Capítulo 5.

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Narra Pía.

Hace apenas dos días que Lucas marchó a California, no quiso que lo acompañara al aeropuerto simplemente porque no quería que vuelva sola, él y sus pretextos. De todos modos sé que dentro de 3 semanas lo voy a volver a ver, me parece mucho pero voy a buscar un pasatiempo para no estar tan pendiente de él, me dijo que me llamaría al aterrizar, pero pues, aquí ven, llevo dos días esperando su llamada, supongo que ya debería haberme acostumbrado a que las cosas vayan así en nuestra amistad, vernos, follar, y no volver a hablar hasta el fin de semana entrante para volver a repetir la rutina, cansa todo eso, sé que tiene tiempo de sobra, siempre está subiendo alguna que otra foto con sus amigos en algún bar, o en algún pool. Pero obviamente, como yo soy Pía, para escribirme un simple "¿cómo estás?" no le alcanza el tiempo.

Siempre fui de esas personas que algunas preguntas le cambiarían el día a alguien: "¿qué tal estuvo tu día?" o "¿te encuentras bien?", o también los saludos al apenas comenzar el día y antes de que termine. Pero a veces suelen decir que lo que más espera nunca llega, o no al menos de la persona correcta. Soy una chica que siempre saluda al entrar y al salir, y al hacer tales preguntas, porque posiblemente le cambie el ánimo a alguien, no querría que alguien se sienta solo como yo me siento todos los días de mi vida.

Mi mamá, por otro lado, se va toda la semana a Las Vegas con Javier y mi hermano pequeño y vuelve el domingo, eso para mi es un gran alivio, solo espero que mi pequeño se encuentre bien a su lado. Mi  abuela queda a cargo de mi y de la casa durante todo este tiempo, y eso quiere decir que podré hacer lo que quiera cuando quiera, tengo la dicha suerte de tener una abuela tan buena onda como la que tengo. Ella fue la que más sufrió cuando mi hermana mayor se fue s vivir a la otra punta del mundo para poder estar con mi papá, pero siempre que puede va a visitarla y la llena de regalos al igual que a mi sobrino.

*unos días mas tardes.*

- Abuela- dije mientras entraba a la cocina por un vaso de agua - esta noche saldré, ya sabes lo que le tienes que decir a mamá, ¿cierto? - ella asintió.- bien, me iré en un rato, estaré bien, no te preocupes.

- Cielo solo cuidate y no aceptes bebidas de personas desconocidas, no sabes lo que pueden llegar a tener, me mandas mensaje cuando estés yendo y al despertar. - asentí sonriendo y deposité un beso en un arrugada mejilla.

- Claro abuela, me cuidaré, lo prometo. - salí casi saltando de la cocina, cogí un abrigo y comencé a caminar en dirección al minisuper que queda a apenas tres cuadras.

Mi tarea de esta tarde sería comprar cigarrillos, tequila, vodka de sabores y una caja de jugo cítrico de naranja. Mis amigas me informaron que esta noche antes de ir al boliche haríamos como una fiesta "previa" en la casa de un chico que no sé quien es, la idea me parece genial, comenzaríamos ahí, beberiamos nuestro alcohol y luego iríamos al boliche todos en una 4x4.

- ¡Mierda! - chilló Candela, Milagros la miró frunciendo el ceño y yo repetí la acción.- Se me quebró el tacón.- dijo al mismo tiempo que elevaba el tacón aguja doblado a la mitad.

- Ponte estos, pero cuidalos, son de marca valiosa.- dijo mi amiga, bajó una gran caja blanca de arriba de su armario y le enseñó unos hermosos zapatos de mi plataforma color negro con tiras entrelazadas.

- Yo ya estoy.- dije, llevaba puesto tacones color negro y un vestido apretado al cuerpo del mismo color que en el borde de este hay letras grandes en color blanco que dice "Peace" Milagros silbó.

-Estas hermosa.- dijeron las dos.- Gira.

Y eso hice, giré para dejarles una vista de cuerpo completo.

Amor enfermizo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora