Bonus 5- "The mortal Instruments, City of Ashes"

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Cassandra Clare, Cazadores de sombras, Ciudad de Ceniza

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-Sé que no dejaré a mi hermana en su corte -contestó Jace- y puesto que no hay nada que averiguar ni de ella ni de mí, ¿quizá nos harías el favor de liberarla?

La reina sonrió. Era una sonrisa hermosa y terrible. La reina era una mujer bella; tenía la belleza inhumana de las hadas, más parecida a la belleza del duro cristal que a la belleza de un humano. La reina no aparentaba ninguna edad en particular: podría tener dieciséis o cuarenta y cinco años. Jace supuso que algunos la habrían encontrado atractiva -algunas personas habían muerto por el amor de la reina-, pero a él le provocaba una fría sensación en el pecho, como si hubiese tragado agua helada demasiado rápido.

-¿Y si les dijera que puede ser liberada mediante un beso?

Fue Clary quien replicó, perpleja.

-¿Quieres que Jace te bese?

Cuando la reina y la corte se rieron, la sensación de frío en el pecho de Jace se intensificó. Clary no entendía a las hadas, pensó. Él había intentado explicárselo, pero en realidad no había ninguna explicación. Lo que la reina quería de ellos no era un beso de él; podría haberlo pedido sin todo este espectáculo estúpido. Lo que ella quería era verles atrapados y luchando como mariposas. La inmortalidad te hacía eso, había pensado él a menudo: embotaba tus sentidos, tus emociones; las fuertes, incontrolables y lastimosas reacciones de los seres humanos eran para las hadas como la sangre fresca para un vampiro. Algo vivo. Algo que ellos no tenían por sí mismos.

-A pesar de los encantos del joven -dijo La reina, dirigiendo una veloz mirada a Jace; sus ojos eran verdes como los de Clary pero en absoluto como los de Clary-, ese beso no liberaría a la muchacha.

-Podría besar a Meliorn -sugirió Isabelle, encogiéndose de hombros.

La reina negó con la cabeza lentamente.

-No. A nadie de mi corte.

Isabelle alzó las manos; Jace quiso preguntarle qué esperaba: no le habría importado besar a Meliorn, así que obviamente a la reina no le interesaría. Había sido un ofrecimiento noble pero Iz, al menos, debería conocerles mejor. Ella había tratado con las hadas antes.

Tal vez no era sólo saber la manera en la que Pueblo Mágico pensaba, se dijo Jace. Tal vez había que ser cruel para saber que la gente disfrutaba la crueldad. Isabelle era desconsiderada, y algunas veces vanidosa, pero no era cruel. Ella se echó el pelo hacia atrás y frunció el ceño.

-No pienso besar a ninguno de los tres -declaró firmemente-. Que quede claro.

-Ni falta que hace -dijo Simon, dando un paso-. Si un beso es todo...

Avanzó hacia Clary, quien no se apartó. El hielo del pecho de Jace se convirtió en fuego líquido; apretó las manos contra su cuerpo cuando Simon tomó dulcemente a Clary por los brazos y miró su cara. Ella apoyó sus manos en la cintura de Simon, como si lo hubiese hecho un millón de veces antes. Quizá lo había hecho, por lo que él sabía. Sabía que Simon la amaba, lo había sabido desde que los vio juntos en esa estúpida cafetería, el chico prácticamente atragantado intentando sacar de su boca las palabras "Te quiero" mientras que Clary miraba a su alrededor, nerviosa, sus ojos verdes moviéndose en todas las direcciones.

Ella no está interesada en ti, mundano, había pensado él con satisfacción. Piérdete. Y entonces su pensamiento le había sorprendido. ¿Qué más le daba a él esta chica que apenas conocía?

Mi Chica De Inter-CambioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora