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Jeonghan no entendía el poder de la ausencia. ¿Por qué cuando no estaba en su vista era cuando más le anhelaba?

Nunca se había sentido tan pesado volver a la rutina de siempre, y cuando intentaba encontrar la razón del sentimiento, prefería ocultar su enrojecido rostro en sus manos. En sus casi treintas años Jeonghan había intentado casi todo, había conocido a todo tipo de personas, visitado muchísimos lugares donde no solo trabajo también se aventuró con muchos hombres y a pesar de que eran lugares hermosos y hombres hermosos nunca sintió la necesidad de volver a ellos.

¿Por qué de todos los malditos lugares tenía que ser el lugar que tanto había detestado? El lugar que había jurado más nunca volver a pisar, y ahora su mente le torturaba porque deseaba volver allí.

En un continente diferente, no tendría siquiera la posibilidad de encontrárselo por accidente. No había pensado en la distancia que existiría entre ellos hasta que él ya no se encontraba a su alrededor, ni siquiera a una hora de distancia. Extrañarlo lo hacía real.

Se vio en la necesidad de planear un horario por esas sietes horas de diferencia que había entre ellos. Sabía justo cuando debía llamarle para no molestar sus horas de sueño, y para su sorpresa Seungcheol siempre contestaba.

— Buen día. — El adormilado Jeonghan sonreía hacia la cámara cuando por fin pudo ver su rostro. La medianoche había llegado a París mientras el sol iluminaba todo Corea.

— Buenas noches. — Los hoyuelos de Seungcheol resaltaban frente a la cámara.

La llamada solo hacía terminar para que Seungcheol esté impaciente por volverle a llamar. Esa llamada se había vuelto un hábito para ambos, a veces era Seungcheol que se encontraba en su cama listo para dormir y Jeonghan se preparaba para empezar el día, y muchas veces ambos se veían al despertar y justo a la hora de irse a dormir.

Seungcheol encontró la manera de llenar aquel espacio que le pertenecía a Jeonghan haciendo algo nuevo. Le avergonzaba admitirlo porque había pasado toda su vida odiándolo en voz alta, sin embargo cuando decidió empezar Jeonghan era lo único que pasaba por su cabeza.

Aunque él había sido su motivación, no encontraba forma de decirle.

— Te extraño.

— Ya sé. — Jeonghan respondía con una sonrisita de satisfacción.

Estaba sentado en el suelo de la sala de estar, tenía una mascarilla en su rostro con forma de panda, y devoraba una sopa instantánea picante a altas horas de la noche mientras que Seungcheol arreglaba su cabello hacía atrás. Aquella mañana se encontraba tan elegante, lucía un costoso reloj y un blazer que le quedaba de maravilla.

— ¿A dónde vas? — Jeonghan le preguntó, su mirada exploraba más de la cuenta mientras que su mente le torturaba por lo que se encontraba imaginando.

— Tengo un desayuno con mi madre. — Le respondió una vez sostuvo el celular, y decidió sentarse en el borde de la cama.

— Aburridoooo. — Jeonghan arrastró la palabra lo más que pudo.

— Ya sé, y luego tengo una de esas absurdas citas.

— ¿Una cita? — La mascarilla se cayó una vez se movió bruscamente hacia la cámara, sorprendido por la palabra, no pudo evitar aquel tono celoso.

La expresión en el rostro de Jeonghan hizo que Seungcheol soltara una carcajada. — Mi madre la planeó.

— ¿Por qué te pones tan guapo entonces? — Jeonghan le preguntó, el tono berrinchudo le delataba. — ¿Estás tan desesperado por una esposa?

Big Reputation | JeongcheolHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora