—Pasajeros del vuelo quinientos seis, en estos momentos comenzaremos a descender sobre el aeropuerto internacional de Londres; son las cuatro de la tarde con diez minutos, hora local; favor de abrochar sus cinturones y bienvenidos.

Había sido despertada hace unos momentos por la azafata, mis oídos estaban tapados, tenía ganas de vomitar, pero, tenía ganas de vomitar y tenía los oídos tapados en Londres, la ciudad de..., de algo supongo. Tampoco había estudiado mucho acerca del país, solo que su animal nacional era el león, eso me recuerda que una vez investigue cuál era el animal nacional de Italia para una historia y me salio que el unicornio es el animal nacional de escocia; por lo que debe haber unicornios en ese lugar.

De todas maneras no investigue más de la ciudad, Jason había insistido en hacer el itinerario, al final lo deje porque él ya ha estado antes en la ciudad y sabe moverse. Pero eso no me preocupa, lo que me preocupa es que estaré con él cinco noches durmiendo bajo el mismo techo, ¿Y si solo tiene una cama? no quiero ser un cliché, pero si tiene dos, ¿no le gustó dormir conmigo en San Francisco? Lo se, lo se, soy un desastre en pensamientos en estos momentos, pero, de manera literal acabo de cruzar el Atlántico, con cinco pesos de esperanza de que mis padres no se enteren de esto y muchas ganas de que esto funcione, ¿el qué? aún no lo se.

Sé que, lo que sea que tengo con Jason no puede terminar bien, no tenemos futuro en ninguno de los catorce mil futuros que imagine, pero, puedo hacer lo que dijo Noah, divertirme y disfrutar la vida un rato.

Divertirme y disfrutar la vida un rato.

Divertirme y disfrutar.

Di-ver-tir-me.

¿Cómo se hace eso cuando estás más preocupada por si te atrapan?

El avión aterrizó y luego de caminar para reclamar mi equipaje ya me encontraba en una camioneta rumbo al hotel, el chofer me había recibido con un letrero, una rosa y las indicaciones de Lawrence de llevarme al hotel. Miraba por la ventana, el cielo se había llenado de nubes y provocaba que las personas fueran casi corriendo a sus destinos; tras algunas vueltas entre edificios victorianos, la camioneta entró al estacionamiento del hotel y tan pronto como se detuvo ya había personas ayudándome con la maleta y abriendome la puerta. En la recepción me encontré con quien era la representante de Jason, ella movió todo y me llevó a la habitación.

—Vendrá en un par de horas, la entrevista se atrasó, por lo mientras puedes hacer uso completo de las instalaciones del hotel y de la habitación así como bajar a comer al restaurante o pedir comida —dijo mirando su tableta —. Estoy en la habitación de enfrente por si necesitas algo.

—Claro, gracias —respondí nerviosa, asintió y salió de la habitación. Qué carácter.

Bueno, no la culpo, por mi culpa la carrera de Jason casi se termina; no, por mi culpa nada, él también estaba ahí. Como sea, me puse a revisar la habitación más a detalle, al entrar estaba en una especie de lobby con un par de sillones y una puerta que daba al balcón, del lado derecho era un baño completo con tina y del izquierdo estaban las camas, sí, en plural. No miento, esto es increíble, incluso la televisión estaba escondida dentro de la pared. Cada cama tenía sus buros con luces de noche y dentro de los cajones había libretas, plumas y cerillos; me sorprendían estos últimos, no es común ya que los pongan en los hoteles.

Me la pase explorando todo antes de llamar a Noah, quien me dijo que sus padres hasta ahora solo habían mandado mensaje para preguntar cómo estábamos y justo cuando iba colgando escuche la puerta abrirse.

—Sí, yo me encargo —decía entre risas.

—Más te vale Lawrence, no quiero perder el contrato, ¿oíste?

Los caballos de marDonde viven las historias. Descúbrelo ahora