Las luces titilaban suavemente en el aire, reflejándose en los ventanales de la elegante casa de Jay. Afuera, la brisa nocturna traía consigo el aroma de las flores dispuestas estratégicamente en la terraza, un toque más al ambiente sofisticado que se había creado para la noche especial. Jay no había escatimado en detalles; todo era impecable. La mesa central estaba decorada con un mantel de encaje, velas blancas y pétalos dispersos con un cuidado minucioso. Era su propuesta de matrimonio a Haneul, y cada elemento en la casa gritaba perfección.
Sunoo, sin embargo, no lograba sentirse del todo cómodo.
Desde que llegó, había sentido el peso de las miradas. La incomodidad se le pegaba a la piel como una segunda capa, sofocante e inevitable. Aunque sonreía e intentaba aparentar que todo estaba en orden, no podía ignorar los susurros a su alrededor.
Los conocía demasiado bien.
Por mucho que los años hubieran pasado, por mucho que él hubiera crecido y cambiado, la gente seguía recordando. Se acordaban de las noches turbulentas, de las discusiones acaloradas, de los finales abruptos que se convirtieron en el alimento de una ciudad pequeña y hambrienta de historias ajenas.
Era ingenuo pensar que la gente lo habría olvidado.
El escándalo de su ruptura con Sunghoon, el engaño con Jungwon, él y Heeseung, el abandono repentino para irse a Daegu dejando todo atrás… todo eso se había grabado en la memoria colectiva. Y ahora que había vuelto, ahora que estaba de pie en la misma sala que tantas veces compartió con personas que una vez consideró cercanas, sentía las miradas clavándose en él como cuchillas invisibles.
Un grupo de invitados reía en una esquina, pero en cuanto Sunoo pasó cerca, notó el sutil cambio en sus expresiones. Se susurraron algo al oído, bajando el tono de sus voces, pero no lo suficiente como para que él no captara su nombre entre los murmullos.
—Descarado.
No era la primera vez que lo escuchaba esa noche.
Sunoo suspiró con pesadez, fingiendo ignorancia mientras se acercaba a la mesa de aperitivos. Se centró en los pequeños bocadillos dispuestos con precisión sobre bandejas de plata. Tenía hambre. Había salido corriendo de su departamento sin comer nada, asegurándose de no llegar tarde, pero ahora se preguntaba si no habría sido mejor rechazar la invitación.
Tomó un aperitivo con delicadeza, pero justo cuando estaba a punto de llevárselo a la boca, sintió unas manos en su cintura.
El contacto lo tomó por sorpresa, pero el aroma que lo acompañó lo envolvió en una sensación inmediata de alivio.
Ese perfume. Esa calidez.
Sunoo no necesitó girarse para saber de quién se trataba.
—Por fin llegas —murmuró, su voz más suave de lo que esperaba.
—Lo siento —respondió Heeseung, acercándose un poco más, su aliento rozando la mejilla de Sunoo—. El tráfico estaba imposible.
Sunoo sonrió, cerrando los ojos por un breve instante. Heeseung siempre lograba hacerlo sentir seguro, sin importar el lugar ni la situación.
—También tuve que pelearme con un taxista —continuó Heeseung, con un tono divertido—. Se estacionó justo en la entrada del edificio de Jay y se negó a moverse. Creí que íbamos a estar ahí toda la noche.
Sunoo dejó escapar una risa genuina, la primera verdadera en toda la velada. Se giró apenas para encontrarse con esos ojos oscuros que conocía demasiado bien.
—Solo a ti te pasan esas cosas.
—Dime que me extrañaste —replicó Heeseung con una sonrisa ladeada.
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Please, please, please! [Sunsun] finalizada.
Fanfiction«Te ruego, no me avergüences, cabrón» En dónde Kim Sunoo y Park Sunghoon tienen una «relacion-no relación». Pero eso no es lo más catastrófico de ambos, quizás uno de ellos diría... «-Jodidos y todo, ambos nos queremos» «-Jodido estoy por tí, ¿que d...
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