Capítulo №26

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El invierno estaba a punto de llegar a nuestro hogar, debíamos intercambiar pieles —que solo se encontraban en una parte del territorio—, por carne seca que el Emperador enviaba. La tierra de los Opalaches no estaba lejos, pero lo más peligroso era que debíamos rodear un enorme cubo de hielo para poder llegar y el único camino directo pasaba bastante cerca de la Parcela Azul Oriental.

Era extraño acercarse a las fronteras y buscar el punto más alto para observarlos con larga vistas. Me hacía sentir un poco más cerca de él, como si me negara a dejar esa parte Irina que aún vivía en lo profundo de mi ser, aunque, ahora me sentía una Salvaje por completo. Había aprendido a no sentir pena por el enemigo, más eso no significaba que no me doliera ver sus ojos suplicantes antes de morir.

Comencé a preparar mis bolsos de campaña y antes de partir me di un rápido baño en el río. Observé las muchas marcas de cortes que tenía en mis brazos, los nudillos con callos, las uñas rotas y sucias... Ya no era una señorita, era una bestia.

—¡Ya nos vamos, Helen! —advirtió Nehiam desde atrás del muro de vegetación para no verme desnuda.

—Me cambio y ya voy —respondí saliendo de mi momento de introspección.

Hacía frío y eso hacía que me seque y vista más a prisa. Corrí mientras estrujaba el agua de mi cabello y tomé mi bolso para colgarlo en mi espalda. Me puse los cuchillos y la pistola en el cinturón ancho de cuero que protegía mi vientre y tomé la libreta donde hacía mis investigaciones para tenerla a mano.

—¡Apúrate, pequeña naranjita! —gritó Víctor.

Era el hijo del Emperador que era mitad rojo y mitad morado, tenía unos ojos color fucsia muy brillantes, a vista de cualquiera era un morado más claro, él iba en representación de su padre, no estaba permitido que los rojos dejen la fortaleza de las cuevas, eran un secreto, debían ser cuidados y preservados, sin ellos el mundo se apagaría y nadie que fuese Irino debía saber qué seguían en este mundo.

Al intercambio íbamos a ir 9 personas todas necesarias a excepción de mí, que iba solo por conocer, y aunque podía ser de ayuda para defendernos, mi trabajo era recolectar información para mi cerebro. Víctor, Nehiam, India, dos morados fortachones que nos cubrían la espalda y tres nativos mestizos que se dedicaban al intercambio. Mayormente era una transacción pacífica puesto que los Opalaches eran muy tranquilos y amables, incluso muchos vivían con nosotros, pero había que ir preparado para cualquier adversidad ya que este era su territorio, podríamos cruzarnos con carroñeros, o ladrones, o simplemente con algún morado teniendo un mal día.

Era 1 día a pie, no usábamos el vehículo puesto que estaba prohibido por los túneles, y justo eso era lo que nos hacía invisibles y casi indetectables para los Irinos. Salvo por los últimos kilómetros que había que hacer a pie y acercarnos a la zona peligrosa.

El lugar no se sentía tan puro y natural como lo era la tierra roja del norte, se sentía más árido, incluso más estéril debido a la distancia que había con el lugar que los rojos fertilizaban, aquí había Novas que también fertilizaban la tierra con sus rituales de sangre, pero no había tantos, no sabía con certeza si había más aldeas rojas en el mundo, pero por algún comentario oí que en unas islas donde las personas tenían los ojos finitos y casi no podían abrirlos, también había muchos Rojos.

El mundo estaba lleno de misterios, y había mucha necesidad de calidad de vida, cuando cruzabas algún pueblo de mestizos sin importar la raza, siempre se les indicaba el camino hacia donde la vida era mejor.

De algo que estaba fascinada era con los restos de viejas estructuras de Miles de años de antigüedad, las observaba y me preguntaba ¿para qué servían? ¿Cómo se verían los humanos aquí miles de años atrás? Comencé a escribir lo que veía en mi libreta y a guardar alguna hoja de hierba para plasmar historia. Se había convertido en un pasatiempo, en una pasión, en una necesidad de saber... Y estaba rodeada de personas que estaban dispuestas a saciar esa sed.

ANION - Iris #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora