¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
▂▂▂▂▂▂▂▂▂▂▂▂▂▂▂▂▂
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Estás avergonzando a nuestra aldea —soltó el niño con frialdad, sin mostrar la más mínima expresión—. ¿Ya olvidaste por qué estamos aquí?
Desde lejos se notaba la influencia que tenía sobre los otros dos ninjas de la Arena. El cuerpo de Kankuro temblaba por los nervios, mientras la rubia se mantenía tensa en completo silencio.
Killua frunció el ceño al ver sus reacciones. No hacía falta mucho para darse cuenta: ese niño no era normal.
—Y-Yo lo sé... ¡Pero ellos nos provocaron! ¡Ellos empezaron!...
—¡Mentirosooo! —interrumpió Gon, señalándolo con firmeza, aunque ni siquiera estuvo presente cuando comenzó todo—. ¡Eres un cobarde al que le gusta golpear niños indefensos! ¡Ni creas que esto se va a quedar así!
El ninja extranjero chasqueó la lengua, irritado—¡Mocoso idio-...
—Cállate —ordenó el pelirrojo, alzando apenas la voz. El otro tragó saliva, intimidado por su mirada—, o te mato.
La sed de sangre que emanó fue casi palpable. Killua sintió como los músculos de su cuerpo se tensaban por reflejo. Apretó los puños, sin apartar la mirada de esos ojos vacíos.
—Gon... ni se te ocurra hablar-...
—¡Hey, tampoco es para tanto! —interrumpió el peliverde, frunciendo el ceño—. No deberías hablarle así a tu amigo.
—E-Es nuestro hermano.—aclaró la rubia, haciendo que Gon soltara una exclamación de sorpresa.
—¡Peor aún! Yo no tengo hermanos, pero sé que no se les amenaza a muerte —murmuró, y luego alzó las cejas mirando de reojo a Killua—. Oh, cierto... los hermanos de Killua sí hacen eso. Entonces supongo que es normal.
En un parpadeo, el pelirrojo apareció frente a Gon, observándolo con indiferencia.