Nos detuvimos en la entrada de una casa. Parecía de ensueño; solo en revistas viejas había visto algo así. El césped era espeso y de un verde vibrante, con grandes árboles rodeando el terreno. Este lugar estaba en una zona boscosa que jamás había podido apreciar antes.
Lo seguí por un camino de piedras hasta la entrada. Todo era muy distinto: más limpio, más bello, muy lejos del rancho de madera donde había vivido. Su casa tenía enormes ventanales; desde afuera se podía ver el interior, y me preguntaba si alguien más, desde los alrededores, lo espiaría. Aunque el bosque parecía envolverlo todo, había una exposición que me inquietaba.
Como imaginaba, el interior era amplio y reluciente, con espacios bien delimitados y distribuidos. Me mostró su habitación y luego el cuarto donde yo iba a quedarme.
—¿Crees que vas a estar cómoda aquí? —preguntó.
Y con solo poner un pie en la habitación, supe que sí.
—Muy cómoda, sí —respondí, y me reí para mis adentros.
Si supiera que a veces me despertaban las ratas correteando cerca de mi cama... No debería extrañar ese hogar, porque allí fui infeliz casi toda mi vida. Pero no podía evitar pensar en Romen, mi buen amigo. Y aunque nunca me haya querido de verdad, echaba de menos a la vieja Cleren.
—Iremos a comprar ropa y lo que necesites —prometió.
—Gracias. —La curiosidad me picó de nuevo—. ¿Cómo murió nuestro padre? —pregunté, girándome para mirarlo.
Estaba parado en el umbral de la puerta, apoyado en un lateral, con la mirada perdida en el suelo.
—En servicio.
—¿Haciendo qué?
—Se enfrentó a salvajes.
Quise preguntar más, pero vi su mirada de advertencia y me detuve.
—Se hizo tarde —dijo—. Aquí al lado tienes el baño, y en ese mueble hay ropa. Que descanses.
—Igualmente.
Taien se desvaneció por el pasillo y luego se oyó una puerta cerrarse. Yo no quería dormir. La ansiedad me recorría como fuego. Comencé a explorar cada rincón de la casa con una mezcla de asombro e incredulidad. Había muchas fotografías. Pensar que yo no tenía ni una de mí misma, solo la de mi identificación...
Llegué a una pequeña sala junto a un ventanal enorme. Y cuando vi la biblioteca rebosante de libros, casi me caigo de espaldas. Había sido privada de información toda mi vida. Sabía leer y escribir gracias a mi abuela y a Romen, que siempre me enseñaba lo que aprendía en la escuela. Pero nunca era suficiente.
Leí los títulos: historia egipcia, romana, vikingos, invasiones inglesas... hasta las guerras mundiales. "La Tercera Guerra Mundial" llamó mi atención. Fue hace 950 años, cuando el mundo se dividió. Hubo un antes y un después para la humanidad.
Tomé un libro y volví a mi habitación.
La casa estaba en silencio, solo interrumpido por el golpeteo suave de la lluvia contra los ventanales. Caminaba descalza por el pasillo, con el libro cerrado contra el pecho. Mi mente estaba en cualquier parte, menos en las letras.
Mi hermano llevaba rato en el baño. El vapor se colaba por la rendija inferior de la puerta. Pasé frente a ella sin intención de detenerme, pero la bisagra cedió con un crujido y la puerta se entreabrió, como si una trampa invisible me tendiera la mano. Me detuve. El vaho me envolvió de inmediato.
No debía mirar.
Pero lo hice.
El espejo estaba empañado. Las paredes, cubiertas de vapor. Y al fondo, en la ducha abierta, estaba él. Su silueta se distinguía con claridad a través del vidrio húmedo. Se movía con lentitud, confianza, como si el mundo no existiera más allá de su cuerpo.
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ANION - Iris #1
RomansaPrimera parte saga IRIS. En un mundo gobernado por castas raciales y ejércitos despiadados, Helena vive oculta, sin pasado ni nombre verdadero... hasta que Taien Laimen la arrastra al corazón del conflicto. Él es su protector, su verdugo y su herman...
