Capítulo 1: Steve

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Para ser sinceros, casi no tengo recuerdos de mi pasado, me cuesta entender eso, pero es normal que nadie de nosotros podamos recordar esos momentos de niñez que vivimos hace tiempo. Solo puedo recordar algunas imágenes borrosas, nubladas sin ningún significado del por qué las tengo.

Nací en una ciudad de Estados Unidos, pero omitamos ese detalle por ahora. Siempre fui una persona de lo que cabe ser alguien "normal" en algunos aspectos comunes de los demás, pero otros eran realmente diferentes, difíciles de comprender de mi misma. Muchas veces esas mismas "diferencias" me volvían en la mayor parte de mí, alguien que no sabía quién realmente era.

Tenía grandes cualidades, era una chica que todo padre quería tener, una chica ejemplar.

Mi infancia fue algo insignificante, mis padres se divorciaron cuando tenía 5 años, recuerdo los gritos, el tormento diario de ver a mi familia desmoronarse, eso no importaba, solo estaba encerrada en mi mundo, en mi burbuja. No tenía relevancia eso en mi mente en ese momento, en algunas ocasiones pensaba que era una completa extraña para ellos, no lo sé, si lo pienso bien, pero eso pensaba muy a menudo por las diversas situaciones que lo demostraban. Me trataban bien, pero sentía que todo era como una montaña rusa, una inmensa gran pista con rampas de sentimientos buenos y malos.

Debo admitir, sí hubo momentos el cual me pegaban, pero nunca lloré, no me importaba en lo absoluto eso, conocía bien que es una medida de educación arcaica para imponer disciplina.

Eso conllevo a que fuera una alguien fría con todos, sería, sin sentimientos, pero a eso, claro que los tenía, solo que los retenía.

"Una mujer que llora es débil"

Yo no quería serlo, pero eso decía mi padre.

Nunca tuve amigos de confianza, desconfiaba de todos, solo era pura ambición de ellos, te apuñalan cuando no estás viendo, era raro que a mi edad ya pensara de esa forma, pero eso era mi "rareza, mi diferencia."

El motivo que marcó mi infancia fue unos de los momentos que no me gustaría regresar. Ya a esa edad pensaba que el mundo era una basura, cuando miraba la televisión y observaba todas esas noticias que pasaban.

Año tras año era así mi vida.

En primaria, recuerdo una ocasión que la maestra preguntó un día en clases.

— Niños, ya que el día está lluvioso, les tengo una actividad para ustedes, siéntense en sus respectivos mesabancos.

Todos escuchamos, pero nadie le hizo caso a la maestra, era realmente blanda con todos, no mantenía el control de sus alumnos, así que tuve que actuar, odiaba que la gente se aprovechará de cualquier cosa, incluyendo a mis compañeros de clases ¿Cómo sus padres los educan? Me pregunté a mí misma en ese momento que hizo enojarme con solo pensarlo.

—Escuchen a la maestra, son realmente unos groseros— les dije.

Tenía más palabras para ellos, pero ¿quién de ellos las entendería? Todos me escucharon y comenzaron a reír. Era evidente que yo era la más diferente de todos los de ese salón, no actuaba como ellos lo hacían, sabia como actuar y comportarme adecuadamente. Sabia perfectamente que yo no era igual a ellos.

Uno de ellos se me acercó, era el más engreído de la clase, todos lo amaban, respetaban y admiraban, solo por su gran fortuna. Su padre pertenecía al gobierno, en un gran puesto socioeconómico, pero eso no me importaba en lo absoluto si pertenecía o no a tal rango. Pero los demás lo sabían perfectamente y se notaba. Una familia puede envidiar a otra familia y para eso es solo cuestión de amistad hipócrita para reconocer tales intenciones de su "Amistad"

R.E.DDonde viven las historias. Descúbrelo ahora