Garou oh mas bien el lobo garou, apareció en un palacio chino, lleno de soldados gorilas, pero mayor mente lleno de un ejército de lobos. Estos al notar la presencia de un lobo plateado casi alvino sin uniforme del ejercito, levantarían armas y le apuntarían con arcos, flechas, ballestas y espadas. Hey tu, ¿Quién eres?, ¿Qué haces aquí? garou solo miraría al ejercito y sonría macabra mente, veamos que tanto tardo en destruirlos a todos. Garou desapareció en un parpadeo y varios lobos salieron volando por los aires, los soldados abrieran las bocas al ver eso, el jefe de los soldados solo gritaría ¡ATAQUEN! rugió el capitán, su voz temblando de rabia y miedo. El palacio estalló en caos. Una lluvia de flechas surcó el aire, silbando como serpientes venenosas. Las ballestas dispararon proyectiles pesados, capaces de atravesar armaduras. Pero garou no estaba allí. Su cuerpo se movía como un relámpago plateado, un borrón que zigzagueaba entre las trayectorias de las flechas. Cada paso suyo resonaba como un trueno, agrietando el suelo bajo sus patas. Con un salto, se lanzó contra un grupo de arqueros en una balconada elevada. Sus garras destellaron, y en un parpadeo, las ballestas fueron reducidas a astillas. Los lobos gritaron, pero sus alaridos se cortaron cuando garou los lanzó por el borde, sus cuerpos cayendo como muñecos rotos al suelo del salón. Los gorilas, más grandes y pesados, cargaron desde el flanco, blandiendo mazas que podían aplastar rocas. Uno de ellos, un coloso de tres metros con una armadura reforzada, rugió y descargó su arma hacia garou. El lobo plateado no se molestó en esquivar. Con un movimiento fluido, levantó una garra y detuvo la maza en seco, el metal crujiendo bajo su fuerza. El gorila abrió los ojos, incrédulo, antes de que garou lo tomara por el brazo y lo lanzara contra una pared. El impacto hizo temblar el palacio, y un tapiz carmesí cayó al suelo, envuelto en polvo. Una voz desde el fondo del palacio se escucho ¡Fuego! ¡Disparen los cañones! En las sombras, Lord Shen observaba desde su palacio la masacre de sus soldados, el pavo real elevado sus plumas blancas brillando bajo la luz de las antorchas. Sus ojos afilados seguían cada movimiento del lobo blanco, y sus garras tamborileaban sobre el mango de su daga. A su orden, varias trampillas en el suelo se abrieron, revelando cañones de bronce cargados con proyectiles explosivos. El estruendo de los disparos sacudió el palacio, y bolas de cañón envueltas en llamas volaron hacia el lobo alvino.
El lobo plateado rió, un sonido salvaje que heló la sangre de los soldados. Con un giro imposible, saltó hacia el techo, sus garras clavándose en una viga de madera para impulsarse. Las bolas de cañón chocaron contra las columnas y paredes del la entrada del palacio, explotando en nubes de fuego y escombros. El palacio se llenó de humo, pero Garou emergió de él como un espectro, cayendo sobre los cañones. Sus garras cortaron el metal como si fuera papel, y los artilleros huyeron, aullando de terror. El ejército de Shen estaba en desbandada. Los lobos, ahora tropezaban entre sí, sus armas temblando en sus patas. Las flechas seguían volando, pero ninguna tocaba a garou. Era demasiado rápido, demasiado preciso. Cada movimiento suyo era una obra de arte letal un zarpazo que destrozaba armaduras, un salto que lo llevaba de un extremo del salón al otro, un rugido que hacía retroceder incluso a los gorilas más valientes. El capitán lobo, desesperado, reunió a un grupo de élite: diez guerreros armados con lanzas largas y escudos reforzados. ¡Formen un círculo! ¡No dejen que escape! ordenó. Los soldados se movieron con disciplina, encerrando a garou en un anillo de acero. Pero el lobo plateado solo los miró, sus ojos brillando con diversión. ¿Un círculo? Qué lindo. Vamos a romperlo. Con un rugido que hizo vibrar los ventanales, el lobo se lanzó al ataque. Sus garras cortaron los escudos como si fueran de pergamino, y las lanzas se partieron en pedazos. Uno a uno, los guerreros cayeron, sus cuerpos arrojados contra las paredes o aplastados contra el suelo. El capitán, el último en pie, levantó su lanza con un grito de desafío, pero Garou lo tomó por el cuello con una garra y lo alzó como si no pesara nada. El palacio estaba en ruinas. Columnas rotas y paredes yacían en el suelo, los tapices ardían en jirones, y los soldados sobrevivientes huían por las puertas laterales, sus gritos resonando en la noche. En medio del caos, Garou se irguió, su pelaje plateado manchado de polvo y sangre, pero sin una sola herida. Sus ojos se alzaron hacia la puerta principal del palacio. El pavo real se puso en pie, su capa carmesí ondeando tras él. En una garra sostenía su daga de fuego, y en la otra, un abanico de plumas afiladas como cuchillas impresionarte dijo, su voz fría y cortante. Pero no eres más que una bestia. Y yo, Lord Shen, no caigo ante bestias. Garou rio, dando un paso adelante. El suelo crujió bajo su peso. ¿Bestia? Tal vez. Pero tu solo eres una ave. Shen no respondió. Con un movimiento elegante, lanzó una ráfaga de plumas afiladas, cada una brillando con un filo mortal. Garou las esquivó con un giro, pero shen ya estaba moviéndose, activando una trampilla oculta que liberó una lluvia de cuchillas desde el techo. El lobo plateado saltó, rodando por el suelo para evitarlas, pero Shen aprovechó el momento para disparar un cañón oculto en su trono. La explosión iluminó el salón, y una nube de humo envolvió a garou. Por un instante, el silencio reinó. Shen entrecerró los ojos, buscando a su enemigo. Pero entonces, una risa resonó desde el humo. Garou emergió, ileso, con el pelaje brillando aún más bajo la luz del fuego. Buen intento gruñó, y antes de que Shen pudiera reaccionar, cruzó el salón en un parpadeo.El pavo real blandió su daga, pero garou era demasiado rápido. Con un zarpazo, arrancó el arma de su garra, y con otro, lo levantó del suelo por el cuello. Shen forcejeó, sus plumas agitándose, pero no había escapatoria. Este es tu gran palacio, ¿eh? dijo Garou, mirando a su alrededor. No está mal. Pero creo que necesita un nuevo rey. Con un movimiento final, lanzó a Shen a través de una pared. El pavo real cayó al suelo pero se recupera rápido pero garou le da una patada, seguido de un puñetazo. ¿este era el rival? ... ¡FUEGOOO! Desde el techo del palacio un montón de bolas de fuego cayeron. Garou esquivo y pateo las bolas de cañón garou pateó las bolas de cañón en llamas con una precisión sobrenatural, enviándolas a estrellarse contra las paredes ya destrozadas del palacio. Las explosiones iluminaron la noche, y fragmentos de piedra y madera volaron por los aires, mientras el humo se espesaba como una niebla infernal. El lobo plateado se movía entre el caos como si fuera parte de él, sus ojos brillando con una mezcla de diversión y ferocidad. Shen, recuperándose a duras penas, se puso en pie, su elegante capa carmesí ahora rasgada y manchada de polvo. Su respiración era agitada, pero sus ojos ardían con una determinación venenosa. ¡No eres más que un animal salvaje! gritó shen, su voz quebrándose por la furia. ¡Este palacio es mío, y no permitiré que una bestia como tú lo profane! Garou ladeó la cabeza, su sonrisa macabra ensanchándose. ¿Profanar? Nah, solo estoy redecorando. Con un movimiento fluido, dio un salto hacia adelante, sus garras dejando surcos en parte del piso del palacio. Shen, anticipándose, activó otra de sus trampas. El suelo bajo garou se abrió de golpe, revelando un foso lleno de púas afiladas como espadas. Pero el lobo plateado reaccionó en una fracción de segundo, clavando sus garras en una columna cercana y balanceándose para aterrizar en una plataforma elevada. Desde allí, observó el foso con una risa burlona. ¿Eso es todo lo que tienes, pajarito? Me esperaba más de un "lord".
El pavo real apretó los dientes, su garra temblando mientras sacaba un dispositivo oculto bajo su capa: un pequeño control de bronce. Con un chasquido, lo activó, y las paredes del palacio comenzaron a temblar. Enormes paneles se deslizaron, revelando figuras mecánicas: autómatas de acero con forma de lobos y gorilas, sus ojos brillando con un resplandor rojizo. Cada uno estaba armado con cuchillas giratorias y cañones incrustados en sus pechos. Shen alzó una garra, señalando a garou. ¡Destrocen a esa abominación! Los soldados restantes atacaron con un aullido ensordecedor, avanzando hacia garou como una ola de mar. El lobo plateado no se inmutó. Con un rugido, se lanzó contra el primero, sus garras cortando el acero de la armadura como si fuera mantequilla. El soldado se desplomó en pedazos, los soldados salieron volando por todas partes. Pero los otros lo rodearon, disparando ráfagas de flechas y blandiendo sus cuchillas. Garou danzaba entre ellos, su cuerpo un borrón plateado que esquivaba cada ataque con una gracia letal. Una garra destrozó un cañón, un salto lo llevó a aplastar la cabeza de otro soldado contra el suelo. Shen, desde su posición elevada, observaba con una mezcla de ira y terror. Este lobo no era solo una bestia, era una fuerza de la naturaleza, un torbellino de destrucción que desafiaba toda lógica. Pero el pavo real no estaba dispuesto a rendirse. Con un grito, activó su arma final. Un enorme cañón oculto en el techo, tan grande que ocupaba casi todo el techo del palacio. ¡Muere de una vez, monstruo! rugió, y el cañón disparó un proyectil masivo envuelto en llamas azules, una explosión diseñada para arrasar ejércitos enteros. El impacto fue devastador. El techo entero se sacudió, y una columna de fuego azul consumió el tejado y todo el frente del palacio. Los soldados restantes fueron reducidos a cenizas, y el suelo se agrietó como si un dios hubiera golpeado la tierra. Shen jadeaba, sus plumas temblando mientras escudriñaba el humo. ¿Lo hice? susurró, casi sin atreverse a creerlo. Pero entonces, una risa familiar cortó el silencio. Desde el corazón del cráter humeante, garou emergió, su pelaje plateado apenas chamuscado. Una garra sostenía un fragmento del proyectil, que aplastó con desdén. ¿Eso fue tu gran final? >aunque...par me revivió< gruñó, dando un paso adelante. Shen retrocedió, sus ojos desorbitados. ¡Imposible! ¡Nada puede sobrevivir a eso! Tropezó con su propia capa, cayendo de espaldas mientras garou avanzaba lentamente, cada paso resonando como un tambor de guerra. El lobo plateado se detuvo frente al pavo real, inclinándose hasta que sus ojos quedaron a centímetros de los de Shen. hace rato dijiste que no caes ante bestias, ¿verdad? Su voz era un susurro mortal Vamos a probar esa teoría. Antes de que Shen pudiera responder, garou lo agarró por el cuello y lo lanzó hacia el techo. El pavo real atravesó las vigas de madera, este volvió a caer desde el techo al piso entre una lluvia de astillas. Intentó levantarse, pero garou ya estaba allí, Con un zarpazo final, envió a Shen a estrellarse contra una estatua de jade, que se derrumbó en pedazos sobre él. El palacio estaba en silencio, salvo por el crepitar de las llamas y el eco de los escombros cayendo. Garou se irguió en el centro del salón destrozado, su pelaje brillando bajo la luz de la luna que se filtraba por los agujeros del techo. Los pocos soldados que quedaban, escondidos en las sombras, no se atrevían a moverse. El lobo plateado miró a su alrededor, su sonrisa desvaneciéndose en una expresión de aburrimiento. Qué pérdida de tiempo, el otro dio mas pelea incluso me enseño mas técnicas murmuró.
Par: JAJAJAJAJAJAJA.....prepárate.....aun faltan 3 guerreros mas, y el ultimo si que te dara mucha batalla
Garou: lo que digas, vámonos
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garuo el cazador multiversal
Actiongaruo se encuentra un dispositivo que le permite viajar por dimensiones. Esta historia no es seria aunque le de esos tintes, disfruten y LA ESCALA DE PODER SE FUE DE SABÁTICO CARIÑO
