CAPITULO 13

5 0 0
                                        

Moisés Borelly

Corrí al escuchar las detonaciones, con Matías pisándome los talones. Las sirenas de las ambulancias aullaban a lo lejos y las patrullas cercaban el perímetro. Al salir del edificio, me topé con una escena desgarradora: Cloe yacía en el pavimento del estacionamiento, rodeada por las pertenencias de Yaqui. Sin embargo, ella no aparecía por ningún lado; mi mente se inundó de presagios funestos. Me aproximé a toda prisa y observé a los paramédicos asistir a Cloe.

—¿Cómo se encuentra? —pregunté al alcanzar la camilla.

—Ha perdido demasiada sangre; presenta dos orificios de entrada y solo uno de salida —respondió el paramédico mientras la canalizaba—. Su estado es crítico, no sabemos si sobrevivirá. La trasladaremos al hospital más cercano.

Se abrió paso hacia la ambulancia y vi cómo se alejaban con la sirena encendida, cortando el aire. Volví la mirada hacia la escena y divisé a Matías conversando con uno de mis hombres. Me dirigí hacia ellos a paso veloz.

—Al parecer, se han llevado a Yaqui —dije, posando una mano sobre su hombro.

Él solo atinó a pasarse la mano por el rostro, desde los ojos hasta la barbilla, en un gesto de profundo abatimiento.

—¿Cómo ha podido ocurrir esto? —exclamó, asestando un golpe seco contra la reja del estacionamiento.

Lo comprendía perfectamente. Su furia y frustración eran legítimas.

Yaqui. Era una mujer dotada de tantas virtudes... De esas personas que carecen de la capacidad de definirse a sí mismas, es cierto, pero que poseían un magnetismo innato. Tenía el don de cautivar a cualquiera; su sola presencia bastaba para enamorar.

No comprendo por qué sigo pensando en ella de esta forma. El simple hecho de evocar su sonrisa, el modo en que sus ojos pardos se achinan cuando ríe, o ese aroma dulce y peculiar que deja a su paso...

«¡Basta, Moisés!», me recriminé, dándome bofetadas mentales. Ella está comprometida; si me acerco más de la cuenta, esto se convertirá en un problema irreversible.

—Matías, te entiendo, pero debes mantener la calma. La encontraremos, te lo juro —le aseguré, esforzándome por silenciar mis propios pensamientos. Le apreté el hombro intentando transmitirle serenidad—. ¡Vamos! Acompáñame a la comisaría; tomaremos medidas drásticas.

Nos dirigimos a la estación para solicitar refuerzos y desplegar una búsqueda exhaustiva. Pedimos apoyo a los municipios aledaños para que estuvieran alerta a cualquier actividad inusual. Muchos de ellos aceptaron, e incluso, otros se unieron activamente a la búsqueda de nuestra víctima.

Tras días de repartir volantes y agotar las líneas iniciales de investigación, recibí una pista clave: un pueblo recóndito al sur de la ciudad oculto en las montañas. Un paraje idílico, sí, pero casi sin tránsito. Mi equipo y yo ya organizabamos la incursión para monitorizar la zona.

Antes de partir, decidí pasar a saludar a Cloe, pero al llegar escuché sollozos. Toqué la puerta y con cautela, la abrí un poco.

¡Dije que te largues! ¡No quiero verte! - Cloe escupió, molesta y con un quejido de tristeza apenas perceptible.

Lamento no ser él o ella para que descargues toda esa ira tan notable en tu voz, pero debo hacerte unas preguntas, Cloe - advertí.

Ella no esperaba que fuese yo. Al girarse, pude notar de inmediato lo rojo que estaba su rostro a causa del llanto.

Lo siento, ha sido duro para mí escuchar que Yaqui todavía no aparece - dijo en un susurro, casi inaudible.

Yo sabía que mentía. ¿Qué había pasado justo antes de que llegara?

INTRUSOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora