Capítulo 3

2.3K 144 0
                                        

Nos quedamos ahí por unas tres horas más. Me sentía tan bien en ese grupo, creo que iré con Julian los cuatro días a la semana que él va. Lo acompañaré. Conocí a muchas personas y me sorprende bastante haberme encontrado con unas cinco personas que van en mi instituto. Me juntaré con ellas. Creo que ya debo dejar a Nicole un poco, a pesar de que veo que me quiere mucho y que realmente se preocupa por mí, siento en lo más profundo de que se está aburriendo de que no sea como ella. Pues, no compartimos nada de gustos, es muy raro que seamos amigas. Ella va a fiestas todos los días, tiene novio, es porrista, es bonita, está en el grupo de los populares y yo sólo la estoy echando para atrás. Debo dejarla tranquila y que no se preocupe más por mí. Estoy satisfecha con mis nuevos amigos y con Julian.

Estoy en el bus que va en dirección a mi casa. Julian está conmigo, a mi lado, yo con mi cabeza sobre su hombro. Me dice que vive en tercer condominio en W Fort Street con Shelby Street, está a dos condominios que el mío. Sonrío. Me alegra mucho saber que vive a pocos metros de mí.

-¿Por qué te cambiaste a mi colegio, Julian? -le pregunto, incorporándome en el asiento. Él me mira y suelta una carcajada.

-Mi mamá quiso cambiarme ahí. Fue todo muy confuso. En mi otro colegio hubo problemas con un compañero mío, lo que hizo que ambos saliéramos perjudicados. Nos suspendieron. Prefiero no contarte lo que pasó -ríe sin humor-. Mi mamá se volvió loca buscando un buen colegio que esté cerca de mi casa. Y lo encontró. Fue muy sorprendente que tú también asistieras ahí.

Asiento con la cabeza y siento que su mano se entrelaza con la mía. Observo por donde está pasando el bus. Aún faltan algunas calles. Vuelvo a esparramarme sobre el asiento y Julian ríe.

-Quiero darte las gracias -susurro lo suficientemente fuerte para que me escuche.

Él se voltea hacía a mí y levanta mi mentón, pues mis mejillas están sonrojas y su mirada me pone muy nerviosa. Juego con mis manos que están empezando a sudar, y cambio mi cabello de partitura varias veces.

-¿Por qué? -responde. Lo dice en un sensual murmuro que provoca que mi piel se erice.

-Por no dejarme sola. Por salvarme de las porristas. Por llevarme al baño y luego a la enfermería. Simplemente por... -aprieto su mano-. Preocuparte por mí.

Su sonrisa se vuelve más grande. Su brazo derecho pasa por mi espalda y el izquierdo rodea mi cintura. Quedo casi encima de él. Me da un beso en la mejilla y yo le sonrío. Me encanta cuando hace eso.

-Y yo quiero darte las gracias también.

Me enderezo rápidamente en mi asiento y lo miro fijamente a los ojos. ¿Por qué querrá darme las gracias? ¿Yo que he hecho por él? Trago saliva y empiezo a jugar con mi cabello otra vez.

-¿Por qué? -le digo frunciendo el ceño.

Suelta una risita y se lame los labios. Me quedo mirando sus labios por unos segundos y sacudo la cabeza volviendo a la realidad. Me acaricia la mejilla.

-Por haber echo aquella fila para darme un abrazo y confiar en mí. No sabes cuanto eso significa para mí. Eres una maravillosa persona, Ori.

Frunzo los labios y por impulso, deposito un beso en su mejilla. Luego me abalanzo a sus brazos. Me dan ganas de responderle "Julian, lo mejor fue habarte conocido, en serio, cambiaste mi vida, gracias, gracias", pero me da vergüenza y no lo hago.

Me separo de él y sonrío. Él me sonríe. Me pregunto si a Julian le duelen las mejillas al sonreír. ¡Sonríe todo el tiempo! Lo admiro. Yo no puedo. Sólo su sonrisa tan contagiosa hace que yo sonría.

Me doy cuenta que ya llegamos a nuestro destino. Julian le dice al chofer que sí puede abrir las puertas. El chofer hace caso y abre las puertas traseras para que nosotros bajemos, Julian se despide de él nombrándolo por su nombre y dándole las gracias. También me impresiona lo fácil que es para él hablar con la gente. Conoce a todo el mundo. Sinceramente, Julian es como un ídolo para mí.

Me sorprende bastante sentir los cálidos dedos de Julian entrelazándose entre los míos mientras caminamos hasta mi casa. Insisto que prefiero ir sola y para que él llegue pronto a su casa, pero él niega con la cabeza y me dice que quiere pasar más tiempo conmigo. Me sonrojo. Me molesta y a la vez me encanta que siempre, con todo lo que él me dice, la sangre me sube a las mejillas. No me gusta. Pero, aún así, me fascina.

Estamos platicando sobre nuestras familias. Yo le digo pocas cosas, pues yo ya le he contado todo. Además, me duele hablar de mi familia. ¿Qué estará haciendo mi papá ahora, por ejemplo? No he sabido nada de él en un mes. A mi mamá no le gusta hablar sobre mi papá en casa. Tal vez él también ahora se consiguió una novia, quizás tenga hijos, quizás tiene un nuevo trabajo o se haya cambiado de casa. Me duele pensar que dos personas que en algún momento se amaron tan apasionadamente que llegaron al punto de unirse y tener un hijo, en pocos años ese sentimiento se vaya desvaneciendo. No lo entiendo, ¿Cómo? ¿Les aburrirá pasar todo el tiempo con aquella persona? ¿Se cansarán de a cada rato decirle "te amo"? ¿Se hartarán de la rutina diaria? Yo que sé. Sólo sé que uno de esos argumentos provoca cada día que mis papás se odien cada día que pasa.

Julian me dice que sus padres se divorciaron cuando él tenía tres meses de edad. Su padre se fue, dejó a su madre por otra, pero después ambos resolvieron problemas y ahora son muy cercanos. Me alegra escuchar que él no tenga que soportar lo que yo soporto.

Tiene dos hermanastros. Ainara y Teo. Julian sonríe al hablar de ellos; eso provoca en mí ganas de conocerlos. Ojalá yo llegue a tener una relación tan hermanal como las tiene Julian con sus hermanastros con Naiara.

Cambiamos de tema. Ahora hablamos sobre las juntas. No me doy cuenta que todavía estamos tomados de la mano. Me ruborizo otra vez.

-¿Desde cuándo vas a esas juntas? -le pregunto. Él se demora un poco en contestar. Me imagino que no se acuerda. Se muerde el labio y yo quito mi mirada de él y dejo mis ojos sobre el suelo.

-Como hace... tres años. Cuando yo tenía quince.

-Así que ahora tienes dieciocho.

-Sí. ¿Soy mayor que tú? -me mira y por sus labios pasa una sonrisa.

-Sí -sonrío. Me gusta aún más que él sea mayor que yo. Me siento protegida. Pequeña.

-¿Irás los cuatro días conmigo para ir a las juntas?

Asiento con la cabeza. Me pregunto porqué se abra creado ese grupo. Son muchas personas y no es algo que se vea por redes sociales, o por algún gusto en especial. La pregunta se queda atascada entre las neuronas de mi cabeza y trato de buscarle una respuesta. Me da vergüenza preguntarle a Julian. Pero aquella pregunta no me deja de dar vueltas y estoy demasiado ansiosa como para aguantarme. Por lo tanto, tomo una gran bocanada de aire y me toco el cabello.

-Julian...

Él se voltea y me sonríe. Tiene la sonrisa más bonita de todas.

-¿Sí? -me responde dulcemente. ¿Por qué es tan tierno conmigo?

-¿Por qué se formó aquel grupo? -suelto rápidamente. Él mira hacía el cielo y formula su respuesta. Se tarda, y mucho. Con su mano restante se toca la nuca. No sé sí es porque no se acuerda o porque mi inquietante pregunta lo incomoda. Me empiezo a sentir culpable por la pregunta. Tal vez no la tuve que haber dicho.

-De lo que recuerde, quisimos hacerlo, pues la idea del grupo la tuvimos Axel y yo. Lo hicimos para personas que tienen algún problema personal. Que los torture y provoque que no tengan muchos amigos, sufran de alguna agresión de o una simple enfermedad mental. Por ejemplo, Axel se unió al grupo porque sus padres le pegaban, eso lo hacía muy tímido enfrente de otra gente. Ahora que está en el grupo hace tres años, es una persona muchísimo más abierta y la pasa bien. Los demás se empezaron a unir porque nos veían en las calles con algunos carteles que hacíamos y cada vez se hizo más grande -sonríe-. Y cada uno de ellos tiene una razón. Por ejemplo, ¿recuerdas a Alisson? -yo asiento con la cabeza recordando la imagen de la pelirroja que conocí hoy-. Ella sufría de bulimia. Ya no lo hace más. Está con nosotros hace dos años.

Wow. Así que es por eso. ¿Cuál será el problema de Julian, entonces?

Abrazos Gratis (Orian Adaptada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora