¿Volver? ¡Volver a amar!

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Los rayos del sol se colaron por el ventanal de la habitación, iluminando un poco aquella alcoba la cuál aún se mantenía en penumbras, la habitación parecía un campo de batalla, prendas esparcidas a lo largo y ancho del piso, acompañadas de una botella vacía eran los vestigios de lo que había sucedido la noche anterior.

Sus respiraciones eran lentas y pesadas, lo único que mantenía su decencia eran las delgadas sábanas de aquella cama, la cuál había resistido bastante bien no solo el peso de ambos, si no también los salvajes movimientos.

Tigresa se encontraba sobre el pecho del oso, sus párpados aún cerrados y una boba sonrisa plasmada en su rostro, liberando bajos ronroneos, su rabo serpentaba a lo largo y ancho del abdomen del panda.

Po por su parte parecía un gigante dormido, sus respiraciones eran graves y pesadas, las cuales terminaban en un leve ronquido, sus manos y brazos aferrados al cuerpo de la felina como si fuera un objeto demasiado valioso.

La primera en despertar fué tigresa, sus pesados párpados lentamente fueron abiertos encontrándose con la presencia del oso.

Tigresa sonrió complacida, la noche anterior había sido mágica para ella, perdida en maravillosas sensaciones y demás, ni siquiera sé percató del momento en el cuál terminó profundamente dormida, exahusata después de una intensa sesión de desenfreno y deseo.

Paseó su mirada por la habitación, observando el desorden que habían hecho la noche anterior, su mirada se detuvo en lo que venía siendo su ropa interior, un pequeño pedazo de tela blanca junto con las vendas que acostumbraba a usar para los entrenamientos, aquello le causó un poco de rubor y vergüenza, instintivamente se apegó más al pecho del panda, hundiendo su rostro en el pelaje de este, aspirando en grandes cantidades su olor corporal, era algo extraño para ella, jamás había sido de mostrar cariño o afecto de manera tan directa, sin embargo con el panda era distinto.

Así permaneció por algunos minutos hasta que de pronto su mirada se encontró con la del oso, sus ojos verde jade le miraban con ternura y cariño, acompañados de una sonrisa.

Ella le sonrió devuelta, bastante ruborizada por la acción que acababa de realizar y de la cuál estaba segura que el panda se había dado cuenta.

- ¿Qué estás haciendo? -, le preguntó divertido.

- Buenos días grandote -, le respondió evadiendo su pregunta.

- Buenos días -, contestó el devuelta, reafirmando una vez más su agarre.

Tigresa aproximó su cuerpo y rostro aún más a él, hasta estar a la altura de sus labios, depositando un corto y tierno beso.

Po un tanto sorprendido por la acción de la felina se sonrojó en grandes cantidades, sin embargo devolvió el gesto dejando un gran y sonoro beso en una de sus mejillas.

- ¡Po! -, le regañó avergonzada.

- ¿Qué?, ¿Hice algo malo? -, le preguntó divertido.

- ¡No! -, se apresuró a contestar.

Po le miró confundido pero sin borrar su sonrisa.

- Es sólo que...

- ¿Hum?...

- Me tomaste un poco desprevenida -, le dijo avergonzada.

Po sólo rió divertido por la respuesta de la felina.

- ¿Acaso no era así desde antes? -, le preguntó divertido.

Tigresa escondió su mirada en su pecho, murmurando alguna respuesta.

- ¿Qué?, No te entendí -, se burló.

Tigresa dió un resoplido y encaró al oso con un pequeño puchero aún con su barbilla sobre la barriga del panda.

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