Capítulo 6- "Adiós, Ethan Brooks"

452 27 18
                                        

***

Estoy en mi cuarto llorando a mares, mis hermanos dormidos, es un Viernes en la noche y la brisa es ligeramente refrescante con un toque a tabaco, tengo once años; siento una gran presión en mi pecho, las lágrimas no paran de salir y suelto un sollozo al oír una silla impactar con el suelo, en la planta baja están mis padres.

-Tranquilízate por un carajo-grita mi madre- solo dos un maldito alcohólico.

-¿¡que dijiste!?-grita mi padre, desde mi cuarto siento su ira-tú no eres más que inútil

-Maldición- grita mi madre-tengo miedo ¿sabes?, tengo miedo que nuestros hijos caigan en el vicio al que tú has llegado, estas en el mismo hoyo atrapado por el cigarrillo, la bebida y eres solo un pobre neurótico

-Cállate- grita mi padre, puedo asegurar que estaba llorando- tú no sabes nada, ¿quieres la verdad? Aquí te viene la verdad, me estoy muriendo, cada día empeora mi salud, mi hígado no sirve, mis pulmones son más débiles y mi corazón está en un alto riesgo de dejar de funcionar en cualquier segundo, las pastillas, las que tomo cada día ayudan a mi cerebro, pulmones y corazón pero dañan mi hígado, de una forma u otra moriré por un ataque al corazón o que mis pulmones se llenen de líquido; cada día, cada minuto, cada segundo de cada año estoy más enfermo y más enojado, no me puedo controlar y tú no haces más que alterarme más, estoy muriendo y eso no lo puedes cambiar.

Siento que el corazón me da un vuelco, las lágrimas son más espesas y abundantes, la cabeza me da vueltas y siento unas nauseas tan horribles que voy al baño y vómito, mi padre, mi papa que me cuidó y que me ama, morirá, el padre que lo amo tanto que lo espero cada día de su trabajo, por el que daría mi propia vida, el padre que por más daño que me haga yo siempre lo amaré incondicionalmente, morirá.

Lloro tan abundantemente y tan desesperadamente que siento que no puedo respirar.

El oxígeno, de pronto no se hizo más que algo del pasado, mis manos, duras y mi cuellos blando, siento una enorme necesidad por dormir pero siento que no puedo, siento que lo haré pero lentamente, no sé cómo explicarlo, no quiero oír nada; de pronto todo dejo de tener sentido, no tiene sentido tener amigos, no tiene sentido tener familia, no tiene sentido la ciencia, no tiene sentido la vida, siento mi cabeza impactar con el duro y frío suelo, solo oigo el sollozo de mi madre, la puerta principal cerrándose de golpe y las llantas, que apuesto eran del carro de mi padre, desgastándose contra el asfalto de la calle.

Intento ver si mis hermanos todavía están dormidos pero se me es imposible, no me puedo levantar, estoy tan agotada que me dejo cae rendida y cierro los ojos, oigo un un gran zumbido, mis oídos martillean mi cabeza y quedo inconsciente.

***

¡Rayos!, mi cabeza da vueltas, me veo las manos temblorosas y sudadas, estoy despierta, me digo a mi misma que solo fue un recuerdo, eso ya quedo en el pasado, no. Eso no quiere quedar en el pasado, si quisiera quedar en el pasado no lo recordaría cada tres veces de la maldita semana todas las malditas noches.

Es martes, martes de hablar, oh por lo menos lo era para mí. Me alisto lo más rápidamente posible para recuperar el calor que perdí con la ducha que solo Dios sabe que tan fría estaba, peino me cabello con una simple coleta, sonrío, me avergüenzo así que mejor solo salgo para subirme al carro de mi mamá.

Cuando llego al instituto siento como todos me miran con desprecio, lo ignoro, tengo que esperar al receso para hablar cara a cara con ellos...

En la hora del receso cuando ya todos estamos en nuestra mesa me dirigí rápidamente para hablar pero antes si quiera que diga algo Becca me dice

STRESSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora