Mi propiedad.

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Uno mas en el equipo.

El origen de todo.

Capítulo 3: Mi propiedad.



Está solo.

Sólo, como la soledad mas oscura y solitaria. En silencio, respira, parpadea, está vivo, pero con la mente lejos de ahí.

Lleva días encerrado en la buhardilla del orfanato que ha sido su hogar en la niñez.

Sin comer, sin dormir, sin moverse.

El pingüino de plástico da vueltas en su mano, una y otra vez, a un lado y al otro.

Piensa, es lo único que ha hecho todo el tiempo, darle vueltas y mas vueltas a todo. Tiene la mano derecha con los nudillos hinchados, de los golpes que ha propinado con ella a la tierna carne de su precioso novio.

Iba a dejarle.

A marcharse.

Por un tiempo, le había dicho, para pensárselo mejor.

¿Pensarse mejor, el qué?.

Tetsu no tenía nada, salvo él.

Sus padres le habían echado a la calle.

No tenía amigos, ni metas, ni sueños, ni sentimientos... solo a él.

Y se iba, ¿A dónde?, y ¿Con quien?.

Apretó la mandíbula, furioso. Seguía sin entender nada.

Pensando se dio cuenta de que al principio no era así.

Kuroko le sonreía todo el tiempo, ¿Cuando había dejado de hacerlo?.

No conseguía recordar en que momento de su relación había dejado de querer salir con él a la calle, o al cine, o a cenar fuera.

No recordaba la última vez que Tetsu le pidió un beso, o le agarró de la mano para caminar tomados de ellas. ¿Era de eso de lo que quería pensar con calma lejos de él?.

Levantó la mano, poniendo atención en sus nudillos hinchados. Le había dado realmente fuerte... jamás pensó que sería capaz de hacerlo, de decirle que le dejaba... no podía hacerlo, no...

Daiki levantó la vista y frunció el ceño.

Se dio cuenta de que últimamente sus frases comenzaban siempre con un "no".

No necesito pasarte el balón, puedo encestar por mi cuenta.

No hace falta que esperes fuera, vete sin mi.

No recuerdo haberte dicho que hablaras.

No te necesito.

No hables.

No me mires.

No, no, no...

Y él no era el único, el resto del equipo había dejado también de contar con él en los partidos. En las salidas... en la vida. Tetsuya estaba solo, mucho mas que solo.

Levantó la mano para acercar el pingüino a sus ojos.

Aún así...

¿Por qué no le había pedido ayuda?.  –No hables.

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