Los días siguientes al viaje las cosas seguían como siempre en casa. Mi padre estaba al igual que yo de vacaciones, pero tenía que corregir deberes y cosas por el estilo por lo que pasaba la mayor parte del tiempo en el salón con su ordenador y las gafas de ver puestas. Algunas noches seguía empeñándose en hacer él la cena, sobre todo cuando venía Aitana a casa, aunque ninguna de las dos se atrevía a reprocharle nada de sus comidas. El día de Navidad, cogí las bolsitas de papel dónde estaban las baratijas que había comprado en Londres para dárselas a sus respectivos dueños y saqué también la tarjeta de contacto que me había dado mi madre para dejarla en la mesita de noche. Cuando saqué de la bolsita mi pulsera rosa y la pulsera azul de Mark, no pude evitar la sensación de vacío que se apoderó de mi cuerpo. Le echaba de menos y tenía que reconocer que ya apenas estaba enfadada por lo de Susana, pesaban más las ganas que tenía de estar con él que la rabia, pero estaba empezando a asimilar que ya no había nada que hacer. Con las pulseras en la mano me senté en el borde de la cama y empecé a sollozar, consumida por la tristeza, la añoranza y el dolor que todavía recorría mi cuerpo a causa de los estragos de mi accidente. Habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo y eso me estaba pasando factura. De pronto alguien llamó a la puerta y me sequé rápidamente las lágrimas con el dorso de la mano e intente hablar lo más firmemente que pude. Mi padre se asomó por detrás de la puerta para ver cómo me encontraba y entró con una revista y un tazón con leche caliente. Se sentó a mi lado y me tendió el vaso. Aunque intentaba disimularlo se notaba que estaba preocupado por mí, y algunas noches le había escuchado abrir unos centímetros la puerta para comprobar que todo fuera bien. No habíamos hablado nada del viaje, ni si quiera sobre las excursiones y mucho menos sabía que había estado con mi madre pero me daba la sensación de que ese silencio iba a llegar pronto a su fin.
- Esas pulseras son muy bonitas.- Dijo señalándolas mientras se sentaba a mi lado.- ¿Te las compraste en Londres?
- Sí.- Contesté asintiendo.- También traje una cosa para ti.
Supuse que mi padre había notado que no me apetecía seguir hablando acerca de las pulseras por lo que cambió de tema y me tendió la revista que traía en la mano.
- Ayer la cogí del buzón. Es una revista con fotos del viaje y con resúmenes de las salidas que hicisteis y cosas así. Pensé que querrías verlo.
Le sonreí y la cogí de sus manos, leyendo el título y mirando la portada. Era una revista mensual que el Magistral mandaba a los alumnos a sus casas para contar momentos del mes o para anunciar algún evento del mes siguiente. Obviamente este mes la mayor parte de la revista estaba dedicada al viaje. Pasé la primera página y ahí estaba, nuestra foto de grupo en los acantilados de Dover. Me busqué entre las caras conocidas pero sabía de sobra dónde estaba, al igual que sabía de sobra con quién estaba. Me encontré, en una punta de la gran piña que habíamos formado, con Mark al lado rodeándome cuidadosamente con un brazo para que nadie se diera cuenta y así fue. Solo yo sabía que su mano estaba apoyada en mi cintura y que sus dedos estaban dibujando círculos que, a pesar de llevar tantísima ropa, me rozaban y me quemaban la piel. Sonreí levemente al vernos pero otra vez me inundó esa sensación. Estaba harta.
- Salís todos muy bien en esa foto, Elena.- Confirmó mi padre.- ¿Los acantilados de Dover?
- Sí.- Pude responder sin apartar la vista de la foto.
- Un sitio muy bonito. Un buen fondo para hacer una foto así. Mírate.- Dijo mientras cogía de nuevo la revista de mis manos y se la acercaba un poco a la cara para verla mejor.- Se te ve tan despreocupada y feliz.
Solo entonces levanté la vista de mis manos vacías, que se encontraban en mi regazo, y contemplé el rostro de mi padre. Quizás estaba más preocupado de lo que me imaginaba y eso era decir mucho. En su rostro se veían ojeras y cansancio, y me dolía ser la culpable de que mi padre se encontrara así. Entonces entendí que le debía una explicación de por qué había estado esos días con un estado anímico tan deprimente. Debería contárselo todo.
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Nos conocemos de memoria
RomanceNos conocemos de memoria cuenta la historia de Elena y su nueva vida como estudiante en el prestigioso Instituto Universitario Magistral. Allí conocerá a gente nueva que dejará huella en ella irremediablemente y se reencontrará con gente del pasado...
