Christian
Contraté a una amable señorita para limpiar el departamento mientras Ana descansaba, estoy conociéndola y por lo que he visto, odia que el apartamento este sucio. Quería sorprenderla limpiándolo yo mismo, pero tenía que ir al supermercado a comprar los ingredientes para la cena.
Esa chica duerme como si no existiera un mañana. Al medio día fui a dar de golpes a su puerta, intente abrir, obviamente tenía puesto el pestillo y mis atractivos planes para despertarla se vinieron abajo. Aún así salió una hora después con una gran sonrisa en los labios, comió un poco y regresó a su habitación y se ha pasado todo el día ahí. Apenas pude decirle que a las cinco partiríamos.
Estoy terminando de preparar la cena, cociné un gran banquete, solo espero que Ana tenga ánimos de comer y que le guste el vino que elegí; pizza casera, sándwich de pollo, queso en cubos, uvas, trufas de chocolate y adquirí dos botellas de Pinot Noir. Que por cierto, ya me imagino el rostro de Carrick cuando le llegue el estado de cuenta de la tarjeta y vea que he gastado cien dólares en vino. Pasaré por un mes en el que mi padre me diga que debería buscar un pequeño empleo para así gastar mi propio dinero, pero no importa.
En media hora logro tomar un baño, cambiarme en vaqueros negros, camisa a cuadros, chaqueta de cuero y, zapatillas deportivas Nike y empacar la comida junto con mantas –y subirlas al auto-, según los reportes del clima ésta noche hará frío y por un pequeño error se me ha pasado decirle a Anastasia que utilice ropa abrigadora, no estaremos exactamente en un lugar lujoso ni cálido. ¡Va a matarme!
Y de pronto todo se olvida.
Está preciosa.
Y puedo apostar que mi quijada se ha caído por la risita que salta de los labios de Ana, acompañada de esa sutil inclinación de cabeza para ocultar su rubor.
—¿Cómo me veo?— Extiende sus brazos y con timidez da una vuelta.
¡Mierda! Gran parte de su espalda está descubierta, apenas un pequeño nudo asegura la parte delantera del vestido en su lugar. Podría jurar que con un simple movimiento ahí, el vestido se vendría abajo y dejaría a la vista sus pechos desnudos. Esta noche podría conseguir más que un beso.
¡No, Grey! Desecha esa idea.
¿Cómo diablos voy a poder? ¡Ya la imaginé! El pensamiento va a rondarme toda la noche.
Tiene puesto un negro y sencillo vestido, con mangas cortas y este al igual que aquel azul que llevó la primera noche que cenamos juntos le queda justo arriba de la rodilla, la diferencia es que con este... me gusta más.
Recobro la compostura.
—Te ves hermosa— Se ruboriza.
—Creo que he exagerado.
—¿En qué? Si estás perfecta.
¿Qué? Dije... ¿perfecta? ¡No! No quise decir eso. Esta bonita, sí. ¡Al diablo! Está más que perfecta.
—Estoy muy formal— frunce el ceño —y tú estás muy informal.
—Oh, eso, no importa.
¡No te cambies! No lo hagas, por favor.
—¿Tenemos tiempo? Puedo cambiarme— Se le ve incomoda.
—¡No!— silbo —no tenemos tiempo.
—Christian, juro que no me tardaré.
—Claro que sí, lástima que no tenemos tiempo— rueda los ojos.
—¿Al menos puedo ir por mi bolso?
—No lo necesitas— tuerce el gesto.
—Ahí está mi celular.
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Así empieza
FanfictionAnastasia Steele y Christian Grey, se vuelven compañeros de piso. Una Anastasia: tranquila, serena. Un Christian: vivaz, con una reputación entre las mujeres, el típico joven universitario. Anastasia es una chica distinta a lo que Christian Grey ac...
