Mis heridas habían sanado bien, y de tanto hacer nada comenzaba a sentirme un zángano, así que busqué un lugar donde trabajar y lo encontré en lo único que sabía hacer: criar animales. Me la pasaba todo el día con ellos, vacas, puercos, cabras, caballos, gallinas, patos... ordeñando, alimentando y juntando su mierda.
Me sentía más en casa que nunca.
Y no precisamente por el hecho de que me adaptara a este lugar y sus cuestionables costumbres, sino por recordarme a la parcela amarilla. El olor a estiércol por más horrible y desagradable que fuera, era a dónde pertenecía. Dejé el tridente con el que removía el pasto seco y me limpié el sudor de la frente cansada. Observé todo a mí alrededor y noté lo lejos que estaba de la elegancia de la parcela blanca, probando perfumes y comprando ropa costosa con Maen.
Qué rápido cambiaba todo.
No había dejado de pensar ni un solo día en Taien, preguntándome si le dolió mi falsa muerte, si me extrañaba, o si se sentía aliviado de quitarme de encima, aunque lo dudo puesto que me necesitaba para escalar alto en sus posiciones. Me negaba a creerlo, pero todo era tan obvio que me sentía una tonta.
—Helena Laimena —saludó India, la guerrera morada que vestía de cuero.
Me causaba gracia que siempre me llamaban por mi nombre completo.
Algo que también me había sorprendido de este lugar fue que las personas aquí no tenían una terminación para su nombre y apellido diferenciando las razas, así como los Anion con AM, los Nativos con EN, o los Reales con IS. Por el nombre de una persona ya sabías su raza sin verle los ojos, aquí todos se llaman como quieren.
—Mi nombre es Helen —expliqué mientras tomaba asiento—. Sólo Helen.
—Está bien, Helen —dijo y rió, detrás de ella apareció Nehiam y lo ví acomodarse los pantalones de una manera sospechosa.
No me tomó ni dos segundos atar cabos, India y Nehiam estaban teniendo sexo. Mi amigo no perdía el tiempo, cuando llegó justo al costado de la cerca se tapó la nariz por el olor.
—Helen —llamó Nehiam—, tienes sangre en la ropa, ¿mataste a algún animal? —señaló, y cuando busqué la mancha de ropa noté que era mi sangre, era mi periodo.
Y estos malditos vestidos blancos de lino que me daban siempre estaban sucios. Necesitaba ropa normal urgentemente.
—Es mi periodo, estoy sangrando —le expliqué a mi amigo y abrió los ojos sorprendido—, voy a bañarme en el río —avisé.
—Te acompaño —ofreció él, India se quedó en el mismo lugar sin saber qué hacer o qué decir.
Busqué otro vestido, los jabones y ropa interior, también busqué más trapos para contener el sangrado. Nehiam juntó sus cosas y nos fuimos.
—¿Me quieres acompañar o quieres huir de India? —pregunté cuando comenzamos a caminar por el sendero que lleva al río.
Hacía días que no hablaba con él, estaba ocupado y yo también. Cada vez que lo veía era como volver al pasado, a la parcela verde, y aunque me gustaba estar aquí, extrañaba demasiado a Taien, no podía romper ese lazo que me jalaba.
—No tengo que huir de nadie —respondió algo evasivo.
—¿Te gusta? —consulté y él sonrió de lado.
—Sí, pero no me gustan sus ojos, no me atrae ningún color que no sea verde —confesó—, es difícil no mirar a los ojos a alguien, pero juro que no me gustan.
—Quizá es algo que no sea genético, sino de crianza ¿No crees? —dudé—, desde que eres un niño te dicen que solo debes fijarte en un Anion, y uno en particular, es obvio que luego puede costar cambiarlo.
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ANION - Iris #1
RomancePrimera parte saga IRIS. En un mundo gobernado por castas raciales y ejércitos despiadados, Helena vive oculta, sin pasado ni nombre verdadero... hasta que Taien Laimen la arrastra al corazón del conflicto. Él es su protector, su verdugo y su herman...
