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Desde el incidente en el hospital, mi rutina matutina ha cambiado drásticamente, mucho más de lo que desearía.

No fue inmediato. Durante los primeros días intenté actuar como si nada hubiera pasado, como si Max no me hubiera visto retorcerme de dolor ni hubiera tenido que llamar a la matasanos en mitad de la noche. Pero ahora que Preeda le había dado luz verde y que yo, en un momento de debilidad mental, accedí a seguir su método absurdo de "impregnación matutina", Max parecía decidido a hacerlo parte de nuestras vidas.

Lo odiaba. Odiaba levantarme cada mañana sabiendo que debía dejarlo acercarse. No sabía cuánto tiempo tardaba en soltar sus malditas feromonas ni si de verdad lo hacía o solo me abrazaba por gusto. Y para colmo, yo ni siquiera podía percibirlo.

Esa mañana, igual que las anteriores, terminé de guardar los libros en mi mochila y estaba listo para dirigirme hacia la puerta del dormitorio con la intención de salir sin voltear a ver a mi compañero de habitación, hasta que recordé las palabras de Preeda: "Deben hacerlo cada mañana si quieres recuperar el control."

Control. Una mentira total.

Por más que me he esforzado, nada ha estado bajo mi control desde hace años. Desde ese maldito día que puso mi vida de cabeza.

Me mordí el labio al sentir la furia apoderarse de mí, agarré el pomo de la puerta sin saber si llamarlo para recordarle lo que había dicho la matasanos, cuando lo sentí: su temperatura. Antes de que pudiera girarme, Max ya estaba detrás de mí, y sus brazos se cerraron alrededor de mi torso sin permiso.

—¡¿Qué haces?! —espeté, intentando zafarme de su agarre.

—Es solo un abrazo, no exageres —respondió con esa calma suya que más que tranquilizar, irrita.

—¿Por qué tienes que hacer esto? ¡Antes eras más discreto!

—Así es más fácil —murmuró, y apretó un poco más antes de soltarme.

Me quedé un momento en silencio, fingiendo que no me afectaba. Nunca fui fan del contacto físico, puedo contar con los dedos de una mano las personas a las que les permito entrar en mi espacio personal, y estoy seguro de que me sobrarían dedos. Aunque no es disgusto lo que siento cuando Max se acerca, me inquieta enormemente no entender qué le sucede a mi cuerpo en esos momentos.

Los días que siguieron transcurrieron de la misma manera: él se acercaba, yo gruñía, él me abrazaba, y yo terminaba cediendo.

Que nadie hubiera descubierto mi secreto todavía era algo positivo. Lo único malo era que la gente parecía demasiado entretenida con la noticia de mi supuesta relación como para soltarla fácilmente. Fui un iluso al pensar que bastarían un par de días para que pusieran su atención en el siguiente chisme de la universidad. ¿Estaba mal que deseaba que a alguien le pasara algo que lo convirtiera en el foco de atención? En su lugar, cada cambio en nuestras vidas estaba siendo vigilado. Como el hecho de que Max había dejado de esconder sus feromonas.

Un día me dijo que planeaba hacerlo, como si me estuviera pidiendo permiso. Debo admitir que no me agradaba la idea de que lo hiciera. No quería ni pensar qué clase de comentarios podrían hacer cuando todos supieran que mi supuesto novio impregnaba su aroma en mí todo los días. Pero, por supuesto, todos asumieron que yo era el que lo hacía con él. No estaba seguro de que fuera mejor el hecho de que me vieran como un novio posesivo, pero al menos era algo que podía soportar si eso evitaba que descubrieran la verdad.

.

Mientras buscaba unos apuntes entre mis cosas, encontré algo que no esperaba: una caja de supresores de alfa. No era la primera. Ya había visto algunos escondidos entre los libros de Max, otro bajo su almohada y hasta uno en su cajón de los calcetines. Parecía que tenía un escondite distinto para cada paquete. Lo insólito no era solo la cantidad, sino que los utilizara en primer lugar. Los alfas no necesitan tomarlos regularmente, no como los omegas. En teoría, solo sirven para controlar el instinto si llegan a estar expuestos a feromonas muy potentes. ¿Pero qué tanto necesitaba controlarse Max? Ya convivimos todos los días, incluso cuando las cosas se ponían difíciles. ¿Qué más podía pasar que no hubiera pasado ya?

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⏰ Última actualización: Oct 22, 2025 ⏰

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