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Joshua siempre había sido una persona perfeccionista, muy demandante sobre absolutamente todo lo que había en su camino, por ello siempre era el presidente de la clase, líder de su grupo de amigos que confiaban en él plenamente porque todo lo que estaba en sus manos estaría perfectamente bien.

Joshua nunca se quejó de que sus amigos buscaban solucionar sus problemas con él porque siempre tenía una respuesta, su abuela le decía que una computadora inteligente manejaba su cabeza, porque no importaba que tan difícil sea la situación, Joshua encontraba un camino para salir de lo que sea.

Nunca se había afectado por las situaciones que le ocurrían, ni siquiera cuando sus padres fallecieron cuando tenía una corta edad o cuando su hermano mayor le repetía que no importaban sus esfuerzos nunca iba a tener una oportunidad.

Joshua insistía, persistía y luchaba contra las pocas posibilidades de ser algo más que un chico pobre de bajo campo. Su abuela quien lo ayudó y lo empujó a continuar con sus estudios sonreía al ver al muchacho roncar en su escritorio, lo levantaba somnoliento para ayudarlo a llevarlo a la cama, y lo acunaba entre las pocas sabanas.

Su futuro estaba claro, lo había planificado a la perfección, incluso aquel gato naranja que imaginaba en su departamento con un hombre al que amaba. Planeaba casarse después de cumplir sus sueños, sabía que tan revoltoso podía ser enamorarse por como sus amigos actuaban como estúpidos, y él no debía desconcentrarse.

Llegar a Europa fue con sudor y lagrimas, una pasantía que se había ganado por obtener la mayor calificación en uno de los examenes más importantes.

Estaba solo y feliz.

Una cámara fue su mejor acompañante porque fotografiaba todo, lo que deseaba hacer cuando el dinero fuera suficiente en su bolsillo y los lugares donde planeaba los besos que se daría con alguien.

Era joven, en sus veintes y con la mente enfocada en trabajo.

Era principiante en los negocios, pero toda la teoría estaba en su mente.

Nunca había sido un metiche o al menos no le gustaba esa palabra para lo que él hacía. En la empresa donde hacía su pasantía, habían un par de rostros desconocidos, unos preciosos modelos que acaparaban la atención de todo el mundo, pero había uno que era el ejemplar, lo que todos anhelaban ser.

Joshua quería verlo de cerca, quería entender de que se trataba todo el alboroto sobre este modelo que se manejaba como si de un robot se trataba. Decían que hasta pensaba en sus expresiones faciales, estaban seguro que las practicaba en el espejo antes de salir de su casa, y las teorías eran infinitas porque nadie entendía de donde había salido pero lo que sí entendían era porque era el príncipe de Corea.

Nunca se había imaginado que el botón del último piso sería tocado por él, ni que daría unos cuantos pasos en la oficia del CEO, ajustó la corbata lo más que se le permitía, y se había encargado de que su imagen fuera la perfecta para encontrarse allí, tenía tanto miedo porque su pasantía estaba a punto de terminar.

— Jeonghan te escogió. 

Joshua se cansó de insistirle a Jeonghan por una razón, deseaba entender el por qué había tomado esa decisión, por qué él y aunque nunca obtuvo una respuesta de su parte, entendió que Jeonghan buscaba a alguien que entendiera lo que se sentía estar completamente solo en un país desconocido. Jeonghan buscaba una familia.

Fue el hombro de Jeonghan en muchas ocasiones y en otras veces no sabía como Jeonghan seguía. Pelearon por muchísimas cosas y se disculparon por muchísimas cosas más porque era jovenes y muy similares pero Jeonghan se daba la libertar que Joshua no podía, eso nunca lo molestó pero por más fríos calculadores que eran, Jeonghan tenía una debilidad por el amor.

Big Reputation | JeongcheolHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora