CAPITULO 14

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Cloe

Al parecer, el paradero de Yaqui seguía siendo un misterio después de 2 semanas. ¿Qué habría pasado con ella? Nadie sabía dónde se encontraba, y la policía estaba agotando sus "recursos".

Mis ojos pesaban por el cansancio; la falta de sueño solo me permitía imaginar lo peor para mi mejor amiga y el dolor que su familia debía estar atravesando. Era una situación traumática para todos los que estábamos a su alrededor.

Matías había estado ausente en los últimos días. ¿Qué estaría tramando? No es que deseara su presencia, pero teníamos a una persona en común. Mi odio visceral hacia él no debía impedirme encontrar a Yaqui.

Las horas pasaban lentamente. Esperábamos al forense, quien había informado sobre el hallazgo de un cadáver con facciones femeninas que coincidían con la estatura de Yaqui. Sin embargo, el médico había advertido que, a causa de la putrefacción, era imposible el reconocimiento a simple vista. Imaginen estar en una sala de espera, a solo metros de la morgue, aferrándose a la esperanza de que el reconocimiento dental no concordara con la persona que llevábamos semanas buscando.

***

—Señora Monroe, ¿me permite unos minutos? —dijo el asistente, dirigiéndose a la madre de Yaqui.

Ella se levantó de la silla con la dignidad que le quedaba y se encaminó al escritorio. Él comenzó a hacerle preguntas mientras que el señor Monroe, una de sus hijas y yo la esperábamos a unos cuantos metros de distancia.

—¿Podría describirme si Yaqueline llevaba consigo alguna marca, como un lunar o algún tatuaje que hiciera más fácil la identificación? —preguntó el asistente a la señora Monroe.

Si para mí era difícil contener la respiración, no quería imaginar lo que era para los padres.

—Espero que sea ella. Quiero darle un lugar para que pueda descansar en paz. Mi pobre pequeña... no creí encontrarme en esta situación algún día —dijo el padre de Yaqui.

El dolor de sus palabras era casi palpable en el aire; sus ojos habían perdido el brillo que siempre tenían cuando la familia estaba completa. Nadie lo tenía. Para ser honesta, la que parecía tener más fuerza en ese momento era la señora.

—Mi hija no tenía tatuaje alguno —respondió ella, dirigiéndose al hombre castaño de tez morena.

En ese momento, sacó de su bolso una foto de Yaqui en la playa: lucía un traje de baño de dos piezas color verde y, en su tobillo izquierdo, llevaba una pulsera color rojo con dijes de pequeños ojos.

—Jamás se desprendía de aquella pulsera. Decía que la protegía; sentía una profunda conexión con las culturas y se aferraba a sus tradiciones, aunque, por lo visto, no le sirvieron de mucho. - Al pronunciar esto último, su voz se cargó de una evidente mezcla de dolor y desencanto.

—Espere, ¿dijo una pulsera roja? —espetó el asistente, visiblemente confundido.

—Sí, ¿hay algún problema? —La señora Monroe descansó ambas manos sobre el escritorio, sosteniendo la mirada

Él solo acertó a hacer una llamada. A través del silencio tenso, solo logré escuchar un apellido: Borelly.

***

Borelly

Voy en camino.

El asistente del forense me había dado una buena información: la pulsera de la evidencia pertenecía a Yaqui. Esto significaba que ella pudo haberse defendido de su atacante, y que el hombre empalado estaba relacionado con el caso.

Había recibido noticias sobre personas desaparecidas, pero ninguna de ellas era Yaqui. Me dirigí lo más rápido posible al lugar donde estaban ellos para hacer preguntas que, quizás, les devolverán recuerdos muy dolorosos, pero la información era necesaria.

Al llegar, me encontré con unos padres desconsolados. Rogué que no se tratase de Yaqui.

—Señor y señora Monroe, buenas tardes —me dirigí a ellos, extendiendo mi brazo para el saludo.

—¿Es cierto? ¿Es posible que nuestra hija esté viva? —me preguntó el padre con lágrimas en los ojos mientras recibía mi saludo.

—No me siento en posición de decirles si ella está con vida, pues no sabemos con certeza si se trata de un rescate o de una recuperación —dirigí mi mirada hacia Cloe, que se encontraba a su lado—. Como les mencioné, si no hay respuesta alguna de los secuestradores, es posible que ella no esté viva.

Pude notar el dolor en sus ojos ante mis palabras, pero debía ser honesto con ellos. Mi trabajo me había enseñado que es peor engañarlos que darles esperanzas infundadas.

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⏰ Última actualización: May 01 ⏰

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