— Está bien, tranquilo. Te daré lo que quieres.
No podía creer que estaba a punto de presenciar en primera fila como son mis encuentros con Max. Entonces, algo en el ambiente cambió. Con cada beso, cada caricia, sentía como si mi alrededor se prendiera en llamas provocando que me fuera difícil mantenerme consciente. En lugar de estar encerrado en mi cuerpo, ahora parecía estar viendo fragmentos de un sueño.
En una escena seguíamos de pie en el baño, nuestros cuerpos completamente pegados al igual que nuestros labios. Después la ubicación cambió a la cama de Max, mi cuerpo debajo del suyo.
— No es suficiente —dije entre jadeos—. Otra vez.
— Dame un minuto —respondió. Su respiración agitada.
— No quiero, levanta eso ahora.
La poca paciencia debe ser lo único en lo que me parezco a lo que sea que haya dentro de mi.
— Liam, no es magia.
— ¿Seguro? —dije con voz burlona mientras mi mano acariciaba el instrumento de mi placer. Podía sentir como crecía en mi palma—. Mis palabras deben ser mágicas.
De pronto, como en un abrir y cerrar de ojos, me desperté. Había recuperado el control de mi cuerpo.
La habitación estaba oscura y mi situación era similar a la de las demás ocasiones: mi cabeza utilizando como almohada el hombro y parte del brazo de Max, mientras que mi cuerpo casi cubría el suyo.
Me hubiera gustado levantarme de inmediato en cuanto fui más consciente de lo que había pasado, pero ocupé un par de segundos extra para juntar la suficiente fuerza que me permitiera levantarme y llegar a mi cama, solo que esta vez algo diferente se acumuló en mi interior. De repente, un dolor inexplicable surgió en mi vientre, aumentando rápidamente hasta volverse insoportable.
— ¡Ah! —grité retorciendo mi cuerpo.
Mi piel se sentía caliente pero al mismo tiempo parecía estar sudando frío mientras que una sensación similar a un hormigueo recorría todo mi cuerpo. No puedo decir que sepa lo que se siente estar a punto de morir pero estoy casi seguro de que esto debe parecerse.
— ¿Qué pasa? —escuché la voz preocupada de Max, su manos recorriendo mis brazos tratando de encontrar lo que estaba mal—. ¿Estás bien?
No lograba formar palabras y aunque lo hiciera, no había nada que decir, solo sabía que dolía como el infierno.
— Resiste un poco, te llevaré al hospital.
— ¡No! Mi... —Hice un esfuerzo sobrehumano por hablar, haciendo lo posible por decir algo coherente. No podía ir al hospital, eso podría meterme en problemas—. Mi celular... La matasanos...
Nuevamente, todo se volvió oscuro.
En un momento, pude escuchar la voz de Max, parecía estar lejos.
— No, yo... No sé lo que le pasa, estaba dormido pero de la nada empezó a gritar de dolor. Su cuerpo se siente caliente, no sé qué hacer.
Todo se quedó en silencio hasta que lo escuché gritar.
— ¡Maldición!
Con mucho esfuerzo, abrí un poco los ojos. No podía enfocar la vista, me costaba respirar correctamente por el dolor, pero pude percatarme de que me estaba sosteniendo con un brazo, manteniendo mi cuerpo pegado a su pecho, mientras que estaba mordiendo con fuerza el otro, gotas de sangre rodaban por su piel.
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Mi alfa
RomansSi le dices a alguien que piense en el nombre de un alfa, esa persona automáticamente te dirá el nombre de Liam. Alto, guapo, bueno en los deportes y en sus estudios; siempre ha sido el alfa por excelencia, hasta el día que descubran su secreto.
