Capítulo 7: Perdida en la Torre Eiffel

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*22 de Febrero de 2012, París, Francia. 11:37 a.m.*

Mientras, en donde se encontraban Patricia y Enrique, ellos entablaban una conversación... o mejor dicho, Patricia aturdía de preguntas a Enrique.

- ¿En serio no son pupilentes? Es que no puedo creer que tengas ojos morados.
- Pues créelo, Patty. Son naturales. - Decía Enrique mostrándole sus ojos, de nuevo. - Oye... ¿Y Alicia? ¿No crees que ya tardo mucho? ¿Se habrá perdido?
- No lo creo. Ella no es capaz de perderse.
- ¿Por qué no es capaz de perderse?
- Porque es muy inteligente.
- Pero sigue siendo humana. Pudo haberlo olvidado y termino en otra parte.
- Sigo sin creerlo. A lo mejor se quedó allá para tener "silencio". - Le dijo Patricia haciendo comillas con los dedos.
- Yo no me confió. Mejor vamos a buscarla. - Le dijo Enrique.
- Está bien. - Dijo casi de mala gana, Patricia. - Pero te aseguro que estará allá.

Se dirigieron hacia el vagón donde estaba la comida, pero al llegar no la vieron. La segunda parada fue anunciada y Alicia no aparecía. La buscaron un rato y no la hallaron; hasta buscaron en los sanitarios... y nada. Así que tomaron la decisión de preguntarle a una de las señoritas que trabajaba ahí.

- Disculpe. - Dijo Enrique. - ¿De casualidad no habrá visto usted a una chica, de nuestra edad, pelo negro y largo, y unos ojos azules?
- Creo que se bajó en la primera parada.
- ¿¡Ah sí!? Eh... pues muchas gracias. - Dijo Enrique.
- De nada. Para servirles. - Dijo la señorita y luego se alejó y siguió su labor.

- ¡Diablos! - Gritó Enrique. - No lo puedo creer.
- ¡Tranquilo! Llámala y luego quedamos en un lugar.
- ¿Qué quedemos en un lugar? ¿¡Estás loca!? ¡Estamos en un lugar que conocemos lo mínimo posible! - Gritó Enrique... con una notable preocupación, como si de un padre se tratara. - Ella debe estar en la Torre Eiffel, según nos indicó la señorita.
- ¡Tranquilo! ¡Pareces su novio! - Gritó la poco discreta, Patricia, provocando de nuevo el nerviosismo, y un poco notable sonrojo, en Enrique. - Llama a Alicia y le dices que se quedé en la parada del tren. Ahí la hallaremos
- Tienes razón. Dime su número y la llamaré.

*22 de Febrero de 2012, 'Parada a la Torre Eiffel', París, Francia. 11:34 a.m.*

- ¿Dónde estarán? Es raro que no bajen. A lo mejor se distrajeron... o quizás... no, no puede ser. Esperaré a ver si bajan.

Los minutos pasaron y no había señal de ellos. El tren volvió a arrancar y ellos no estaban ahí.

"¡Diablos! ¿Me equivoqué o ellos se equivocaron?", pensó Alicia.

* Mismo día. 11:38 a.m. *

Alicia se paro de la banca donde se sentó a esperar a Enrique y a Patricia. Camino un poco. Ese "poco tiempo" fue suficiente para que se distanciara de la parada de trenes... y se diera por perdida. En eso su celular sonó. Era un número desconocido.

- ¿Quién? - Dijo la típica fría Alicia.
- ¿Eh...? ¿Halo? ¿Alicia? - Se oyó.
- Dije... ¿Quién?
- Enrique. - Dijo. - ¿Dónde rayos te metiste? - Preguntó... perdiendo su serena personalidad.
- Lo mismo les pregunto.
- ¡Te bajaste en la parada equivocada! - Gritó él. - ¿Cómo pudiste ser tan despistada? ¡Nunca, pero nunca, te imagine tan despistada!
- Bajale una raya al volumen, Enrique. Sea fría o no, sigo siendo humana y cometo errores.
- Vale... vale. Lo siento. Es que nos preocupaste tanto. - Dijo en un tono más calmado.
- No se dónde estoy. - Dijo ella. - Camine solo un poco y perdí de vista la parada.
- ¿¡Qué!? - Se oyó la voz de Patricia... bastante fuerte; tomando en cuenta que era Enrique el que estaba más cerca del celular.
- Tranquila... - Dijo ella.
- Me volveré sordo por tu culpa. - Dijo él. - Pregúntale a alguien cómo volver a la parada y luego te llamaremos para ver si sale un bus o algún taxi para llegar allá.
- Mientras seguiré caminando. - Dijo Alicia.
- ¡No lo hagas! ¡Te...! - Alcanzó a decir él antes de que Alicia colgará.

- ... perderás. - Dijo luego de ver que la llamada había terminado.
- Cuando está sola siempre camina. - Dijo repentinamente Patricia. - Ella, estando sola, le gusta el silencio y la "tranquilidad".
- ¿Entonces esta aprovechando su "error" para estar tranquila y en silencio?
- Si. Eso. - Dijo ella.

* Mismo día. 12:16 a.m. *

Alicia ya se hallaba perdida, "¿Qué más da seguir caminando? Habrá alguien que me ayude a volver a la parada", pensó ella y siguió su rumbo hacia lo desconocido.

Miraba ir y venir a la gente en cada lugar en el que se sentaba a descansar. Los minutos pasaban y el tiempo parecía ir en cámara lenta. La tranquilidad le era proporcionada por el canto de las aves y el viento al tocar las hojas de los grandes árboles de la ciudad.

Habían varios puestos de comida, otros de globos, unos cuantos de flores y muchos restaurantes acogedores a su alrededor.

Niños jugando... había niños jugando. Alicia será fría, pero había algo que la hacía sonreír, al menos un instante, al ver a los niños jugar con tranquilidad, hablar sin trabas y con honestidad. Amaba a los niños. Esa alegría que, con una sola sonrisa, se contagiaba.

"Los niños siempre son los mejores. Honestos con sus sentimientos, inocentes y esbozantes de felicidad. A veces los envidio. Son más libres que los adolescentes y los adultos y no se dan tanta vuelta para un asunto... ser niño es lo mejor.", se dijo para si misma.

En eso llegaron dos niñas pequeñas, con una sonrisa de aquí hasta China, y se pusieron frente a ella.

- Oye... - Dijo la niña más alta, por centímetros. - ¿Cómo te llamas?
- ¿Yo? - Preguntó ella. - Soy Alicia.
- ¡Hola! - Dijo la primera y más 'valiente' de ellas. - Yo me llamo Melida.
- ¿Y tú cómo te llamas? - Le dijo a la segunda y más tímida de la niñas, mostrándole una pequeña sonrisa.
- Yo... eh...
- Su nombre es Selene. Es mi manita.
- ¿Tú qué? - Dijo Alicia.
- Mi manita.
- ¿Tú manita?
- No, no. Mi manita. - Decía, "Melida".
- ¿Tú hermanita? - Preguntó, comprendiendo mejor.
- Si. - Dijo muy tierna, la niña.
- ¿Podemos jugar contigo? - Dijo Melida.
- ¿Y qué quieren jugar? - Dijo Alicia.
- ¿Podemos jugar con tu pelo? ¡Es muy bonito!
- Claro. - Dijo Alicia.

Las dos niñitas empezaron a hacerle una trenza a Alicia y tardaron así unos minutos.

- ¡Listo! - Dijo Melida.

- ¡Melida! ¡Selene! ¡Ya nos vamos! - Se oyó la voz de una mujer.
- ¡Voy, mami! - Dijo Melida, y se fue corriendo mientras se despedía con la mano, de Alicia.

- ¡Te lo regalo! - Habló por primera vez Selene, entregándole un sombrerito blanco con unas florecitas rosas y celestes. - Adiós.
- Adiós... - Dijo ella, poniéndose el sombrero que le dio Selene.

Se paró de ahí y se fue a la Torre Eiffel. Estuvo frente a esta todo el tiempo, así que entró para observar mejor la ciudad y desde las alturas.

"Estoy perdida en la Torre Eiffel... ", dijo en un susurro, mientras subía para tener una mejor vista y se ponía en su cara una sonrisa de milisegundos por la acción de la niña llamada Selene. Ahora tenía un sombrero y una trenza... y una sonrisa sincera.


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