34. Balcones que muerden

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VOLVÍ ESTÁIS PREPARADOS?! que lo disfrutéis
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"Lo que no me deja dormir"
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VOLVÍ ESTÁIS PREPARADOS?! que lo disfrutéis ---------------------------------------------------------"Lo que no me deja dormir"----------------------------------------------------------

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Povs Jennie:

No sabía cuánto tiempo pasó desde que salió.
Ni cuántas veces volví a imaginar su cara. La de de V.
La única persona que me había prometido sacarme de aquí, cuando conducía como un loco aquel coche.
La única por la que aún aguantaba respirando este aire asqueroso que olía a perfume caro y podredumbre moral.

Me tumbé boca arriba en el suelo de mármol, notando cómo el frío me traspasaba la piel, buscando cualquier sensación que me hiciera sentir viva... o al menos, real. Porque lo que estaba viviendo parecía más una película enferma que mi vida.

"Obedece entonces."

Sus palabras resonaban en mi cabeza como una cuenta atrás. Y lo peor de todo... era que tenía razón.
Lo había visto. Sabía lo que era esa droga. La forma en la que te dejaba flotando, incapaz de decir que no, de pensar, de resistirte. La forma en la que me había dejado temblando días atrás, cuando creí que me moría... y después supe que era aún peor no morirse.

No podía arriesgarme a que me la volviera a inyectar.
No otra vez.

Así que tenía que ser lista.
Silenciosa.
Y jodidamente rápida.

Me incorporé poco a poco, con las rodillas temblando, pero con la cabeza más clara que en días. Me acerqué al vaso roto que había tirado, uno de los trozos grandes seguía entero, afilado por un extremo. Lo envolví en la sábana para no cortarme y lo escondí bajo la almohada. No sabía si lo usaría contra él o contra mí, pero al menos algo de control tendría.

Después caminé hasta el armario. Lo abrí lentamente, sin saber qué esperar, y fue como entrar en una boutique privada. Ropa cara, lujosa, delicada. Todo elegido para una muñeca, no para una persona. Para su muñeca.
No para mí.

Cerré la puerta de un golpe y volví a sentarme en la cama.

Sabía que vendría esta noche.
Vincent era un cabrón de costumbres.
Y esta habitación no era una celda cualquiera. Era un escenario.

Así que cuando viniera, le daría su espectáculo.

Pero mientras tanto...
Pensaría en el.
En su cara cuando me prometió que me sacaría de aquí.
En cómo me miró justo antes de que nos separaran.
Y en lo que le diría cuando le viera de nuevo, porque iba a volver a verle.

Me dormí con los puños cerrados y el trozo de cristal bajo la almohada. Y con la esperanza, jodida pero intacta, de que mañana algo cambiaría.

Desperté con la sensación de que algo había cambiado. No en el lugar. En mí.
El cuerpo aún recordaba el suelo frío, pero ahora estaba en esa cama gigante que parecía tragarte viva con solo tumbarte.
Y me pregunté si había subido sola... o si alguien me había colocado ahí.

𝑸𝒖𝒆 𝒂𝒓𝒅𝒂 𝑺𝒆𝒐𝒖𝒍Donde viven las historias. Descúbrelo ahora