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—¿Nadie nos escuchará?

—Nadie, todos ya están profundamente
dormidos.

Empujé sus hombros y su espalda tocó las sábanas de inmediato, mis ojos no hacían nada más que recorrer su perfecta anatomía y aún con la ropa puesta, puedo asegurar que era lo más sexy que había visto en mi jodida vida.

—Hyung.

Mis dedos recorrieron su cintura con
cuidado, detallándola y siguiendo su forma.

Se detuvieron en cuanto tocaron el cinturón de su pantalón, del cual lo despojé con un pequeño jalón.

Mis labios temblaban y los suyos sonreían, incitándome a continuar y no pensaba detenerme.

La piel de sus blanquecinas piernas apareció ante mis ojos y mis labios dejaron un camino de besos ensalivados hacia su entrepierna,
en tanto mi diestra acariciaba por sobre el bóxer su ahora despierto miembro.

No fue después de las continuas caricias que dejó escapar un jadeo, tan malditamente erótico que mi pene sintió la necesidad de salir y fundirse en él.

Paciencia.

Sus manos se enroscaron entre mis cabellos y sus ligeros toques me pedían que continuara.

¿Cómo podría negarme?

Con brusquedad jalé su bóxer hasta la altura de sus rodillas y él alejó las caricias de mis cabellos para poder levantar las piernas y ayudarme con el trabajo.

En el momento en que sus piernas quedaron despejadas de cualquier trozo de tela, él las abrió
dejándome la perfecta vista de su entrada; rosada y esperando por mí.

—¿Desde cuándo te has vuelto tan hermoso, mh?

Jungkook negó con un movimiento de cabeza y enrosco sus brazos en mi cuello para poder tener contacto con mi boca.

Fue un beso sediento, de esos en donde no existe un ritmo definido, solo ansias de hacerlo más rápido y casi salvaje, que había significado el
permiso para que iniciara aquello que estaba soñando hace tiempo; volver a hacerlo mío.

Sus delicados toques fueron arrebatando de mis hombros aquella chaqueta azul que Jesy me había comprado en navidad y que ahora lucia perfecta junto a los pantalones
de Jungkook, tirados en un rincón de la tienda de campaña.

Mi camisa le siguió y sus frios dígitos recorrieron la extensión de mi espalda y marcaron la piel con un ligero rasguño.

Mordí sus labios con fuerza y él jadeó mi nombre.

Mi entrepierna se movió lentamente en contra de su trasero y nuestros labios se separaron.

Era una noche triste, pero ambos
estábamos sonriendo. Sus ojos brillaban bajo la tenue luz de la luna que se colaba por la tienda, sé que lagrimas querian salir, pero
esta noche nadie lo permitiría.

—Tae…

—No voy a pedir que te voltees…

—Yo…

—Solo quiero que gimas, aunque los demás despierten, sólo quiero que gimas mi nombre.

Deslicé el zipper de mi pantalón y le di paso al bóxer para que de una maldita vez le de la posibilidad a mi pene de salir.

Tomé el falo entre mis dedos y antes de introducirme en el interior de Jungkook, lo masturbé un poco, lo suficiente para que latiera en mi
palma y rogara por follarse al culito que ahora se le está ofreciendo de una manera desvergonzada.

Jungkook luce tan bien con las piernas abiertas y con la piel brillando gracias al sudor.

Metí el ápice en su interior y lo fui
introduciendo lentamente, tan lento que estaba matándome.

Dejó caer su cabeza sobre las almohadas y su pecho ascendía y descendía con un ritmo acelerado.

—Ha crecido t-tanto…

Es que ya soy un hombre y él no ha dejado de ser el niño que amé hace seis años.

Sus gemidos se mezclaban con jadeos de dolor y yo me encontraba en la mitad del proceso, rogando que su cuerpo resistiera un poco más.

Mi zurda tomo su miembro y
comenzó a bombear de él con velocidad; de inmediato los jadeos de dolor se esfumaron e ingresé de golpe.

Jungkook gritó mi nombre y mi zurda
continuaba masturbándolo, hasta que
terminó corriéndose.

—Kookie…

Comencé a moverme, los movimientos eran torpes y bruscos en su culito, pues su interior ardía y su estrechez solo lograba inundarme
de placer.

Mis manos se posicionaron en los
huesos de su cadera y tomé impulso para clavarme en él con más profundidad. Una y otra y varias veces.

Hasta que nuestros gemidos inundaron nuestros sentidos y pudimos sentir cómo se complementaban nuestros latidos; el de mi corazón con el suyo y el de mi pene con su culo.

Y continúo apretando su interior con mi miembro dentro, haciendo que gruñera como un perro.

—Hyung, ah.-

—¿Hace cuando que… que no te penetran?

—H-hace seis años…

Mis ojos hicieron conexión con los suyos y nuestras bocas ya se encontraban discutiendo por el control del beso que expresaba aquello que estábamos guardando.

—Te amo, Jungkook.

—Te amo, Taehyung.

Fueron algunas embestidas las que hicieron falta para que me viniera en su interior, marcando de nuevo aquello que desde siempre ha sido mío.

Su cuerpo y su corazón.









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Bueno estrellitas aquí les dejo este pequeño cap de compensación, espero que lo disfruten, les mando un beso en la cola.

Tío Taehyung || «VKOOK»Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora