16. El sueño.
AU.
*
Últimamente Meliodas tenía sueños raros, algunos más vividos que otros. De alguna forma se sentían... Reales.
En uno de sus sueños era un tabernero qué movilizaba su taberna en un cerdo gigante verde, y viajaba en compañía de una princesa y un cerdo parlante en busca de reunir a sus seis compañeros de batalla qué estaban en algún lugar del mundo. Ese definitivamente era uno de los menos creíbles, porque para empezar, ¿Él como tabernero? Eso sería imposible, Meliodas no se resistiria a beberse toda la mercancía.
Sentía más real el sueño dónde era una lombriz y un pollo gigante buscaba comérselo.
Esta noche en particular, aunque sabía que estaba soñando, se sentía más real que cualquiera de las otras veces. La luz que entraba por su ventana cambiaba constantemente de rojo al azul, el frío erizaba su cuerpo y en una esquina de la habitación una persona a la cual no le podía distinguir el rostro lo miraba sin pestañear ni una sola vez. A él también le costaba dejar de mirarlo, la sensación de ser observado le impedía estar tranquilo y todo el tiempo que llevaban en esa situación lo inquietaba aún más. Miró el reloj en la mesa a su lado, eran las tres de la mañana.
Al volver a fijar su vista en quien lo acechaba desde la oscura esquina, decidió que ya era suficiente, tan solo era otro sueño espeluznante más. Seguro que todo ello se debía a el maratón de películas de terror que se había dado con sus amigos y sus hermanos durante todo el día. Salió de la comodidad de sus sábanas y caminó descalzo lentamente hasta quedar a seis pasos de la esquina. Los ojos de quien estaba allí no lo habían dejado de seguir ni por un segundo.
—¿Qué quieres de mi?
No hubo respuesta. Los segundos fueron pasando y él se estaba desesperando.
—Sé que esto es un sueño, así que, ¿Qué quieres de mi? No puedes hacer daño aquí, si lo intentas simplemente despertaré.
Finalmente Meliodas lo observó hacer otro movimiento qué no fuera simplemente seguirlo con los ojos. Él sonrió, una sonrisa cortada que se extendía por toda su mejilla hasta su oreja en cada lado. Su corazón se aceleró porque podía jurar que momentos antes su boca era normal, aun así permaneció quieto esperando su respuesta.
—Primera regla de los sueños: Jamás decirle a alguien más que sabes que es un sueño.
Meliodas tragó saliva, no tanto por sus palabras, sino por su voz que parecia la mezcla de cientos de voces unidas intentando hacer una sola. Antes de que él pudiera indagar un poco más la puerta de su habitación fue tocada con fuerza y su atención se dirigió un momento hacia allí. Al devolver la mirada a la esquina donde debía estar quien lo había estado mirando, este simplemente ya no estaba allí. Con dudas el rubio fue hasta la puerta para ver de quien se trataba, pero detuvo sus manos por un instante en la perilla esperando estar lo suficientemente listo para abrir, aun así la verdad es que comenzaba a aterrarse.
Otro par de duros golpes volvieron a sonar y entonces él abrió, pero no había nadie detrás.
Se asomó un poco más afuera sin encontrar el rastro de quien hubiera tocado, tan solo un pasillo oscuro que era iluminado por la luz que se colaba desde su ventana. Cerró los ojos un momento y se armó de valor para terminar de salir de su habitación, pero dejando la puerta abierta. Debía saber que querían de él, sabía que no podrían hacerle nada o al menos eso ansiaba creer. Porque solo era un sueño, en cualquier momento despertaría y podría llamar a su novia para contarle toda esa locura, entonces sería consolado y ella iría al día siguiente a quedarse a pasar la noche a su lado. Mientras se tranquilizaba con ese simple pensamiento, otra puerta se abrió.
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M de Meliodas
FanfictionPorque la M es de Meliodas. También es de Menso, Matilda, Meteorito, Merlín, Mariposa, Moonbyul y Mapache, pero eso no importa, no venimos a hablar de nada de eso, lo único a lo que Meliodas le presta su letra es al Melizabeth. . . . (...) Son situa...
