CAPÍTULO 22

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Dos años y medio en la fortaleza.

Londres.

Erick.

—Busco a dos hombres rubios con pinta de extranjeros.

—Lo siento, esta sala está reservada por un político importante, no puede pasar, sólo con invitación— me detiene el guardia de la entrada.

—No planeo quedarme en la fiesta, mi hijo me espera en el auto, nosotros estábamos cenando en el restaurante del hotel, pero esos dos rubios trataron de...

—Señor, ya le dije que sólo se entra con invitación, es una fiesta privada del ministro Dimitry Aslan.

Me intriga saber por qué no dejan pasar a nadie y porque una fiesta en un hotel tan lujoso como el Luxus tiene tanta seguridad en la puerta. Tengo que saber que hay detrás de la puerta, saco un fajo de libras de mi chaqueta y se las pongo al simio de la entrada.

Me da acceso de inmediato. ¡Cómo amo ser millonario!

Esta parte del hotel está casi a oscuras, hay muchas personas dentro, pero en su mayoría son hombres, hay mujeres bailando en el escenario con nada más que pendientes sobre su cuerpo.

—¿Qué carajo? — me cubro los ojos.

Puede que mi vida amorosa se haya terminado cuando murió Maya y sí, en dos años y medio no he salido con ninguna mujer y tampoco he tenido sexo casual ni siquiera por una noche, no es abstinencia.

Simplemente no quiero placer barato como antes, quiero placer que conecte con mis emociones otra vez.

—Una noche más, la diversión de este lugar es patrocinada por el honorable ministro Aslan para quien pido una fuerte ovación.

Los aplausos llenan el lugar y el político turco se levanta de su asiento en la primera fila, agradeciendo con un gesto de mano y una corta inclinación.

Toma su asiento junto a un hombre maduro de ojos azules que parece estar en sus cincuenta años. Viste un traje verde y tiene un arma en la mesa donde beben.

El diablo está aquí, mejor me largo a buscar a los rubios que me jodieron la cena.

—¡Es casi media noche en Londres! — grita el hombre en el micrófono y las luces disparan directo a los telares rojos que cuelgan del techo —. ¡Y ya es hora de que salga de las jaulas la mujer que llena este lugar cada primer día del mes!

La audiencia masculina se enciende en gritos, silbidos y halagos animando a la bailarina nocturna a salir. —¡Caballeros!¡Honorable ministro Aslan! ¡Políticos y empresarios reconocidos de Londres! ¡Quiero sus gritos para la diosa griega Artemisa!

La mujer rubia con antifaz dorado sale caminando descalza y de puntas con una elegancia digna de la realeza, sus caderas se mecen al ritmo de la música sensual que suena en los altavoces.

Semidesnuda hace que todas las miradas queden fijas en ella mientras las luces se tornan rojas casi al color de los telares.

Sus muslos definidos y piel suave hacen que la mirada de cualquier hombre se gire a ella, corre los pocos pasos que le faltan y salta sobre el primer telar enredando su brazo en él mientras los arneses suben y despegan sus pies del suelo.

Poco a poco enreda cada una de sus piernas en los telares, su vientre es la única parte que queda descubierta cuando el arnés la sube casi hasta el techo. Extiende las manos de un extremo a otro y sin el más mínimo cuidado se deja caer sobre las telas haciendo un espectáculo que corta la respiración.

Antes que su cabeza toque el suelo sus muslos se aferran a la tela y el arnés la sube dando giros por todo el escenario.

El grupo de mujeres bailarinas que continúan el show salen con bastones adornados, salgo de la sala perversa sin querer quedarme al espectáculo u orgía que se organiza ahí, estas fiestas son igual de perversas que las que organizaba Katherine.

Pecado [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora