Capítulo 8

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POV ANASTASIA

Prácticamente no pegué un ojo en toda la noche. Si Christian Grey pretendía ocasionar un malestar con su "presente" a Ted por su cumpleaños, pues lo logró. Lo que debió ser un día especial, terminó siendo un día marcado por el egoísmo de Christian y su inoportuno regalo sólo intentando demostrar su arrogancia y el que todo lo puede. Pero se equivocó, no comprará a mi hijo con juguetes caros y será el primer y último atrevimiento que le permito. 

Salgo de mi cama, convencida de que ya no podré dormir. Me visto con unos vaqueros y una camisa negra con botones que me queda suelta. Me coloco unos zapatos planos, peino mi cabello y salgo de mi habitación. Mi papá se quedó a pasar la noche aquí y duerme en el cuarto de Teddy donde hay un sofá que se hace cama y es allí donde suelen dormir nuestras visitas tales como mi madre, Grace, Mía, Kate y ahora en este caso, Ray. Tanto él como Teddy siguen dormidos así que continúo mi camino a la cocina. Mi intención es prepararme una taza de té y comenzar a preparar el desayuno para mi padre y para mi hijo, pero no puedo dejar de pensar en la conversación que tuve con Kate y con Rachel la noche anterior mientras estábamos en la recámara de Ted. 

- Ana, no sé cómo decirte esto, con Paul pensamos que lo mejor era no contarte nada – Rachel rompe el silencio mientras acuesta a Noah en la cuna junto a Ted. 

- ¿De qué se trata, Rachel? – quiero saber. 

- Es que hace un tiempo atrás, Christian Grey se presentó ante nosotros en Portland – confiesa ante mi mirada atónita y la de Kate. 

- ¿Qué? 

- Lo siento, Ana, no pensamos que haría esto, por eso Paul y yo no te dijimos nada – se lamenta Rachel. 

- ¿Pero qué les dijo? – quiso saber Kate. 

- Estábamos saliendo de la ferretería, fue al otro día del funeral del hermano de Paul – relató Rachel – yo no sabía quien era y por eso le hice una conversación amable, pensé que se trataba de algún cliente. Me dijo que conocía a Paul y a ti, Ana, de cuando trabajabas allí. 

Yo no termino de reaccionar ante lo que Rachel me confiesa. 

- Luego se apareció Paul y lo llamó por su nombre, recién allí comprendí que se trataba de tu esposo – dice Rachel – lo veía con mucho coraje a Paul y le exigió de mala manera que le dijera en donde estabas. Pero te juro, Ana, que ninguno de los dos se lo dijimos.

Me llevo una mano a la boca de la impresión, no sé por qué, como si no conociera los alcances de Christian. 

- ¿Ana estás bien? – me pregunta Kate alarmada. 

- Esto es muy claro, Christian lleva tiempo planeando esto – digo con un hilo de voz. 

- Ana, tranquila – me pide Kate – no temas, aquí estamos tu familia para protegerte a ti y a Ted. Hiciste muy bien en rechazarle su regalo, ya quiero verle su cara cuando se lo llevemos de regreso al muy idiota. 

- Kate ¿tú no entiendes? Christian ya debe saber todos mis movimientos aquí, que hago, a donde voy, con quien – me siento inquieta – lo que menos quiero es tenerlo aquí, ya esta ciudad no es segura para Ted y para mí. 

- Amiga, no digas eso, no dejes que el imbécil de Grey te agobie con sus impertinencias – me dice Kate. 

- Ana, a lo mejor esta es una buena oportunidad, recuerda la propuesta – me dice Rachel y de inmediato entiendo su insinuación. 

- ¿De qué hablan? – Kate tan preguntona como siempre.Tomo aire antes de hablar, vaya a saber como reaccione Kate a la bomba que estoy a punto de soltarle. 

Basta de sombrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora