—¿Sigues comiendo helado con papas? —pregunto después de que ya solo quedarán las papas para comer.
—Hace mucho que no lo hago, me mantengo en la dieta de la comida de hotel desde que empecé la gira —respondí sonriendo de lado mientras agarraba una papa.
—Bien, ya vuelvo —dijo levantándose y yendo de nuevo al establecimiento, lo miré extrañada pero no pude decir nada puesto que había entrado una llamada de Noah, conteste sin pensarlo mucho.
—Así que Jason Lawrence y tú hablaron después del evento, empiezo a pensar que no deberías ir a ningún evento más —dice en cuanto me llevo el teléfono al oído.
—¿Apenas llegaste a esa conclusión? Digo, después del secuestro ya hubieras puesto un límite entre estos eventos y yo —respondí divertida.
—Si bueno, soy hombre, pensar y yo no somos compatibles —replicó riendo —¿Sigues en Nueva York?
—Sí, pero estoy atascada en el aeropuerto por culpa del tiempo.
—¿Aeropuerto? ¿Qué no te ibas a quedar toda la semana? —Había preocupación en su voz.
—Iba, bien lo dijiste, renuncie a la editorial y busque un vuelo a México, pero la tormenta me mantiene en el aeropuerto.
—En ese caso no debo preocuparme por decirte que Lawrence estará toda la semana en Nueva York, ya que tú estás dentro de un aeropuerto y él probablemente en su departamento a muchos kilómetros de ti —dijo con un tono feliz.
—Si bueno, tus fuentes están mal.
—¿A qué te refieres?
—Jason Lawrence está caminando hacia mi con dos conos de helado de McDonald 's —dije mientras veía como Jason recibía los conos del trabajador.
—¿Cómo que estás con él y no me habías dicho?
—No preguntaste —respondí riendo ante su tono de indignación.
Jason llegó a la mesa y me ofreció uno de los conos, lo acepté con la mano libre y él se sentó en silencio.
—Yo creía que estabas en tu hotel, además, ¿Cómo que renunciaste?
—Te cuento después, tengo que irme
—Samanta, no te atrevas a colgar...
Colgué la llamada y apagué el teléfono dejándolo en la mesa.
—¿Tu representante?
—No, Noah —respondí lamiendo el helado que se derretía.
—Siguen siendo amigos —no era una pregunta, pero eso no quitaba que sonara sorprendido, tome una papa y con esta agarre helado para llevarla a la boca.
—Sí, bueno, con la historia que tenemos juntos no podemos dejar de serlo, para eso uno de los dos debe morir y como que no se me antoja llenarme de sangre las manos —respondí con la boca llena y se empezó a reír.
Ambos comíamos papas con helado, ninguno decía nada y no era necesario. Las risas de los niños y regaños de los padres inundaban el lugar. Pero pronto su celular empezó a vibrar, él lo revisó y lo volvió a dejar en la mesa.
—¿No vas a contestar?
—No es importante —decía mientras el teléfono volvía a empezar a vibrar.
—Parece muy importante.
—No, sólo es el color de una pared —Así que era ella. —Además, no es como si mi opinión le importe realmente.
—¿Puedo preguntar algo?
—Lo harás de todas formas —dijo fastidiado, pero ignore su tono.
—Comprendo parcialmente tu actitud, estás en un aeropuerto con un vuelo cancelado por la tormenta en el Atlántico, debes volver a Inglaterra a terminar tu película. —dije parcialmente analizando sus gestos, pero seguía sin hacer nada que me indicará algo. —Por otro lado, el hostigamiento de los medios puede ser muy cansado y más si vas a hacer padre primerizo
Y voilà, quitó la mirada de mi, tomó una papa, la llenó de helado y se la llevó a la boca. Cosa rara contando que nunca le gustó mi excéntrico gusto por mezclar lo dulce y lo salado; pero estaba ahí, comiendo como si siempre lo hubiera hecho.
—Mi pregunta es, ¿Por qué luces como si no quisieras vivir? Yo soy la de la generación con un gusto extraño a querer morir, tú eres de los que hicieron su vida a base de lo que les gustaba.
—Es más complicado de explicar de lo que creí —la sonrisa que había tenido se había borrado totalmente —. Me gusta mi vida, grabar películas, las premieres, viajar por el mundo, vivir de lo que he hecho, ayudar a fundaciones. No cambiaría nada de eso.
—Aunque hay un pero —termine por él.
—Aunque hay un pero —comenzó a morder el cono antes de seguir —. Siendo honesto, no me veo siendo padre, no era parte de mis planes, no era una meta o sueño en mi vida y tú lo sabes. Tan solo quiero despertar de una vez de esta horrible pesadilla.
—Pero, ¿Nunca hablaron de eso? Tener hijos me refiero —dije comenzando a morder la parte baja del cono porque el helado comenzaba a filtrarse.
—Sí, ella sabía que casarnos implicaba eso, nada de hijos, nunca los quise y ella aceptó tranquilamente —se comió lo último de su cono y siguió con la boca llena —. Creí que después de muchos años, un día saldría embarazada y compartiría esa felicidad. Pero no fue así, no me siento así, sé que dicen que los hombres se hacen padres cuando nace la criatura, pero ví como Jonathan se desvivía por Sasha y el bebé desde que lo supieron; los veo ahora siendo una feliz familia y no logro verme así.
»Dudo mucho que esté sentimiento cambie el día que lo cargue, porque, si no puedo mostrar interés ahora, ¿Cómo lo voy a mostrar cuando nazca, o cuando entre en la escuela, o haga cualquier cosa?
—Tal vez después de un tiempo lo hagas —dije con la voz dolida, ¿Por qué? No lo sé.
—Tal vez —repitió lentamente.
—Será mejor ir a otro lado, lejos de las familias y gritos de niños —seguí recuperando la compostura, recogiendo la basura y sonriendo —. Vamos a caminar un rato.
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Los caballos de mar
Teen FictionCuando te conocí yo tenía dieciocho y tú tenías veinticinco. Yo era la amiga de alguien y tú el futuro de Hollywood. Tu eras uno de mis más grandes ídolos y yo solo una fan más tuya. Cuando te conocí, estaba perdida en medio de la oscuridad y tú me...
