Chapter 32: Desire

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El día se deslizó hacia la tarde con la pesadez de un animal herido. El cielo de Baltimore permaneció bajo y plomizo, y la nieve, ahora decidida, comenzó a caer en copos serios y silenciosos, cubriendo los horrores de la mañana en un manto frágil y provisional.

La certeza de la noche venidera pesaba en sus hombros como una armadura de plomo. Necesitaba escapar, necesitaba sentir el silencio crudo y honesto de su terreno.

Al llegar a su cabaña, el silencio era diferente, la nieve seguía cayendo de una manera más decidida, cubriendo el paisaje en un manto de engañosa pureza.

Will alimentó a sus perros, cuyos movimientos eran nerviosos, sus orejas estaban atentas, orientadas no hacia él, sino hacia las sombras profundas del bosque que bordeaba la propiedad.

Una presencia estaba ahí, la de Matthew Brown, el Omega lo sabía, podía sentirlo, era como un punto de tensión sucia en el perímetro de su mundo, como el de una astilla infectada bajo la piel.

Will terminó su tarea y se quedó quieto en el centro de la cocina escuchando el silencio tenso. Luego, con una decisión calmada, se dirigió a un armario bajo las escaleras.

Con un movimiento sutil sacó su escopeta. El metal frío y pesado en sus manos era como una ancla en la tormenta

Sin colocarse un abrigo pesado, abrió la puerta y se adentró en el manto blanco que cubría el terreno.

La nieve crujía bajo sus botas, el único sonido en un lugar amortiguado, el aire helado le quemaba los pulmones, le agudizaba los sentidos.

Caminó hacia el borde de su propiedad donde los arboles se hacían más densos. No miró alrededor. Respiró hondo, el vapor escapando de sus labios como el alma de un fantasma.

Con decisión, levantó la escopeta y apuntó al cielo plomizo, a un espacio vacío entre las ramas desnudas de un pino.

Y disparó.

La detonación fue un trueno primitivo el cual desgarró el silencio invernal, un latigazo de violencia pura que hizo volar a los pájaros y que resonó en sus huesos.

Cuando el eco se desvaneció, devorado por la nieve, de entre las  sombras azuladas al borde del bosque, una figura emergió.

Matthew salió de detrás de un enorme trono caído, su ropa sucia manchada de blanco. No parecía asustado, al contrario, una sonrisa ancha, desequilibrada, se extendió en su rostro. Caminó hacia Will, lentamente, con las manos visiblemente vacías y levantadas a la altura de los hombros, en un gesto de falsa rendición.

Will no dijo ni una palabra. Acomodó la escopeta y la apuntó directamente al pecho del Alfa. El cañón, aún humeante, era una extensión de su voluntad, su expresión era glacial, sus ojos, en la penumbra grisácea, habían recuperado ese fulgor dorado peligroso.

Matthew se detuvo a una distancia prudente, justo al borde del alcance letal, su sonrisa se suavizó, volviéndose más calculadora.

-"Tranquilo... he venido a hablar" - el Alfa observó al Omega con emoción, deseo de solo verle -"aunque, creo que moriría en paz sabiendo que fue usted quien me ha matado" - sonrió.

-"¿A que has venido nuevamente?" - preguntó indiferente el rizado.

-"Vine a traer noticias..." -su voz era un susurro ronco que la nieve parecía absorber - "vi algo que creo que es de vital importancia que lo conozca" - sonrió.

Will no bajó el arma. Su silencio era un permiso para continuar, nada más.

-"Fui... a vigilarlo. Al Doctor Lecter. Por usted lo he hecho" - Matthew tragó saliva -"él fue a la casa de esa psiquiatra... ¿Bedelia es su nombre?" - preguntó para si mismo.

Moon River [Hannigram]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora