros nativos vacíos y cansados, quemados por radiación y sin esperanzas de vida. ¿Así me veía yo? ¿Con la misma pena que los veo era como Taien me veía a mí? Era doloroso de ver pero también calmaba mi ansiedad, el olor ácido del aire me hacía sentir en paz. Ellos no me necesitaban, pero yo sentía la necesidad de volver y no abandonar este lugar olvidado y castigado.
De mi vieja casa no quedaban ni rastros, solo las cenizas y oscuridad del fuego. El viejo cerezo seguía ahí, vivo por dentro pero muerto por fuera, de niña me daba miedo pero ahora me daba curiosidad. El equipo de campaña que Taien había enviado luego de 30 horas había hecho mucho, faltaban detalles pero volverían al otro día, con techo, paredes y puerta era suficiente. No había lujo, solo paredes de madera rústica que sí la tocabas te llenabas los dedos de astillas, una cama inflable, botellas de agua y provisiones.
Era más de lo que pedía.
—Debemos irnos —avisó el guardia—, ¿necesitas algo más?
—Nada, muchas gracias por traerme.
Cuando salieron el silencio fue inmenso. Comencé a sacar mi ropa y dejarla apilada en un rincón, también algunos utensilios para vivir y cosas de higiene. El baño estaba en un cuarto afuera muy cerca de la salida trasera de la cocina. Tomé una pila de libros y los dejé junto a un perfume de hombre que conseguí. Eran obsequios para mi amigo Romen.
Eran algo de las siete de la tarde, ya oscurecía pero deseaba visitar a mi amigo, nos separaban 1 kilómetro que iba a recorrer con gusto aunque aún me dolía el cuerpo por el choque del automóvil. Me di una ducha y me vestí con el uniforme Anion, de borceguies, calzas, camiseta y chaleco. Todo de negro, también mi pelo trenzado como me habían enseñado y tras tomar los libros y el perfume, salí en busca de Romen.
Cada paso que daba levantaba una nube de tierra fina, corría viento cálido y de olor rancio, pero caminaba a gusto con la mirada de cada vecino que me cruzaba. No me saludaban obviamente, pero no se perdían ni un segundo de verme y chismear. Seguro pensaban que cuando me habían llevado era para matarme —yo también lo pensé—, ¿qué iban a creer que regresaría con certificación y un futuro por delante? Ni yo me lo creía.
A la distancia vi las luces de la casa de Romen, él era 3 años mayor que yo, vivía con sus padres y sus dos hermanas pequeñas, cómo cualquier nativo de esta parcela era pobre, pero en ese hogar había mucho amor, era el más funcional que haya visto. Le debía todo a mi amigo, a él y a Cleren que me enseñaron a leer, escribir, a pensar e investigar.
Dos golpes y los patos y gansos chillaron. Quién abrió la puerta fue su madre, Daen, se llevó las manos a la boca de la sorpresa y seguido se abalanzó para abrazarme. Era joven, pero su aspecto se veía avejentado, su cabello rizado de color marrón rojizo comenzaba a desteñirse, y olía a aceite y frituras. Fue un abrazo de cariño y añoranza.
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ANION - Iris #1
Storie d'amorePrimera parte saga IRIS. En un mundo gobernado por castas raciales y ejércitos despiadados, Helena vive oculta, sin pasado ni nombre verdadero... hasta que Taien Laimen la arrastra al corazón del conflicto. Él es su protector, su verdugo y su herman...
