Capítulo 17

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POV ANASTASIA

Rachel y yo llevamos a los niños al parque a jugar. En un principio la idea no me pareció buena ya que tuve temor a que Christian me esté vigilando y se apareciera por allí, pero afortunadamente eso no ocurrió y pasamos una excelente tarde.

De regreso al departamento mi pequeño tomó su baño y se quedó dormido. Siempre que vuelve de jugar en el parque es lo mismo, regresa cansado y termina tomando una siesta larga. Tras besar su regordeta mejilla y tapar su cuerpo con su manta, lo dejo descansar en su cuna, la cual creo que pronto ya no podrá usar con todo lo que ha crecido.

Una vez en la sala decido que es momento de buscar algún que otro empleo. Aun lo de Londres no está del todo perdido, pero mientras no se resuelva la situación de Teddy es un hecho que no podré viajar y en caso de que ya no se dé, necesito encontrar otra oportunidad. No puedo quedarme sin trabajo. Amanda también me prometió que me buscaría algo. 

Estoy concentrada en el ordenador cuando llaman a la puerta. Dejo lo que estoy haciendo y voy a ver quién me busca. Al abrir la puerta me quedo de piedra al ver a Christian parado frente a mí con una apariencia espantosa: su rostro demacrado, muy delgado, su piel pálida y los ojos inflamados, aparte de unas enormes ojeras. Hasta diría que lleva la misma ropa que ayer cuando lo enfrenté. Antes de que pueda reaccionar lo tengo dentro de mi departamento, entró casi tambaleando. Por Dios, estuvo bebiendo.

- Christian ¿qué haces aquí? – le digo – por favor te pido que te vayas, no tienes nada que hacer en mi departamento.

- Ana... por favor... no me corras – me suplica con la voz temblorosa y sus ojos cristalizados.

- No quiero volver a vivir un momento tan tenso como el de ayer en tu suite y creo que tú tampoco – trato de mantenerme serena, pero al verlo en estas condiciones me siento mal. Yo lo llevé a ese extremo – Quizá no lo creas, pero no disfruto discutir contigo. Vete de aquí.

Las lágrimas comienzan a brotar e inundan el rostro de Christian. Por Dios, si sigue así terminaré corriendo a consolarlo y llorando con él. Pero no debo. Tengo que ser fuerte, juré no volver a caer. Me quedo parada junto a la puerta indicándole la salida para que se retire, trato de no seguir mirándolo para que no se de cuenta de lo mal que me tiene esta situación.

Veo que camina hacia la puerta y confío en que se irá, pero no. Rápidamente cierra la puerta y me arrincona contra la misma, toma mi rostro con sus manos y apoya su frente contra la mía. No, por favor. "Aguanta" me pide a gritos mi subconsciente. Sus labios se acercan peligrosamente a los míos, cierro los ojos y lucho para que no logre su cometido de besarme, me defiendo intentando quitar sus manos con las mías de mi rostro. Al comprender mi reacción, desiste de su idea, pero sigue con su mirada sobre mí y su rostro muy cerca del mío. Comienza a acariciar mis mejillas con los pulgares de sus manos.

 - ¿Recuerdas cuando tuve el accidente con el Charly tango y estuve desaparecido? – mierda ¿a dónde quiere llegar? – dijiste que tuviste mucho miedo de no volver a verme, me pediste que no vuelva a desaparecer ¿recuerdas? Y esa noche también luego de que todos se fueran, aceptaste casarte conmigo.

Es verdad, esa noche después de tantas horas de angustia, todo culminó con Christian y yo celebrando nuestro compromiso con una maratón de sexo desde el baño hasta el cuarto de juegos.

 - Yo sé que muy en el fondo de esta Ana que está aquí tan dura y tan molesta, sigue mi nena – no, no, no. Eso sí que no – Mi Ana, mi dulce y pequeña Ana, la que me demostró con todo su amor, que sí tengo un corazón.

- Basta Christian – le exijo con la poca fuerza de voluntad que me queda.

Toma mis manos y las lleva a sus labios, luego las apoya en su pecho, en su zona prohibida. ¿Qué estoy diciendo? Seguro ha dejado que todas sus amantes lo hagan en este tiempo.

Basta de sombrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora