Tu nombre ya no es real. Ni siquiera se parece a un recuerdo que fue sinónimo de amor y tormento.
Si vieras tu reflejo, si tú vieras el mío, los desconoceríamos.
Si me encontraras y dijeras que me reconoces, aseguraría que me confundes.
Si pasaras por la misma acera que yo, ni siquiera te vería de reojo, pues ya no iría alucinando con cómo sería encontrarme contigo, en esos de los juegos que le gusta jugar al destino.
Y si bajo el crepúsculo, casi me besas por primera vez, déjame decirte que se convirtió en algo casi onírico.
Qué irreal se siente haberte conocido.
¿De verdad fuimos?
En la historia de otro escritor, tal vez sí estuvimos; en otra dimensión sí fuiste mi hilo rojo y no amamos con la perfección con la que se creó la tierra.
En otro tiempo, en otros cuerpos, probablemente igual me conquistaste con rosas, recados y cartas escritas a mano, pero con la pequeña diferencia de que eras tú el emisor y quien se disfrazaba de mensajero para hacer su entrega a mi puerta.
En otro momento de la historia de la humanidad, también nos veíamos a escondidas, pero para planear cómo pedirías a mis padres permiso, y no para solo compartir un romántico atardecer.
En otra década, yo sí era tu único amor, pese a ser codiciado por y para otras manos.
En otro siglo, crecimos y pediste mi mano porque no querías dejar ir a quien ya conocías y querías seguir conociendo; no te imaginabas cómo sería ser un extraño para quien ya te conocía, y querías que te siguiera conociendo.
Y de seguro, por ahí, en alguna tienda de antigüedades, alguien comprará una foto, gastada por el tiempo, de nosotros, sonriendo, plenos, tú con tu brazo sobre mis hombros como, incluso en esta vida, solías hacerlo.
La verá y anhelará un amor que traspase, además de fotografías, generaciones.
Pero aquí, en estos tiempos en que nada parece ser hecho para ser duradero, bueno, solo fuimos algo que caducó y se degradó algún día de la última década; una foto en un celular que se apagó sin avisar; una rosa de la que no creció un rosal y que envejeció entre las páginas de un libro que se perdió en un autobús.
Aquí y ahora, en este mundo, solo somos aquello que se amo, que se dejó ir y que nunca volvió porque nunca estuvimos hechos el uno para el otro. No fuimos creados en esta vida para ser la excepción a la regla, nada más el resultado común en la sociedad.
Solo fuimos un sueño joven e irreal.
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La huella que dejas
PoetryTodas las historias dejan huella. Gracias, por estar aquí.✨
