El beso se recreaba una y otra vez en mi mente, sin que pudiera evitarlo. Los ojos brillantes de Lana, el sabor a agua de sus labios, la suavidad de su piel. La sonrisa de idiota no podía salir de mi rostro, estaba estampada y nada la sacaría.
Luego de que nos besáramos Lana había salido huyendo del lugar, y yo simplemente me había quedado flotando en la piscina por horas intentando procesar lo sucedido. ¿Lana y yo? ¿Realmente existía una posibilidad de que sucediera? Solo imaginarlo me emocionaba como imbécil, más de lo que cualquier cosa en la vida podría hacer.
Tenía que hacer algo, no podía simplemente quedarme de brazos cruzados a esperar que Lana viniera a mí y termináramos juntos. No, tenía yo que ir a terminar de conquistarla y convencerla de que lo mejor que podíamos hacer era estar juntos.
Con esa idea salí de la cama y mi cuarto. Tanta ideas explotando en mi cabeza no me dejaba pensar bien.
Lana, Lana, Lana.
Joder, Lana.
* * *
Salí la florería con un gran ramo de tulipanes, Lana odiaba a muerte las rosas. ¿Qué más faltaba? ¡Chocolate! Lana adoraba el chocolate.
En el camino a la tienda que el campus tenía me tope con cientos de personas conocidas, todas parecían sorprendidas de verme con un ramo entre las manos y probablemente una sonrisa estúpida en el rostro. Algunas de mis antiguas conquistas al toparse conmigo parecían esperar que el ramo fuera para ellas, vaya desilusión que se llevaban al comprobar que no era así.
A un paso de cruzar la pista para entrar a la tienda de dulces Lana apareció frente a mí, sonriente y despreocupada como siempre. Miró el ramo entre mis manos y frunció el ceño confundida.
- ¿Qué es eso? - preguntó sonriendo un poco -. ¿Se murió alguien? - de pronto se alarmó, mirándome preocupada. Negué con la cabeza.
- Son para ti - atine a decir sin tartamudear, Lana abrió los ojos como platos dejando de sonreír.
- ¿Qué? - sonaba algo molesta.
- Estaba buscándote para hablar de lo que paso ayer, en la piscina - no entendía porque no podía ser galante con ella, siempre me salía en los momentos menos necesarios. Normalmente conseguiría a la chica que tuviera en frente con un par de palabras, frente a Lana a penas y podía hablar.
- No, Ryan - empezó a negar con la cabeza -. ¡Eso no esta bien! - de pronto gritó.
- ¿De qué hablas? - el pánico empezó a invadirme al pensar en que probablemente no estaríamos juntos, fue como si rompieran un plato en mi rostro.
- Tú y yo, no es algo que va a pasar - sucedió, las palabras más crueles que Lana pudo decir en menos de un minuto. Fruncí los labios, lastimado y furioso.
- ¿Por qué no? - alcé la voz sin desearlo, ella también empezó a mirarme molesta.
- ¡Porque simplemente no! Tú eres Ryan, el tipo que se acuesta con una chica distinta cada semana. Yo soy Lana, la hermana de tu mejor amiga y la clase de chica que nunca se metería en tu cama a no ser que estuviera drogada - sus palabras seguían doliendo -. Ryan, eres tanto para mí como yo lo soy para ti - me rehusé a hacerle caso.
- ¿Acaso lo ves tan imposible? Puedo cambiar, he cambiado - no quería darme por vencido, no podía dejarla ir. No ahora que había conseguido algo.
- Lo siento mucho, Ryan. Creí que podíamos ser amigos...
- ¡Ayer nos besamos, joder!
- Si, Ryan, nos besamos. Pero... - por un segundo la duda brilló en los ojos de Lana - no significó nada - por fin terminó. En ese instante me rendí, nunca tendría a Lana.
- Bien - acepté mi derrota, sin embargo le dí las flores que tenías entre las manos. Sería insoportable verlas luego y recordar el rechazo de Lana.
Cuando me alejé ella no me detuvo, ni dijo absolutamente nada.
* * *
De un momento a otro terminé con Julieta sobre mi, comiéndome el cuello mientras yo intentaba apagar el dolor que sentía en el pecho. Lana había dicho que yo nunca cambiaría, tal vez era momento de seguir siendo el Ryan de siempre.
Recordar su sonrisa era un sentimiento amargo, agudo. Mucho peor sus risas, el sabor de sus labios. Era una dulce tortura que iba acabando con lo que quedaba de mí.
Mientras Julieta me besaba intentaba imaginar a Lana por al menos un segundo, sin embargo lo único cercano que podía sentir a ella eran mis simples recuerdos. ¿En que momento me había perdido tanto por una chica? Todos tenían razón, Lana y yo era algo que nunca sucedería.
Me dejé ir mientras mi celular sonaba una y otra vez, intentando ignorar a todo el mundo por un momento.
* * *
- Ryan, Ryan, despierta carajo - abrí los ojos y vi los ojos celestes de Julieta. Esta me miraba con el ceño fruncido -. Están llamándote desde hace media hora, el sonido no me dejaba dormir - al ver el celular vi un nombre grande: Lana.
De golpe me senté en la cama, sosteniendo el celular con las manos temblando. La llamé sin dudar y contesto al tercer timbrazo.
- ¿Lana? - una parte de mí aun esperaba que me aceptará.
- Peaton y Chuck han tenido un accidente, Peaton esta muy grave. Tienes que venir al hospital ahora mismo -.
Mi mundo terminó de hacerse trizas en ese instante.
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|Cenizas|
Teen FictionLana King, desenvuelta y rebelde. La clase de chica que haría lo contrario a lo que le dijeras, la clase de chica que es inalcanzable para todo el mundo. Fría como el hielo, dura como una piedra. ¿Acaso tiene un corazón? Ryan Smith, el típico moja b...