Una nueva realidad

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Uno mas en el equipo. El origen de todo.

Capítulo 2: Una nueva realidad.


Tomó aire con fuerza antes de bajarse del tren. Apenas una pequeña mochila con sus cosas y poco mas era su equipaje.

Esperó en el andén hasta que el tren se alejó lo suficiente como para ser una pequeña mancha en el lejano horizonte y se quedó ahí, de pie, en mitad de la nada.

Campo por todas partes, nada mas. Se giró para mirar el único cartel con un mapa de la zona y miró la dirección que debía tomar. Siempre había ido a casa de su abuela en coche, con sus padres, esta era la primera vez que iba solo.

Kuroko sacó el teléfono y miró la cobertura. Tal y como le había aconsejado el revisor, si quería llamar el único sitio en toda la región era el anden, y un pequeño establecimiento de comida en un lado de la montaña, que contaba con el único teléfono fijo.

Marcó el número de Akashi y cruzó los dedos mentalmente para que funcionara.

–Ya he llegado. –dijo en voz alta. –¿Me escuchas?.

–Sí, como si estuvieras lejos, pero sí. –El pelirrojo dibujó una sonrisa al escuchar su voz. –Tetsu, si me necesitas estaré ahí en un suspiro.

–Lo sé, gracias. –Caminó unos pasos siguiendo el borde del suelo de madera, un cuadrado que hacía la función de recogida de pasajeros. El sol le dió en la cara, haciéndole levantar la otra mano para cubrirse los ojos. – Estaré bien, tranquilo. Te llamaré la semana que viene.

–Cuidate mucho, en serio. –Preocupado esperó la respuesta afirmativa y se despidió. –Estoy aquí, no lo olvides. Llámame para lo que sea.

–Claro que sí. Te llamaré, intentaré mandarte mensajes, aunque no hay mucha cobertura, o mejor, te escribiré. – El sonido de un motor pedorreando le hizo girarse sobre los talones buscándolo. –Creo que vienen a buscarme... Hablamos, ¿Ok?.

Mientras el punto en el horizonte se acercaba a él levantando una polvareda, apagó el móvil y lo guardó.

Era lo mejor, tanto para él como para Akashi. El pelirrojo había detenido su vida para cuidarle, y no podía consentir eso. Aunque le había repetido una y mil veces que la amistad era eso, Kuroko necesitaba alejarse de ahí.

Los tres días que pasó en el hospital, Akashi no se separó de su lado, ni un solo minuto. Después, cuando le dieron el alta, le instaló en su cuarto, y se ocupó de todo lo que Tetsu pudiera necesitar.

Los fantasmas de la agresión le asaltaban cada noche, despertándole entre gritos desgarradores y llantos inconsolable, y su amigo permanecía en el cuarto, solo mirándole, susurrándole palabras de apoyo, haciéndole ver que estaba ahí con él.

Kuroko tenía un pánico visceral al contacto, de cualquier tipo.

La veces que Akashi le rozaba sin querer, o que intentaba abrazarlo, terminaban con un ataque de pánico que le robaba el aliento hasta dejarle inconsciente.

Las curas se las hacía él mismo, exceptuando los puntos en su costado, para el que la enfermera tuvo que dormirle, por que no podían tocarle sin que se pusiera a temblar, aterrado.

A los diez días, los morados en su piel ya eran de un color indefinido entre el verde, amarillo y morado. Su labio y ojo se habían deshinchado, aunque la parte blanca del mismo seguía con un aspecto sanguinolento, igual que el corte del labio, que era una línea roja perfecta.

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