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Jeonghan se encontraba al otro lado del mundo. Quién más iba a apoyar al tonto de Seungcheol en su tour por Asia sino aquel que siempre se escondía de los millones de fans que llenaban los estadios solo para ver a Scoups.

Verlo en el escenario siempre le revoloteaba el corazón. Era su momento, su gran momento de brillar y dar todo de si mismo en el escenario. Concierto tras concierto Jeonghan entendía que Seungcheol pertenecía al escenario. Entendía porque Seungcheol nunca renunciaría a su carrera por el legado que su madre quería tirarle encima.

Scoups era libre, Seungcheol no.

La lucha constante de Seungcheol contra su madre, un matrimonio perfecto, un hijo perfecto, un legado que mantener. El prestigio de Atelier colgando entre los dedos de un no tan prestigioso Seungcheol que deseaba gritar, romper toda tradición, y escapar. Su manera de lograrlo fue a través de la música.

Ir en contra de todo lo que su madre alguna vez deseo para él era su mayor propósito pero no había fuerza tan grande para cumplir un deseo si se mantenía en el mismo lugar. No encontraba fuerza para luchar contra ella porque lo que hacía cuando se miraba al espejo era ver el reflejo de su madre en su rostro.

Reconocía que tenía los ojos de sus madre como todo el mundo le decía pero cuando miraba los ojos de Jeonghan entendía que tenía el corazón opuesto.

Aquella noche de año nuevo ambos se entregaron una parte del otro que nunca pensaron dar a alguien más. Esa respuesta que buscamos cada vez que amamos a alguien. ¿Qué fue de tu vida sin mí? ¿Quién eras?

Jeonghan no tardó en volver a Corea para el último concierto del tour de Seungcheol porque necesitaba estar ahí para él. La batalla que se formó en su interior durante meses para luchar contra su necesidad de estar lo más de su Seungcheol se acabó una mañana en el primer día del año.

Seungcheol recostado de su hombro, y las piernas de Jeonghan sobre las suyas. La calidez reposaba entre ambos de los cuerpos cuando descansaban en uno de los sofás del balcón, Jeonghan fue el primero en abrir sus ojos.

Al respirar, finalmente consciente, miró a su alrededor. A la primera luz que llenaba la ciudad de Paris, sus amigos rendidos en el balcón, el desorden de las copas de vidrios completamente vacías, un año nuevo que entraba con una fresca brisa que cosquilleaba los huesos de Jeonghan y estrujaba su corazón.

Su mente estaba vacía. No podía pensar en nada más que en esa noche de año nuevo donde fue sorprendido por sus amigos y el chico que lo tenía con la cabeza en las nubes. No había incertidumbre en sus pensamientos, solo la seguridad de que quería vivir y sentir aquello por lo que restaba de su vida.

Una mañana de año nuevo, Jeonghan abrazó sus sentimientos e hizo las paces con el amor.

— ¿Puedes llenar esa nevera, por favor? — Seungcheol se encontraba listo para ir al aeropuerto. Vestía un abrigo verde que le quedaba perfecto a pesar de ser holgado, enredaba la bufanda roja de Jeonghan en su cuello para mantenerse cálido porque Jeonghan se lo pidió y ahora se encontraba amarrando los cordones de sus negras botas.

— Haré lo posible. — Jeonghan rodaba los ojos con sus brazos apretado contra su pecho con una molestia que no permitía relajar su expresión. — Déjame llevarte al aeropuerto, por favor. — Insistió por quinta vez, su pie ansioso chocaba contra la madera, claramente irritado.

— Quédate en casa, por favor. — Seungcheol se detuvo frente a él sosteniéndolo de los brazos.

— Por favor. — Jeonghan repetía en su inútil intento de convencerlo, Seungcheol no tardó en reír.

— ¿Cuántos 'por favor' tendrá esta conversación? — Le preguntó aún riendo mientras Jeonghan hacía berrinche contra su pecho. Lo arropó en un abrazo fuerte, sus brazos lo rodearon y meneó su cuerpo de un lado a otro.

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⏰ Última actualización: Aug 05 ⏰

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Big Reputation | JeongcheolHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora