Capítulo №25

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Me encontraba en medio del bosque, rodeada de árboles altos y silenciosos. El sol se filtraba a través de las hojas proyectando sombras danzantes en el suelo. Estaba viva y conectada con la naturaleza, al fin. Nehiam me observaba como animal de caza desde unos pasos de distancia, afilando la mirada entremedio de dos árboles como haría un depredador.

—¡Vamos, Helen! —me gritó—. ¡Muéstrate de qué estás hecha!

Cerré los puños y asumí la posición de lucha cuando lo vi aparecer frente a mí. Mi corazón latía con emoción y determinación, lista para enfrentarlo, se acercó a mí, sonriendo con malicia.

—Recuerda, la lucha no solo se trata de fuerza física, sino también de estrategia y control.

Asentí con la cabeza, absorbiendo sus palabras. Me preparé para el ataque, mis músculos estaban tensos y listos. Debía ser con fuerza para matarlo, ya no eran prácticas con cuidado, debía intentar matar y él defenderse.

—¡Ahora! —gritó.

Me lancé hacia adelante, utilizando todo lo aprendido para superar a mi oponente que casi me doblaba en tamaño. El bosque se volvió un escenario de acción y movimiento, con ramas quebradas y hojas que volaron por el aire.

Sentí una sensación de libertad y poder sabiendo que podía defenderme y protegerme a mí misma y los demás. La lucha se convirtió en una danza, una coreografía de movimientos precisos y controlados. Mentalmente fríos, sufriendo cortes y golpes a consciencia, llevándonos al límite del otro.

Finalmente, después de lo que parecía una eternidad, Nehiam me dió la señal de detenerme. Lo hice, jadeando y sonriendo, sintiendo una sensación de logro y satisfacción. Y sobretodo, de nunca rendirme ante ningún desafío.

—Bien hecho, Helen. Si puedes luchar cuerpo a cuerpo con un Anion, podrás con todo.

—No te creas tanto —bromeé.

Me sentía orgullosa de mí misma, sabiendo que estaba trabajando duro para alcanzar mis objetivos. La lucha se había convertido en una parte de mí, una forma de expresarme y de conocimiento. Estaba lista para enfrentar cualquier desafío, o tal vez, cualquiera que crea que puede decirme qué hacer o no.

—Ahora con cuchillos —propuso casi sin aliento—. Recuerda, un cuchillo es una extensión de tu cuerpo, debes sentirte cómoda con él en tu mano.

Me entregó un cuchillo pequeño pero afilado, y comencé a practicar los movimientos para no equivocarme y lastimarlo. En un principio, cuando lo tomé por primera vez me sentí un poco torpe, pero con cada intento me fuí sintiendo más segura hasta sentirlo una extremidad. Nehiam siempre observó atentamente, corrigiendo mi postura y mi técnica. Me enseñó cómo sostener el cuchillo, cómo moverlo con precisión y cómo defenderme contra un atacante.

En estos dos años jamás perdió la paciencia conmigo.

Las prácticas eran varias, había mucho por hacer y aprender, con prueba de tiro quería poder acertar a la mayor distancia posible. Íbamos a un campo de tiro al aire libre, rodeado de blancos y obstáculos. Buscando la perfección en la respiración y la concentración, cómo apuntar, cómo disparar y cómo recargar.

Me sentía poderosa.

Jamás me hizo sentir una niña débil y tonta, me apoyó, de hecho, nos apoyamos el uno en el otro, fue duro insertar nuestras vidas en una cultura hostil como los eran los indómitos. Había encontrado un lugar junto a India, quien se volvió mi amiga inseparable. Y por más que tenía animales a cargo, la pelirroja con olor a estiércol ya no existía.

ANION - Iris #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora