Capítulo №24

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Tenía que decidir y no tenía tiempo ni opción, ya no tenía a dónde ir y buscar refugio, comencé a desesperarme y odiar con todas mis fuerzas al Emperador. Era un salvaje, un asesino, un sádico. Los días posteriores sentía la mirada pesada de todos en la aldea, incluso Nehiam me evitaba sin haber cometido ningún crimen.

Nuevamente me sentía como una extraña, sin origen, sin lugar, y sin confianza.

No me molestaba cortarme y dar mi sangre al río sagrado, lo que yo no quería era matar a un ser humano, sea de la raza que sea, no deseaba ver la desesperación en sus ojos mientras un cuchillo entraba en su estómago, tampoco oírlos quemarse vivos, y mucho menos comer su carne.

De sólo pensarlo se me revolvía el estómago. ¿Cómo iba a hacer para sobrevivir en un lugar así por el resto de mi vida? ¿Esto era mejor o peor que la Nación Iris? ¿Taien no estaba tan equivocado? Era algo que no me dejaba dormir, no podía pensar en otra cosa que no sea el ultimátum del Emperador.

Se terminaba el tiempo, la luna llena era esta noche y todos lucían frenéticos, ansiosos, desesperados por presenciar una atrocidad como esa. Incluso Nehiam, que ya se veía pálido y cansado, con la radiación detrás de sus pies esperando por consumirlo, él más que nadie esperaba de la noche sagrada para recibir la inmunidad como los demás mestizos no inmunes.

India afilaba cuchillos y machetes enormes, lo hacía con devoción, ella siempre se veía fuerte y decidida, como si estuviera lista para la guerra. La admiraba. Luego de darle de comer a las cabras fui a su encuentro, me paré a su lado y observé lo que hacía. Ella me regaló una sonrisa amable y siguió haciendo lo suyo.

—¿Quién te enseñó a ser una guerrera? —consulté curiosa, tomé asiento en un tronco para tener un mejor ángulo de su cara y expresiones.

—Todos aquí son guerreros, nacemos y lo aprendemos de nuestros padres, quizá aquí hay mujeres que no lo hacen y que se dedican al hogar y la familia, pero todos saben defenderse...

—Menos yo —terminé la frase y ella no dijo nada.

—Eres muy joven, Helena Laimena, podemos enseñarte a ser la mejor guerrera, tienes algo que la mayoría no tiene.

—¿La inmunidad? —dudé y ella asintió.

—La inmunidad te hace fuerte, sanas rápido, aprendes rápido, tu cerebro es más inteligente que el nuestro... —dijo muy segura.

Y cada cosa que decía coincidía con una condición mía, como nunca enfermar, sanar rápido, aprender, pero no me creía fuerte y mucho menos inteligente.

—No creo que eso sea por la sangre y la raza —repliqué en desacuerdo—, suena a ideas que alguien pone en tu cabeza para creerse más poderoso que tú sin ser cuestionado —afirmé y ella sonrió orgullosa.

—Eso es justo de lo que hablo, eres muy inteligente, nadie piensa de esa manera.

Evidentemente ella no entendía lo que quería decirle, pero no podía estar repitiendo lo mismo, no me llevaría a ningún lugar. Debía pensar y actuar como ellos, ser una más, pero no cualquiera, sino la más fuerte. No podía alzar la voz por encima del Emperador si él me superaba en todos los aspectos. Debía convertirme en alguien como él y luego podría decidir que hacer con mi maldita vida por primera vez.

—¿Tú me enseñarías todo lo que sabes? —consulté y ella me regaló una mirada y sonrisa complaciente.

—Por supuesto que sí, Helena Laimena, sería un honor...

—¿Qué será un honor? —preguntó Nehiam apareciendo desde atrás, sorprendiéndome.

—Helena Laimena quiere que le enseñe todo lo que sé acerca de ser una guerrera.

ANION - Iris #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora