Emma.
—No estarán como fantasmas rondando por mi casa, traigan las cajas de adornos a la sala de estar, a Emma le encanta comprar el árbol de navidad natural, iremos a la tienda local en cuanto la abran— escucho la voz de Cora entre sueños.
—Pase de ser niñero a ser cargador, yo sólo quería ser conservador ruso, de haberlo sabido me quedo como guardaespaldas— las quejas de Caterva se oyen por el pasillo.
—Menos quejas y más trabajos que tenemos poco tiempo antes que se dé cuenta.
Siento a Alexander removerse en la alfombra y se golpea con uno de los muebles maldiciendo muy fuerte despertándome. —¿Qué es todo ese ruido?
—La loca de Coraline. ¿Siempre tiene que gritar tan fuerte? No es una indigente— gruñe —Todavía.
—¿Qué hora es? — me acurruco sobre su pecho aferrada a su camisa, siento que mi cuerpo se recargó las pocas horas que dormimos junto a la chimenea.
—Ya amaneció, deben ser poco más de las siete de la mañana— su voz se escucha ronca por el sueño.
Abro un ojo y confirmo que en los ventanales de Cora se filtran los primeros rayos de sol. Está nevando como en Dinamarca, la chimenea está medio encendida y mis bebés siguen sobre Niles. Alexander ya no tiene el parche, está tirado sobre la madera cerca de nuestras botas.
— ¿Cómo sabes que ya amaneció?
Se frota las sienes sentándose y jalando nuestra manta, no la recuerdo de anoche, uno de nuestros sirvientes debió hacernos un lugar cálido junto a la fogata con mantas en cuanto me quedé dormida.
Amo la forma en la que Alexander queda hechizado con el camisón y cómo lo disfrutó anoche, pero me estoy congelando. Envuelvo mis piernas en su cintura y se meto mis manos congeladas debajo de su camisa buscando su calor corporal, no hace ni una mueca, me cubre con las mantas hasta el cuello cuidando mi cabestrillo.
—Sólo tú haces este tipo de cosas al líder de la mafia sin recibir castigos, Emma.
—Aún no me has dicho cómo sabes que ya amaneció.
Abro el otro ojo y jadeo al ver cajas llenas de esferas y adornos navideños por toda la sala, Alexander va a volverse loco, incluso hay cajas rodeando a Niles, no hay ni un solo espacio libre para caminar.
— Tengo un reloj interno, puedo predecir el tiempo, además, llevo más de tres horas despierto— cierra los ojos y se frota la nuca, noto un ligero temblor en sus manos que llama mi atención.
—¿Qué te sucede?
Mis dolores de cabeza empeoraron con la ceguera, necesito las pastillas del estrés, pero con una dosis mayor por mi nuevo médico particular, Maya tenía control sobre mi historial clínico.
—¿Necesitas que te ayude con el estrés? — beso el pulso de su cuello y su garganta se sacude cuando se ríe, aun siento mis labios hinchados por todo el sexo oral.
—Si los médicos se enteran que rompiste la cuarentena van a castigarte y no voy a ayudarte Emma.
—Sólo te puse en mi boca, no rompimos la cuarentena, aunque podemos solucionar ese pequeño inconveniente— susurro en su oído dejándole otro besito, trepo por su regazo y me aferro a su cuello besándolo suavemente todavía soñolienta.
—¡Ni lo piensen! — la voz de Cora me hace apartarme de golpe, está parada frente a nosotros con una caja de esferas rosadas y Aaron en brazos —No van a hacer más de sus indecencias a plena luz del día en mi sala de estar, frente a todos y en víspera de navidad, hay trabajo que hacer no otro sobrino que procrear.
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Pecado [+21]
RomansaEl pecado más grande de Emma y Alexander no fue el deseo sino el amor. Ahora ambos deberán enfrentar el infierno que los obligó a separarse y jugar mejor sus cartas y sus alianzas si quieren reencontrarse. El pecado volverá locos a todos los poderos...
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