Erin:
¿Quién se ha creído ese idiota que es? Cómo puede tratarme así como si nada estuviera pasando y hacerme pasar por tonta cuando perfectamente entiendo que nada va bien.
Me secuestró.
Me tiene cautiva.
No me explica lo sucedido.
¿E intenta besarme?
¿Es que acaso no está bien de su retorcida cabeza?
Estoy furiosa, muy furiosa, no sé quién se ha creído que es para tener derecho sobre mi, pero no pienso ponérselo fácil, el no puede ordenarme y pretender que haré lo que diga cuando lo diga y como lo diga. Soy una persona, no un puto objeto.
Camino por el corredor de la enorme mansión tratando de encontrar la habitación en la cual me desperté, por suerte, tengo buena memoria y grabé los detalles que tenían las decoraciones del pasillo por el cual había salido en busca de el estúpido y engreído hombre dueño de todo este sitio.
Este lugar, a pesar de no conocerlo y no haberlo recorrido me atrevo a decir que es inmenso. Abro la puerta de la habitación y la cierro con un poco más de fuerza de lo necesario, intentando descargar mi enojo de alguna forma, me recargo en esta y no evito sopesar los minutos anteriores con total frustración.
Joder.
Estoy asustada, nerviosa, iracunda, y sobre todo confusa porque no tengo ni una puta idea de que pueda estar sucediendo, solo tengo un amargo presentimiento posado en mi estómago, y las ideas que rondan mi cabeza son como buitres al acecho, esperando por la mejor oportunidad para torturarme por mis errores, sin descanso alguno.
Y para colmo, el muy idiota evade mis preguntas como si no tuviera derecho a saber lo que verdaderamente está sucediendo. Debería darle una lección por ello, y lo haré.
Cierro los ojos liberando un suspiro breve, en busca de calma o al menos tratando de mantener la poca cordura que me queda, intento contener el enojo y poniendo mi empeño en pensar que voy a hacer, como podría conseguir volver a tener una vida medianamente normal, tan aburrida y monótona como la de otros.
Pero desgraciadamente esas cosas no están hechas para mí, la vida se empeña en hacerme vivir en una montaña rusa, a cada vuelta un nuevo desafío.
Estoy atrapada, otra vez, y está vez no hay escapatoria, en todo momento busco la lógica y ser guiada por la razón, soy una mujer astuta, siempre supe enfrentar cualquier situación. Obviamente no me esperaba algo como esto.
Que un mafioso engreído y demasiado poderoso se obsesionara conmigo no entraba dentro del guión.
Me sobresalto al sentir unos toques leves en la puerta, despego mi espalda de esta y abro encontrándome con la sirvienta a la cual pedí ayuda para encontrar el despacho de Artyom, no agradecí su ayuda ahora que lo recuerdo, las mejillas se me enrojecen un poco debido a la vergüenza que siento.
—¿Si?—digo con un tono bajo y curioso por saber que tiene para decir
—Mi señora, el señor me ha indicado avisarle que la espera en el salón—su voz es apenas un susurro, su cabeza se mantiene todo el tiempo por lo bajo y sus manos tiemblan ligeramente, aunque intenta parecer calmada no lo está, frunzo el ceño por su actitud, aún así decido reservar mis pensamientos solo para mí
—Muchas gracias por avisar, pero le puedes decir a tu señor que reniego su invitación y no pienso salir de aquí a ninguna parte hasta que se digne a darme una jodida explicación. Y si es tan amable comuníqueselo tal y como se lo he dicho.
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PERVERSO
Romance¿Qué se siente lo prohibido? Una pregunta que todos hacen pero pocos tienen el valor de responder por sus propios medios. Una noche. Un club. Un baile. Y unos ojos grises que prometen poner el mundo de rodillas si así lo pides. >>El deseo se convir...
