TRUCE [Chapter 13]

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- ¿Qué hiciste que? - Meredith abrió los ojos y estalló en una carcajada al oír el relato de la pelirroja. - ¿Enserio lo golpeaste?

- Bien, Mer, no estás siendo de ayuda. - Jessica se peinó el cabello detrás de las orejas, justo como hacía cada que los nervios parecían apoderarse de su cuerpo.

- Oye, relájate, Shields. - La rubia hizo un ademán con la mano derecha mientras la miraba.

- ¿Quién mierda es Shields? - La pelirroja balbuceo mientras se cruzaba de brazos.

- Es la boxeadora más famosa del mundo, pero ya no me sorprende que no lo sepas. - Meredith rodó los ojos mientras dejaba escapar una leve sonrisa. - Eres una perra inculta.

- Me siento culpable. - Jessica se dejó caer sobre la silla que se encontraba a un lado de su mejor amiga. El salón de música estaba vacío los martes por la tarde, así que ambas se habían escabullido luego de la clase de filosofía para charlar un rato a solas. - Fue demasiado.

- Bueno... la agresión física, aunque es divertida, no es bienvenida normalmente por el atacado... - La rubia se encogió de hombros. - Aunque mate tu ego, tal vez deberías pedirle perdón o algo.

- Dios. - La pelirroja sacudió la cabeza. El mero hecho de aceptar un error frente a él, mierda, de disculparse por algo como esto...
Sentía que su dignidad estaba al menos tres metros bajo tierra. Pero tenía que hacerlo. No solo porque se sentía una maldita loca con el puño flojo, si no porque sabía que la integridad de los secretos de su más cercana amiga corrían un inmenso peligro si no lo hacía.

Como llamado por algún destino divino, aunque sin las luces brillantes y la aureola sobre su cabeza, Bill abrió la puerta del salón. Tras el caminaba Ambrose, quien infló las mejillas ahogando una risa apenas pudo divisar al par de adolescentes en la habitación.
El sueco apretó la mandíbula y Jessica tragó con fuerza al instante en que ambos hicieron contacto visual.
Si, ella quería disculparse, pero no así. Definitivamente no así.
Ni siquiera estaba segura de que le diría. Que palabras utilizaría para sonar amable, más no como una estúpida que no tiene ni una pizca de orgullo en su pecho.
Pero aunque detestaba la idea de sincerarse justo en ese momento, sabía que si no lo hacía cuanto antes el tiempo seguiría construyendo una barrera aún más difícil de afrontar.

- Yo... tenía que reunirme con Fab para algo de Inglés... - Meredith divagó mientras se levantaba torpemente de su asiento para abandonar el salón. Ambrose la siguió con exagerado entusiasmo, casi como si ella pudiera guiarlo a la salvación eterna.

Bill ignoró la presencia de Jessica. Ni siquiera la llamó por ese apodo sueco que solía darle. Eso ardió en el cuerpo de la pelirroja como los cortes que hacen las hojas de un libro si te entusiasmas al pasar la página, de manera inesperada, ilógica, incluso desesperante.
Caminó hacia las guitarras, con la intension de tomar una lo más rápido posible y huir de ese manojo indestructible de tensión que iba creciendo con el pasar de los segundos que ambos compartían en la misma habitación.
Se arremangó la camiseta, subiendo las mangas hasta los codos. Buscaba concentrarse en todo menos en la presencia de la pelirroja que no suponía más que un incómodo disturbio en su rutina.

- Bill... - Jessica se aclaró la garganta. Sus dedos jugaban con el borde de su falda mientras se ponía de pie. El la ignoró. - Bill... - Pudo ver como su nuez de Adán subía y bajaba con fuerza.

- ¿Qué pasa, Jessica? - Mierda. Nunca en estos terribles años de convivencia forzada Bill Skarsgård había sonado tan... tajante.

- Quería hablar contigo. - Ella se acercó, mirando hacia cualquier lado menos el rostro del castaño. Si ya estaba avergonzada por tener que disculparse, ver sus ojos llenarse de satisfacción ante su pérdida total de orgullo era lo último que quería. - De... lo que sucedió ayer.

- ¿Qué quieres decirme exactamente? - Bill apoyó la guitarra nuevamente en el trípode, cruzando los brazos sobre su pecho y apretando con fuerza su agarre. - ¿O quieres golpearme de nuevo? - Dijo con un sarcasmo más frío de lo normal.

- No seas idiota ¿Quieres? - Era tan difícil ser amable con el. Y ella realmente estaba poniendo todo su empeño.

- Genial. - El se acarició el interior de la mejilla con la lengua mientras soltaba una carcajada sarcástica. - ¿Viniste a seguir insultándome?

- Tampoco es como que seas un santo. - Ella se defendió. Ahora si, ambos se miraban a los ojos. - Si. Me equivoqué, pero tú no te quedas atrás.

- ¿Enserio estás comparando un par de bromas sarcásticas con golpearme? - El levantó una ceja y Jessica sintió que se le secaba la garganta.

- Mierda. - Se quejó. - Quería pedirte disculpas pero ni siquiera puedes estar 10 minutos sin tratarme como la mierda. - Le sostuvo la mirada unos segundos más, antes de lanzar un suspiro frustrado y voltearse para comenzar a caminar hacia la puerta.

- Mierda. - La voz de Bill fue como un eco de la suya mientras le tomaba la muñeca. La mano firme se enrollaba en su suave piel. Pudo sentir las callosidades en las puntas de sus dedos y supo que se debían al uso diario de la guitarra. - Mhm... ya, lo siento. - La pelirroja se giró, recuperando el contacto visual entre ambos.

¿Acaba de disculparse? Esto no tiene puto sentido. Pensó.

- Está bien. - Ella suspiró. - Yo también siento lo del... golpe. - Hizo un ademán con la mano, señalando la mejilla del castaño que la miraba inclinando el rostro hacia abajo debido a la gran diferencia de altura.

- Esta olvidado. - El asintió. Esa amabilidad entre ambos era algo tan poco común que Jessica juro que al llegar a casa marcaría el día en el calendario.

- Quería proponerte una tregua. - Bill aún mantenía el agarre en su muñeca, pero ninguno de los dos pareció notarlo. Quizá era por lo embebidos que estaban en aquella conversación o por la repentina amabilidad entre ambos, pero el gesto se volvió parte de la interacción con una extraña pero refrescante normalidad.

- ¿Una tregua? - El castaño inclinó el rostro mientras una sonrisa juguetona se dibujaba en sus labios. - Podría estar interesado.

- Si... bueno... - Ella desvió la mirada por unos segundos, antes de volver a sus grandes y llamativos ojos verdes. - Te prestaré mi garaje si prometes no decir nada sobre Meredith...

- ¿Qué? - Bill abrió los ojos con una sorpresa genuina. - Jessy, si es una broma juro que... ¿Hablas enserio?

- Si. - Jessica respondió a regañadientes. - Pero tienes que prometerme que no dirás nada. - Su voz había bajado un tono, y el semblante en su rostro se había oscurecido. - Porque juro que morirás de la forma más sadica posible.

- Es un trato, ful - El le guiñó el ojo y ella no pudo evitar arrepentirse al instante de lo que acababa de hacer. Ahí estaba nuevamente, el castaño arrogante que apenas si podía soportar.

- Esto va a ser un puto desastre.

- Solo recuerda que no hay reembolsos, bonita.

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𝐎𝐡! 𝐌𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐢𝐧𝐠 / ᴮⁱˡˡ ˢᵏᵃʳˢᵍåʳᵈ ˣ ᶠᵉᵐ ᴼᶜDonde viven las historias. Descúbrelo ahora