La puerta se cerró en un eco que se desvaneció en la penumbra de la noche, dejando tras de sí un silencio más denso que cualquier palabra.
El mundo exterior; la nieve, Mason Verger, las amenazas, todo eso quedó al otro lado, congelándose en la noche en la cual se escuchó el sonido de un carro acelerando en las afueras y ahora, solo existían ellos dos.
Will permaneció inmóvil en el descansillo de la escalera, sus dedos aún aferrados a la barandilla como si ésta fuera el último anclaje a la cordura. El alcohol había abandonado su sistema, barrido por la oleada de adrenalina de la escena que acababa de presenciar.
Pero lo que ahora ocupaba su lugar era mucho más embriagador; la imagen de Hannibal, ese hombre de control absoluto, perdiéndolo por él. La mano alrededor del cuello de aquel hombre, el brillo asesino en sus ojos, la ferocidad primitiva con la que había defendido su territorio, y a Will dentro de él.
Era una faceta que Will solo había intuido, vislumbrado en destellos, pero nunca presenciado en su esplendor total. El Hannibal civilizado, de clase alta, el psiquiatra, se había desvanecido por un instante, dejando al descubierto al depredador ancestral, al Alfa en su forma más pura. Y ese Alfa había actuado por él.
Solo por él.
Sus miradas se encontraron a través de la distancia que los separaba. El silencio no era vacío; estaba cargado, vibrante, eléctrico. Los aromas de ambos, liberados de todo control consciente, comenzaron a entrelazarse en el aire como serpientes en un ritual de apareamiento.
La tormenta salvaje de Will, con sus notas de río profundo y bosque húmedo, se enredaban con la tierra negra y el vino añejo de Hannibal, creando un perfume nuevo, intoxicante, que hablaba de posesión y entrega en igual medida.
Hannibal comenzó a caminar a las escaleras.
Cada paso era una declaración. No había prisa en su movimiento, solo una deliberación absoluta, la certeza de que el tiempo, por una vez, estaba de su lado.
Sus ojos no se apartaban del Omega, devorando cada detalle, desde sus rizos desordenados por el sueño, la camisa arrugada que colgaba de su pantalón, hasta el brillo húmedo en sus ojos que no era de miedo, sino de emoción mucho más compleja.
Al llegar al descansillo donde Will esperaba, se detuvo. La distancia entre ellos era ahora de unos pocos centímetros, un espacio mínimo que parecía un abismo. Hannibal alzó su mano lentamente, como si se acercara a una criatura salvaje que podría huir al menor movimiento brusco.
Sus dedos encontraron los rizos de Will.
El contacto fue un suspiro. Hannibal acarició el cabello oscuro con una reverencia que rozaba lo sagrado, sus yemas deslizándose a través de los mechones, aprendiendo su textura, su calor.
Las feromonas del Alfa, liberadas sin reserva, envolvieron a Will como una manta cálida y letal, penetrando en sus sentidos, hablando directamente a ese núcleo primitivo que había estado suprimido durante tanto tiempo.
"Ríndete", susurraba ese aroma. "Pertenece. Deja de luchar".
Will sintió que sus rodillas se le debilitaban. No era una sensación física, sino una rendición del alma, un ablandamiento de todas las barreras que había construido. Con una lentitud que imitaba la de Hannibal, alzó su propia mano y tomó la del Alfa, la que aún descansaba cerca de su rostro.
Sus dedos, ligeramente fríos, guiaron la mano de Hannibal hasta su mejilla. Presionó la palma abierta contra su piel, sintiendo el calor, la textura, el peso de esa mano que había matado, que había cocinado, que simbólicamente lo había marcado y que ahora lo acariciaba como si fuera el objeto más preciado del universo.
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Moon River [Hannigram]
Fanfiction"No importa cuanto o cuan seguido las personas se lastimen las unas a las otras...amar a alguien nunca es un desperdicio" [Nana] [Fanfic largo] [Omegaverse: Hannibal...
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