¿WHATS WRONG WITH ME? [Chapter 12]

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-Estás mal de la puta cabeza. -Bill se quejó mientras se sostenía la mejilla izquierda. Enrojecida por el golpe que Jessica le había dado tan solo unos minutos atrás. Su tono denotaba irritación, pero por sobre todas las cosas escondía una vergüenza detrás de cada palabra. Algo que la pelirroja pudo notar, pero no entender.

-Te dije que me lo dieras. -Ella masculló mientras levantaba el libro del suelo con brusquedad. Como si los apretones al pobre cartón pintado entre sus manos fueran a desvanecer la furia que sentía repentinamente.

Ambos se mantuvieron la mirada unos segundos. Pasaron lentos, como si cien años se escondieran en cada centésima. El pecho de Jessica subía y bajaba con rapidez, dudando si se arrepentía de lo que acababa de hacer. ¿Bill? La miraba con una expresión que ni siquiera él mismo mirándose en el espejo podría descifrar.

La joven corrió hacia la puerta, escapando de aquella escena tan intensa sin mirar atrás. No bajó la velocidad en el corredor, sus pies chocaban con el suelo a cada paso brusco que daba. No había nadie en la escuela, nadie saliendo de los salones, nadie... y aunque aquello debió darle paz solo sintió que se ahogaba entre las paredes lisas de aquel lugar.

¿Qué mierda le pasaba? No a él sino a ella. No se preguntó por qué él había dicho eso, por qué le había rozado la cintura con la punta de sus dedos, por qué sonrió con orgullo después de que ella se quedara sin palabras. Se cuestionó a sí misma y por qué había dejado que aquello significara más que una simple discusión en su repertorio. Lo odiaba, ella sabía que era un idiota y que no tendría forma de cambiarlo ni aunque quisiera, pero el tan solo hecho de que estuviera pensando en ello sugería demasiadas cosas.

Se lavó el rostro, tratando de empujar los pensamientos que acechaban su mente tan de repente e incisivamente. Hasta que lo vio, reflejándose en el espejo enfrente suyo. ¿Se estaba volviendo loca?

-Olvidaste tu bolso. -Él lo dejó sobre la encimera de mármol a su lado. Su semblante era distinto, esa media sonrisa que parecía traer tatuada en el rostro se había desvanecido.

-Bien. -Ella dijo mientras lo tomaba, colgándoselo del hombro mientras le esquivaba la mirada. -¿Eso es todo? -Sus palabras eran duras, casi igual de hirientes que el tono de su voz. Bill hizo una mueca, acariciando la parte interna de su mejilla con su lengua. Soltó una risa, aunque tenía todo menos humor en ella.

-Podrías decir gracias al menos ¿Sabes? -Él instó, su mejilla aún estaba roja por el golpe. ¿Qué demonios hacía insistiendo por su atención? Bill nunca había actuado de esa manera, jamás habría dejado su orgullo de lado por algo como esto. Jessica tragó con fuerza.

-¿Por qué? Hiciste lo mínimo que un ser humano con un poco de decencia haría. -Su mano apretó la tira de cuero que colgaba sobre su hombro, aferrándose a su bolso como si el objeto pudiera salvarla de aquella tensa incomodidad. Ni siquiera sabía por qué estaba siendo tan cruel, quizás era una forma de alejarlo, a él y a esa estúpida aura de superioridad que llevaba consigo a cualquier lugar.

-Eres... -Él abrió la boca para decir algo pero pronto la cerró. Tragando duro como si las palabras que había guardado estuvieran físicamente deslizándose por su garganta. La miró un poco más, esperando algo de ella aunque no sabia exactamente que. Y así se fue, desapareciendo por la puerta y posteriormente el corredor.

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Esa tarde, aunque no era el horario habitual de visitas, Jessica fue al hospital. Acarreaba consigo el skate que hacía rato pedía a gritos descansar en paz. Saludó a Beatrice rápidamente, esta atrapó la patineta entre sus manos mientras la escondía bajo el mostrador. La pelirroja se adentró entre los corredores del hospital, encontrando la habitación de la única persona que parecía entenderla además de su atareado padre.

-Llegó mi persona favorita. -Dijo la mujer mientras se acomodaba el pañuelo en la cabeza. Tenía flores de colores suaves dibujadas en él, atado detrás de su cabeza con algo semejante a un lazo. Jessica le sonrió.

-Tía... -Dijo mientras se sentaba a los pies de la camilla. Poniendo su mano sobre la pierna de la mujer. Su pulgar trazaba círculos dulces mientras la miraba.

-¿No se suponía que vendrías mañana? -Preguntó mientras se aclaraba la garganta. -No te estoy echando, no empieces con tus lloriqueos. -Dijo antes de soltar una pequeña carcajada, ese sonido que aún la hacía parecer viva. Fuerte y real entre tantas sesiones de quimioterapia, médicos exhaustos y fármacos variados.

-Sí, no lo sé, solo necesitaba verte un rato. -Ella dijo, mirándose los muslos mientras le hablaba.

-¿Qué te pasó, Jess? -La mujer preguntó, extendiendo su mano para tomar la de la pelirroja aunque no estaba a su alcance. -¿Necesitas hablar?

-No lo sé. -Dijo ella encogiéndose de hombros. -Siento que fui demasiado grosera con alguien. -Ella simplificó miles de sentimientos que se le enredaban en el estómago en tan solo esas palabras. Levantó la mirada, para encontrarse con los irises grises que la habían criado gran parte de su vida. -No es como que él sea muy agradable conmigo tampoco... -Se rió mientras negaba con la cabeza.

-Si sientes que lo que hiciste estuvo mal... -La mujer comenzó, mientras la miraba. Jessica estiró su mano para al fin encontrarse con la de su tía. -Aunque yo creo que ningún hombre merece disculpas, porque ya sabes, siempre se equivocan... -Ella dijo con una sonrisa divertida, como siempre solía tener en sus labios. -Deberías compensárselo. -Instó. -No por él, sino por ti... el arrepentimiento es lo peor que se puede sentir.

-Tienes... -La pelirroja asintió. -Tienes un punto. -Dijo finalmente y sonrió.

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Mientras la joven salía de la habitación, todo el personal del hospital estaba haciendo el cambio de horario. Corrió hacia la recepción, encontrándose con un chico de cabello castaño en el lugar de Beatrice. Su rostro le resultaba conocido, ya lo había visto antes en otro lugar. El joven la miró, parecía recordarla también.

-Hola... ¿Jessica? -Él levantó una ceja dubitativamente, como si tratara de adivinar su nombre.

-Sí. -Ella dijo con una sonrisa, confundida ante la interacción. Se quedó viéndolo fijo, sin preguntar pero esperando que explicara el porqué sabía su nombre.

-Sí, claro, mierda, uhm. -Se puso nervioso, una sonrisa amplia se dibujó en sus labios mientras negaba con la cabeza. Jessica también sonrió. -Estamos en la misma clase de música. -La pelirroja asintió. -¿Es muy creepy que recuerde tu nombre?

-No, para nada. -La joven sacudió la cabeza, aún tenía la sonrisa plasmada en el rostro. -A menos de que también te sepas mi dirección, el nombre de mis padres y algún otro dato personal.

-Bueno, no lo sé de memoria, pero podría acceder a él con facilidad. -Dijo él mientras señalaba la computadora sobre el mostrador. Su sonrisa perfecta, adictiva para sus ojos, como las estrellas cuando brillan con la caída de la noche.

-Sí, bueno, mejor que no lo hagas. -Ella respondió y ambos rieron. -Oye, dejé mi skate detrás del mostrador, Beatrice siempre lo guarda para mí... ¿Podrías devolvérmelo? -El joven asintió, tendiéndole la patineta con cuidado. La sostuvo con una mano sola, era fuerte y se notaba en lo fornido de sus brazos.

-Ahí tienes. -Él susurró finalmente. -Nos... ¿Nos vemos en clase? -Preguntó con algo de timidez, la sonrisa aún grabada en su rostro como algo imposible de borrar. Jessica asintió, olvidando por un momento la intensidad del día que acababa de terminar.

-Nos vemos... -Ella se detuvo al final de la frase y él entonces la completó.

-Oliver. -Dijo. -Oliver Collins.

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𝐎𝐡! 𝐌𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐢𝐧𝐠 / ᴮⁱˡˡ ˢᵏᵃʳˢᵍåʳᵈ ˣ ᶠᵉᵐ ᴼᶜDonde viven las historias. Descúbrelo ahora