CAPÍTULO 24

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Misión de espionaje.

Parte I

Emma.

—Por primera vez van a probar el armamento que desarrollamos este año, las armas más grandes son para los guardaespaldas de mi mujer y ni siquiera toquen mi caja de dagas de colección con sus asquerosas manos— Alexander abre las bodegas detrás de nuestra residencia llenas de empaques de metralletas de alto calibre ruso, los criados corren a quitar las lonas negras de las cajas y abrirlas para que los veinte hombres que van al bosque se llenen de provisiones.

Los francotiradores dejan que él y yo seamos los primero en elegir, no me decido si llevar armas cortas o alguna metralleta como cuando voy de cacería.

Erick está apoyado en una de las furgonetas militares que llevaremos tratando de colocarse el traje de kray. Serán diez conservadores rusos los que nos acompañan y diez de los mejores francotiradores, cinco de ellos van como mis guardaespaldas.

De inmediato los conservadores se adentran en las bodegas, Caterva va por la caja de revolver, se coloca dos, uno escondido en su tobillo y el otro en los bolsillos traseros de su pantalón.

Otros como Wren y su hermano van directo por las pistolas semi automáticas, P320 y las más amadas de los rusos las MP-443, Alexander va a ese último paquete, tomo cuatro, dos en cada tobillo por encima de sus botas, abre la caja de sus dagas, las saca de la empañadura y mete el filo al lado del revolver.

Está demasiado entrenado para cargar todo ese peso en su cuerpo por los días que estemos lejos. —¿Quiere mi opinión sobre el armamento que debería llevar señora Roe? — Wren se me acerca amablemente.

Alexander levanta la mirada y nos observa de lejos. —Todavía no estoy familiarizada con el nuevo armamento.

—El señor Roe ha probado cada muestra los últimos ocho meses y sabe a cuales usted está acostumbrada normalmente, podría pedirle su opinión— sugiere mirando a mi marido.

Miro a Alexander, no nos hemos dirigido la palabra en toda la mañana, el desayuno ha sido tenso, y él ya se despidió de los mellizos sin mí, Kiara me lo dijo, se está portando como un niño malcriado.

Todos los sirvientes han notado y sufrido por su mal humor, ni siquiera Caterva que es su conservador más cercano se ha atrevido a hablarle.

— No la necesito, prefiero que tú me ayudes— le toco el hombro y el pobre hombre se tensa.

Alexander aprieta la mandíbula y él tampoco toma su sugerencia de ayudarme a elegir mis armas, se gira dándome la espalda enojado. —¡Más rápido! ¡Tenemos que salir a carretera exactamente en una hora dejen las pláticas estúpidas de lado! ¡Rápido idiota o te clavo mi daga en el cuello! — mira a Wren con cara de pocos amigos.

—Ense... enseguida mi señor — corre pálido a abrir otra caja mirando entre mi marido y yo —¿Qué le parece esta mi señora? —me ofrece un arma corta que no me gusta nada y se mantiene a una distancia prudente lejos de mí.

—Demasiado pequeña.

—Quizá esto le guste, esta metralleta es de mis favoritas.

La tomo, pero me cuesta apuntar, la punta está recubierta de un material al que no estoy acostumbrada. — Demasiado pesada.

Alexander poco a poco se va a acercando hasta donde estoy y analiza armas con aburrimiento, si quiero elegir bien voy a tener que pedírselo porque el maldito engreído no me va a ayudar sin que se lo pida.

Me niego a ceder y me inclino a abrir otra caja, el material no se ve confiable. —¿Qué opinas de este Wren? — levanto la mirada distraída, pero el conservador ya no está por ningún lado, sólo está Alexander a mi lado ignorándome.

Pecado [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora